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Crítica: «Sombras tenebrosas» («Dark Shadows», Tim Burton, 2012)

Dark Shadows (1966-1971) ha fascinado a Tim Burton desde su juventud. Casi tanto como a Johnny Depp, quien cuenta que una de sus obsesiones infantiles era el personaje protagonista de aquella teleserie, el vampiro Barnabas Collins. He aquí dos buenas razones que justifican el estreno de este irregular remake que ahora llega a las pantallas cargado de giros melodramáticos, momentos de humor y criaturas de pesadilla.

Como no podía ser menos, Sombras Tenebrosas (Dark Shadows) luce un magnífico diseño de producción, y su reparto está lleno de talento y carisma. Pero les pasa a los remakes lo mismo que a cualquier otra película: no bastan el empaque de un decorado, el tirón de una franquicia o el encanto de un actor para ganarse el corazón del público. Además de todo eso, hace falta una buena historia. En concreto, una de ésas que merecen ser contadas una y otra vez.
Sombras Tenebrosas es impecable a nivel técnico (no esperábamos menos), pero su mezcla de géneros no termina de funcionar. Como drama familiar es dispersa y en su faceta cómica, pese a algunos hallazgos aislados, resulta de lo más irritante. Si a ello le sumamos homenajes a Edward Gorey y a Charles Addamsslapstick a lo Bitelchús, excesos románticos propios de la era victoriana, referencias a iconos de los setenta como los Carpenters o Scooby-Doo, y conflictos propios de una soap opera, la indigestión está casi asegurada.
A la cofradía burtonesca le agradará reencontrar la imaginería gótica del realizador. Al resto del público, probablemente le cueste simpatizar con este desordenado cajón de sastre, sobre todo en países como el nuestro, donde Dark Shadows es una teleserie desconocida y la película va a ser juzgada sin el apoyo de la nostalgia.

Bajo la dirección de Burton, Johnny Depp cumple por fin su sueño de encarnar a Barnabas Collins, un tipo mujeriego y de amplios recursos que comete el error de seducir a una bruja, Angelique Bouchard (Eva Green).

Vengativa como solo ella puede serlo, la hechicera lanza una maldición contra Collins, y éste se convierte en vampiro justo cuando había descubierto el verdadero amor.

El condenado regresa al mundo de los vivos en 1972, pero cuando Barnabas comprueba lo que ha sido de su mansión –Collinwood Manor– y de su linaje, ya es demasiado tarde para el arrepentimiento.

El guión de la película, iniciado por John August y completado por Seth Grahame-Smith, muestra respeto por los personajes de la teleserie original: Elizabeth Collins Stoddard, la matriarca de los Collins (Michelle Pfeiffer), sus hijos Roger Collins (Jonny Lee Miller) y la rebelde Carolyn Stoddard (Chloë Moretz), su nieto David Collins (Gulliver McGrath), la psiquiatra Julia Hoffman (Helena Bonham Carter), el mayordomo Willie Loomis (Jackie Earle Haley) y la hermosa institutriz Victoria Winters (Bella Heathcote).

¿Pero qué es Dark Shadows y qué significa para el telespectador anglosajón?

Hablamos de un longevo serial que fue emitido entre el 27 de junio de 1966 y el 2 de abril de 1971. En principio, Dark Shadows podría definirse como un melodrama gótico: un genuino culebrón destinado al auditorio femenino, en el que los elementos sobrenaturales no parecían, en principio, la verdadera baza de su éxito.

Creado por Dan Curtis y escrito por el equipo del guionista Art Wallace, el show llegó a su apogeo cuando entró en liza el vampiro Barnabas Collins (Jonathan Frid). A partir de ese giro revolucionario, el aficionado al género fantástico pudo encontrar en Dark Shadows todo tipo de sorpresas y personajes arquetípicos, desde hechiceros hasta hombres lobo, pasando por viajes en el tiempo y universos paralelos.

Cuando afrontaron la segunda temporada, los colaboradores de Curtis y Wallas –Malcolm MarmorsteinSam Hall, Gordon Russell Violet Welles, entre otros– trasladaron a los guiones ese efecto que los guionistas llaman Jumping the shark (Saltar sobre el tiburón), y que consiste en introducir sucesos tan extraordinarios como inesperados, de esos que atraen el interés de la audiencia por vías nada convencionales.

