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«Little Women» (Greta Gerwig, 2019). El poder de las mujercitas

Mujercita es el diminutivo de mujer, una mujer pequeña. ¿Es menos que una mujer o un proyecto de mujer? Esta pregunta ha venido sosteniendo la popularidad de la novela homónima debida a otra mujer, Louise May Alcott. Ambientada a mediados del siglo XIX en un medio provinciano de los Estados Unidos en guerra civil, conserva su atractivo novelesco a pesar de las cambiantes condiciones sociales que han desfilado por estas centurias. La prueba es que el cine ha recurrido a ella con cierta regularidad hasta llegar al filme de Greta Gerwig. Es una obra de toda excelencia pero no haré su crítica como tal. Apenas apunto el acierto de haber evitado una relectura militantemente feminista, fácil y estéril, que habrá estropeado la fábula. Parafraseando a Juan Ramón: no la toques ya más, que así es la cosa.

En efecto, el mundo de estas mujercitas –y el de estos varoncitos– es el de la mujer como esposa y madre. Fuera de él, hay vagas vocaciones como el arte y el viaje, que alcanzan la mera anécdota. Un personaje marginal lo resume: esa tía lujosa, elegante, solterona, fóbica a todo contacto corporal y cuya constante ambición es ir a París para pasearse en coche por el Bois de Boulogne con un suntuoso atuendo francés recién comprado. En este marco, el retrato de la mujercita en trance de ser mujer es el de un paradigma de encierro y dependencia. De ambas condiciones surgen su seguridad y su felicidad. Aparentemente, la mujer honesta tiene resuelta su vida desde la infancia gracias a la figura de su madre, que reiteró la de su abuela y etcétera. Si se aviene a ser una mujercita, llegará a ser una mujer.

¿Es realmente este paradigma el de la mujer como desapoderada frente al varón que hace la guerra, el trabajo, la política, en fin: la historia? ¿No tienen ningún poder propio estas mujercitas? La novela anglosajona, especialmente la debida a escritoras, se ha planteado el problema. Cito: Jane Austen, George Eliot (pseudónimo masculino de una mujer), las hermanas Brontë, Virginia Woolf.

Alcott centra sus historias en un par de tareas para la mujer que prueban la existencia de un poder femenino: elegir y escribir. Se sintetizan en el personaje de Jo, admirablemente interpretado aquí por Saoirse Roman. En efecto, son las mujercitas las que seleccionan, escogen y rechazan a sus novios, a sus hombres. Estos hombrecitos desfilan en orden y soportan la mirada mujeril. Es la que los dotará de identidad masculina, serán lo que ellas desean y determinan. Si no te miro, no existes, dicen ellas. A la vez, Jo es quien escribe la novela de Alcott y la va narrando a medida que la vamos viendo, en un doble juego de puesta en abismo que es, acaso, el más sutil hallazgo de Gerwig. De tal modo, el varón resulta ser lo que la mujer cuenta de él y, en esta medida, es él quien depende de ella. Es su obra. No está de más recordar que la mujer posee el monopolio de la maternidad. Es madre, matriz, marca y conformación. Lo es tanto en lo físico como en lo simbólico. Que lo diga este texto de la mujercita que se hizo mujer contando la historia de su poder como mujercita. Una más, una menos.

Sinopsis

La guionista y directora Greta Gerwig (Lady Bird) ha creado una versión de Mujercitas que se inspira tanto en la novela clásica como en los escritos de Louisa May Alcott, y se desarrolla mientras el alter ego de la autora, Jo March, reflexiona sobre su vida. En la versión de Gerwig, la adorada historia de las hermanas March -cuatro jóvenes determinadas a vivir la vida bajo sus propias reglas- llega en el momento más oportuno. En los papeles de Jo, Meg, Amy y Beth March encontramos a Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh y Eliza Scanlen, con Timothée Chalamet como su vecino Laurie, Laura Dern como Marmee y Meryl Streep como la Tía March.

Mujercitas (1868) de Louisa May Alcott se ha versionado de miles de formas distintas a través de diversos países y periodos radicalmente diferentes. Es un libro que representa de forma implacable lo duro que es el mundo con las mujeres ambiciosas, aunque también ofrece un consuelo: esa ambición -una vibrante vida interior que rompe las cadenas del mundo- es la propia recompensa. Es un libro con el que nos topamos por primera vez de niños, cuando el mundo de posibilidades es infinito y no hay nada que nos pueda contener; al que volvemos como jóvenes adultos, cuando los límites de la edad adulta y la sociedad nos empiezan a dar forma; y volvemos a él una vez más, como lectores adultos, con la agridulce nostalgia de saber lo que significa ser joven y valiente, unida al placer de ver una nueva generación arriesgándose. El poder del libro reside en su particular llamada a la lucha contra las múltiples contradictorias de la vida: en la familia, el arte, el dinero, el amor, la libertad y la esperanza de ser cien por cien quien realmente quieres ser, creando tu propia historia.

