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Crítica: ‘Oppenheimer’ (Christopher Nolan, 2023)

La brillantez se ha convertido en una costumbre para Christopher Nolan. Con su toque personal, ha forjado un legado fílmico memorable, que va desde el laberíntico misterio de Tenet hasta la épica desgarradora de Dunkerque o las deslumbrantes viñetas de El caballero oscuro, pasando por el viaje existencial que, en mitad del espacio, nos planteó en Interstellar. Su estilo, refinado, vibrante y también solemne, ha seducido a un público afín, que ha desarrollado sus gustos cinematográficos conforme a esos parámetros. De ahí que, como antes pasó con Tarantino, el estilo de Nolan haya sido imitado con mayor o menor fortuna por toda una legión de realizadores.

La industria también se ha rendido ante sus cualidades, y eso explica los valores de producción de Oppenheimer. En este caso, la magia se desenvuelve a través de una cámara IMAX de 65 mm. Ello permite que la grandeza y el detalle se alternen en una danza visual cautivante, mientras que las imágenes en blanco y negro añaden un matiz de nostalgia y autenticidad que evoca el espíritu de otras épocas.

El film se inspira en un ensayo admirable, galardonado con el Premio Pulitzer, Prometeo americano: La victoria y la tragedia de J. Robert Oppenheimer, de Kai Bird y el ya desaparecido Martin J. Sherwin. A partir de ese fondo histórico, las piezas del rompecabezas técnico encajan a la perfección con Hoyte Van Hoytema a cargo de la fotografía, la directora de arte Ruth De Jong, conocida por tejer mundos visuales impactantes en Nosotros y Nop, Ellen Mirojnick, una virtuosa del vestuario galardonada por su impecable trabajo en Atracción fatal y Speed: Máxima potencia, y por supuesto, el montaje de Jennifer Lame Ace, que ofrece la cadencia perfecta para la compleja narrativa que plantea Nolan.

«Cillian Murphy interpretando a Oppenheimer era la pieza central de la película», dice Nolan. «Pero sabía que Cillian iba a necesitar un reparto extraordinario para arroparlo, grandes actores que pudieran desafiarlo y motivarlo. En una película con tantas caras distintas, cada personaje tenía que diferenciarse claramente del resto y resultar creíble. Por ello, la envergadura del grupo que el director de casting John Papsidera logró juntar es uno de los grandes atractivos de la película. Es enormemente importante que los espectadores sean capaces de seguir quién hace qué y quién es importante por una u otra causa. Estos actores llegaban todos los días al set con un conocimiento muy específico y sin fisuras del papel de su personaje en la situación, cuál fue su contribución al Proyecto Manhattan, qué aportaron a una reunión, un experimento o un argumento concreto en determinado día. En consecuencia, todos los días estaba en el set rodeado de actores que sabían más que yo sobre lo que estaba pasando, desde su punto de vista, y eso es lo que buscas precisamente como director».

Aunque su rigor histórico es evidente, sobre todo para aquellos que estén familiarizados con la física del siglo XX, Oppenheimer no deja de ser un thriller que se centra en la esencia misma de la psicología humana. El protagonista (un inmejorable Cillian Murphy) es un genio científico que, por medio de una creación de alcances devastadores, lanza un desafío existencial a la humanidad misma.

La cinta nos invita a explorar el legado científico, político y ético de J. Robert Oppenheimer, ese contradictorio personaje que puso en marcha la bomba atómica y que, en tiempos de la Guerra Fría, pagó un alto precio por ello.

La inquietud que embargó a los científicos del Proyecto Manhattan, en su incansable búsqueda de la bomba de fusión, se convierte aquí en el motor que impulsa la narrativa: un tapiz de suspense en el que Oppenheimer enfrenta una posibilidad aterradora, un dilema ético que resuena con las inquietudes de una era turbulenta.

A medio camino entre la gran superproducción y el cine de autor, Oppenheimer se alza como una joya rara, una obra deslumbrante que seguramente alcanzará mayor aprecio en el porvenir.

Sinopsis

«Mi intención era transportar al público a la mente y la experiencia de una persona que ocupó el centro absoluto del mundo durante el momento de cambio de mayor envergadura de la historia», dice Nolan. «Nos guste o no, J. Robert Oppenheimer es la persona más importante que jamás haya vivido. Convirtió el mundo en el que vivimos en lo que es ahora, para bien o para mal. Y su historia hay que verla para creerla».

