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Crítica: ‘Rivales’ (‘Challengers’ 2024)

Gotas de sudor resbalan a cámara lenta por la nariz de un exhausto deportista, mientras una atronadora música electrónica pone el contrapunto y marca el verdadero ritmo cardiaco de lo que está por acontecer.

La final de un torneo de tenis va a ser el eje dramático de una contienda en la que está en liza algo más que un trofeo y unos miles de dólares: la amistad. Sí, de esto básicamente trata esta película -una vez más-, empleando el deporte como tablero de juego para poner en disputa fidelidades, amores, y desafíos existenciales. Pero no, no es una historia de superación en la que alguien se redime o se supera a través del deporte, sino más bien lo contrario. Esta vez el ego, la fama y la ambición están poniendo en jaque la lealtad y la cordura de nuestros protagonistas.

Art (Mike Faist) y Patrick (Josh O’Connor) son dos jóvenes promesas del tenis y unos indisociables amigos, hasta que se cruza en sus vidas la seductora Tashi (Zendaya), otra tenista camino del estrellato, que alterará la relación entre los chicos provocando un cisma cuyas nefastas consecuencias se prolongarán en el tiempo, condicionando la carrera de ambos.

Rivales es una irregular y zigzagueante atracción de feria, un entretenido drama sobre un triángulo amoroso, una película que a ratos se toma demasiado en serio a sí misma, y que se estructura entre idas y vueltas a distintos pasados temporales en los que se va reconstruyendo el puzzle de ese partido final que se nos presenta lleno de incógnitas y cartas por descubrir.

Y voy a matizar el término “triángulo amoroso”, y es que, como recomendaría cualquier psicoterapeuta diplomado, las relaciones tóxicas no hay que tratar de entenderlas y menos aún de experimentarlas, simplemente hay que huir de ellas. El cine “romántico” de Hollywood sigue cayendo en el deplorable vicio de normalizar las conductas abusivas narcisistas, la manipulación y el maltrato emocional, del mismo modo que en décadas pasadas se mostró machista y racista sin decoro ni atisbo de responsabilidad alguna.

Pese a todo, los mejores momentos llegan cuando, a raquetazo limpio, y con la plasticidad de un videoclip, la música electrónica de Trent Reznor arranca en un sprint vertiginoso y convierte eventualmente la película en una performance inmersiva, con la cancha de tenis como pista de baile y el sonido «House» como el repertorio del DJ de turno. Elasticidad, sudor y ansiedad, vuelan y rebotan en esos momentos por la pantalla al ritmo de una pequeña pelota amarilla que no deja de ser devuelta al contrincante, como la falsa moneda que nadie se quiere quedar.

Cuando el cine estadounidense emplea la épica del deporte para elaborar un drama, suele utilizar el fútbol americano, el baloncesto, o el beisbol, principalmente, disciplinas en las que dominan y de las que poco puede opinar el espectador medio europeo. Pero en materia de tenis nos pillan con el ojo demasiado acostumbrado al caviar como para colarnos a dos amateurs haciendo las veces de profesionales, pues, como se decía hasta no hace mucho de Roland Garros, “es un torneo en el que cien tenistas se disputan un puesto en la final para perderla contra Rafa Nadal”. Que, si bien está filmado y resuelto con solvencia y ritmo, sentarse en el cine a ver interminables peloteos de “tenis ficción” resulta tan apasionante como un duelo entre cuñados jugándose las cervezas de después.

Cine de vocación indie-pija, que juega a exhibirse en Sundance sin salir de su piscina en Beverly Hills. La película explota el tema recurrente de “looser vs winner”, aunque no termine de quedar bien definido quién pierde qué, o quien pierde más, ya que quien parece empezar ganando juegos y sets, pronto se puede ver -al igual que en la vida misma y sin saber cómo-, contra las cuerdas de un temido match point.

Rivales no es un mal pasatiempo. Regala algunos momentos vistosos, peca de un metraje en exceso extenso, y hace malabares para ofrecer un espectáculo con cierta intriga que acaba implicando al espectador. No es el partido de nuestras vidas, pero al menos está disputado hasta el último punto del tie break.

Sinopsis

Tashi Duncan, una antigua estrella del tenis convertida en entrenadora. Tashi es además una fuerza de la naturaleza que no pide disculpas ni dentro ni fuera de la pista. Casada con un campeón que atraviesa una racha de derrotas (Mike Faist), la estrategia de Tashi para la redención de su marido da un giro sorprendente ya que éste deberá enfrentarse al fracasado Patrick (Josh O’Connor), su antiguo mejor amigo y ex novio de Tashi. Mientras sus pasados y sus presentes chocan y las tensiones van en aumento, Tashi tendrá que hacerse la siguiente pregunta: ¿cuánto va a costar ganar?

Copyright del artículo © Fernando Mircala. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Pascal Pictures, United Artists Releasing, Warner Bros Pictures. Reservados todos los derechos.

Fernando Mircala

Artista, escritor, traductor y fotógrafo. Premio Lazarillo en el año 2000. Entre otros libros, es autor de 'Ciudad Monstrualia' (2001), 'El acertijo de Varpul' (2002), 'Eclipse en Malasaña. Una zarzuela negra' (2010), 'Lóbrego romance, pálido fantasma' (2010), 'Compostela iconográfica' (2012), 'Pentagonía' (2012), 'En un lugar de Malvadia' (2016; ilustrado por Perrilla), 'Pánico en el Bosque de los Corazones Marchitos' (2019), 'Versos para musas y cuatro cuentos de Edgar Allan Poe' (2019) y 'Concéntrico' (2022).