Es esa idea personal y viva de Mujercitas la que la directora Greta Gerwig quería llevar a la pantalla. Gerwig abordó el material con la determinación de capturar la naturaleza épica de lo que Alcott creó, pero también con la honesta intimidad emocional que trae a los personajes a la vida. Gerwig pone su sello personal de la misma forma que cada lector aporta su propia interpretación y significado de la historia. La novela se publicó originalmente en dos tomos, el primero centrado en la feliz niñez de las hermanas March, y el segundo que relata la cruda realidad de la edad adulta. Gerwig desmonta la novela, alternando entra las dos mitades, siendo la historia de determinación de Jo el nexo de unión natural entre las partes. La película sumerge al espectador en los recuerdos, momentos, accidentes del destino y actos de voluntad que definen a las hermanas March -la desafiante escritora independiente Jo; la protectora y honrada aspirante a actriz Meg; la frágil y generosa música Beth; y la inteligente aspirante a pintora Amy- y las llevarán a convertirse en complejas adultas, cada una diferente pero unidas por una inquebrantable sororidad.

La imagen que emerge es la de cuatro mujeres reflexionando con afecto sobre cómo se han convertido en quienes son. También es un mundo en el que el día a día de las mujeres realmente importa, sus descubrimientos, sus sacrificios y enfados, sus finanzas, sus preocupaciones artísticas y domésticas. ¿Qué significa tomar el control de tu vida cuando todo lo que ocurre, desde una grieta en el hielo a una carta fuera de tiempo, se escapan de tu control? ¿Y que significa eso para cuatro hermanas con cuatro sueños divergentes?

Gerwig leyó Mujercitas tantas veces de pequeña que no se acuerda de la primera vez. Al igual que muchas compañeras escritoras y artistas, sintió tal profunda identificación con Jo March -una inadaptada que intenta ser escritora mientras lucha por convertirse en la mujer que quiere ser- que pasó de ser un personaje inventado a un carismático mentor. Era una chica que sabía lo que quería. Ser más libre. Quería crear. Trascender todo aquello que le estaba prohibido y aún así entregarse íntegramente a sus seres queridos. En parte, esa es la razón por la que Gerwig quería introducir al espectador en el mundo de Jo de la forma más visceral posible, por sus oscilaciones emocionales y sus dinámicas personales.

«Mujercitas ha formado parte de quién soy desde que tengo recuerdos» confiesa Gerwig. «No recuerdo un tiempo en el que no supiese quién era Jo March, y siempre ha sido mi chica, la persona que quería ser y la que esperaba ser».

«Cada vez que leía el libro se convertía en algo distinto» observa Gerwig. «Lo conocí en la comodidad de la infancia, y a medida que crecía se hacían evidentes partes distintas. Cuando empecé a escribir el guion, la parte que destacó claramente fue lo conmovedoras y fascinantes que eran las vidas de las hermanas de adultas, intentando averiguar cómo honrar su valiente juventud como personas mayores».

Gerwig investigó mucho, leyendo todas las cartas y papeles de Alcott, con la idea de rescatar aspectos de su vida real que dotasen a su adaptación un toque moderno auténtico. Por ejemplo, Alcott escribió en la vida real: «Tuve muchas dificultades, así que ahora escribo historias felices»; en la película, Marmee dice: «Estoy enfadada casi todos los días de mi vida».

Aunque Gerwig no es la única que se ha inspirado en Mujercitas. La difunta maestra de la fantasía, Ursula K. Le Guin dijo de Alcott que era «tan cercana como una hermana». La novelista Erica Jong dijo que Mujercitas le despertó la certeza de que «las mujeres pueden ser escritoras, intelectuales, y aun así tener vidas personales ricas». Las heroínas de la obra maestra de Elena Ferrante, La amiga estupenda, hacen migas gracias a una copia del libro de Alcott, jurando escribir uno propio. La poeta Gail Mazur agradeció que Alcott ayudase a las escritoras a «vivir con el conflicto entre la necesidad de soledad y ensimismamiento del escritor y la necesidad del calor del amor, sabiendo que no estamos solas». La creadora de Harry Potter, J. K. Rowling, dijo sobre Jo March: «Es difícil ignorar la intención que tenía con una chica corriente llamada Jo, que tenía un fuerte temperamento y la ambición férrea de convertirse en escritora».

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")