«Uno ponía Dark Shadows todas las tardes –cuenta Stephen King en Danza macabra– convencido de que la serie no podía volverse más disparatada… pero de algún modo lo conseguían. Llegado cierto punto, todo el reparto viajó en el tiempo al siglo XVII para vestirse con miriñaques durante seis semanas. Barnabas tenía un primo hombre lobo. Otra prima era una combinación de bruja y súcubo (…) Los actores y actrices que mueren recogen su último cheque y vuelven a buscar trabajo. En Dark Shadows esto no era así. Los muertos sencillamente regresaban como fantasmas».

El propio Dan Curtis contó en más de una oportunidad que la idea de la serie se le había ocurrido en 1965, cuando soñó con una joven misteriosa a bordo de un tren. En el guión, ese personaje onírico se convirtió en Victoria Winters, la huérfana que llega a la ciudad de Collinsport, en Maine, para resolver los enigmas de su pasado.

La estrella Joan Bennett fue contratada para encarnar a la dama que recibe a Victoria, Elizabeth Collins Stoddard, alrededor de la cual fueron sumándose los integrantes de una familia tan oscura como disfuncional.

Con una progresión diaria, los episodios fueron evolucionando, y los habitantes de la mansión Colllinwood empezaron a hablar de espectros y de siniestras maldiciones que solo se revelan a medianoche. Fue así como este alarde televisivo de 1.225 capítulos acabó convertido en un desbordante panteón de criaturas góticas.

Desde su cancelación, la serie ha sido repuesta en innumerables ocasiones, e incluso llegó a rodarse un remake de escaso éxito en 1991.

Entre los intérpretes más conocidos que pasaron por la serie entre 1966 y 1991, figuran Jean Simmons, Jonathan Frid, Roger Davis, Kathryn Leigh Scott, David Selby, Grayson Hall, Kate Jackson, Lara Parker, Roy Thinnes, Lysette Anthony, Barbara Steele y un jovencísimo Joseph Gordon-Levitt.

Del éxito de la franquicia derivan numerosos productos derivados: juegos de mesa, puzzles, cómics, dos largometrajes –House of Dark Shadows (1970) y Night of Dark Shadows (1971)– novelas, audiolibros… En fin, casi sorprende que Hollywood haya tardado tantos años en admitir que Dark Shadows merecía una superproducción destinada a la gran pantalla.

Sinopsis

En el año 1752, Joshua y Naomi Collins, con su joven hijo Barnabas, zarpan de Liverpool, Inglaterra, para iniciar una nueva vida en América. Pero incluso un océano tan vasto no es suficiente para escapar a la misteriosa maldición que ha supuesto una plaga para su familia.

Pasan dos décadas y Barnabas (Johnny Depp) tiene el mundo a sus pies, o por lo menos la ciudad de Collinsport, Maine. Barnabas es rico, poderoso, el dueño de Collinwood Manor, e un inveterado playboy… hasta que comete el grave error de romper el corazón de Angelique Bouchard (Eva Green).

Angelique, que es una bruja en todos los sentidos de la palabra, le condena a un destino peor que la muerte: le convierte en un vampiro y después le entierra vivo.

Dos siglos más tarde, Barnabas es liberado inadvertidamente de su tumba y emerge en el muy cambiado mundo de 1972. Vuelve a Collinwood Manor para descubrir que sus grandes fincas están en ruinas. Los restos disfuncionales de la familia Collins no han quedado mejor parados y cada uno de ellos esconde oscuros secretos.

La matriarca Elizabeth Collins Stoddard (Michelle Pfeiffer) ha convocado a la psiquiatra residente, la Dra. Julia Hoffman (Helena Bonham Carter), para que la ayude con los problemas que aquejan a su familia.

También residen en el feudo el inútil hermano de Elizabeth, Roger Collins (Jonny Lee Miller); su rebelde hija adolescente Carolyn Stoddard (Chloe Moretz); y el precoz hijo de 10 años de Roger, David Collins (Gulliver McGrath).

El misterio se extiende más allá de la familia, hasta el conserje Willie Loomis, representado por Jackie Earle Haley, y la nueva niñera David, Victoria Winters, representada por Bella Heathcote.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de la sinopsis e imágenes © 2011 Warner Bros. Cortesía de Warner Bros Pictures International España. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.