La creación de la bomba atómica fue un triunfo del ingenio humano que permitió descubrir cosas que han supuesto la semilla de innovaciones en incontables ámbitos de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, también supuso el inicio de una carrera armamentística que ha tenido ramificaciones sísmicas y destructivas para todo el mundo, introduciendo un nuevo miedo existencial que no ha desaparecido en las vidas de gente de todo el mundo.

«En los momentos precedentes a la prueba Trinity, Oppeheimer y su equipo estuvieron lidiando con la remota posibilidad de que, cuando apretaran aquel botón y detonaran esa primera bomba, incendiarían la atmósfera y destruirían todo el planeta», dice Nolan. «No había ninguna base matemática ni teórica que les permitiera descartar totalmente esa posibilidad, por pequeña que fuera. Y, pese a todo, decidieron pulsar el botón. Es un momento extraordinario en la historia de la humanidad. Quería llevar al público a esa estancia y que estuviera allí presenciando esa conversación, para que luego viera también el momento de pulsar el botón. Fue un instante absolutamente increíble, si te paras a pensarlo. Ese inmenso riesgo. La relación entre ciencia, teoría, intelecto —las cosas que podemos imaginar— frente a la naturaleza práctica de llevar esas ideas abstractas al mundo real, lidiar con ellas como realidades concretas, y todas sus consecuencias». (Prueba de la fascinación de Nolan con «la terrible posibilidad» puede hallarse en su anterior película, Tenet, que mencionaba la historia).

Prometeo americano se convirtió en una biblia que sirvió de guía y referencia para todos los aspectos de la producción. Durante la fase de escritura de guion, brindó a Nolan ricas perspectivas que le ayudaron a crear lo que más le interesaba, un retrato crítico de Oppenheimer que no solo dramatizara eventos formativos y claves, sino que explorara su psicología e interrogase las consecuencias de sus actos.

«La historia de Oppenheimer es una de las más grandes que pueden contarse», asegura Nolan. «Está plagada de paradojas y dilemas éticos, y esa es la clase de material que siempre me ha interesado. Mientras la película trata de ayudar al público a entender por qué la gente ha hecho cosas del modo que las ha hecho, al mismo tiempo plantea la pregunta de si esa gente debería haberse comportado así. Y el cine, como medio narrativo, es la herramienta perfecta para sumergir al público en una experiencia subjetiva, dejando que sean los espectadores quienes juzguen las cosas del mismo modo que lo hacen los personajes, intentando al mismo tiempo mirar a estos personajes con un poco más de objetividad. En diferentes momentos, tratamos de meternos en la psique de Oppenheimer y de embarcar al espectador en su viaje emocional. Ese fue el desafío de la película: contar la historia de una persona que estaba involucrada en lo que acabó siendo una secuencia de eventos destructiva extraordinaria, pero llevada a cabo por las razones correctas, y contarla desde su punto de vista».

La historia de los años posteriores al Proyecto Manhattan de Oppenheimer ofrece una perspectiva externa de su trabajo y su legado, examinando al mismo tiempo los motivos y las personalidades de individuos fundamentales que impactaron en su vida. La narrativa se centra en Lewis Strauss (Robert Downey Jr.), otra figura clave a la hora de dar forma a la política nuclear de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. En 1959, el presidente Dwight D. Eisenhower propuso a Strauss para el cargo de Secretario de Comercio.

Nolan asegura que no suele pensar demasiado en temas referentes a la dirección o la producción mientras escribe sus guiones por miedo a inhibir su creatividad. Pero, en el caso de Oppenheimer, sintió la necesidad de describir sobre el papel, por deferencia a sus colaboradores y al estudio, sus estrategias visuales para presentar una historia compleja que pasase continuamente de la experiencia subjetiva a la objetiva y viceversa, así como entre dos juicios distintos en dos momentos diferentes.

Nolan escribió el guion durante el verano de 2021. Recibió luz verde inmediatamente por parte de Universal Pictures en lo que será su primera colaboración con Nolan. Así comenzó una misión creativa que se asemejó en cierto modo al propio Proyecto Manhattan: con un grupo de un talento extraordinario al mando de un singular director que se reunió en un remoto rincón del mundo (con localizaciones como el propio laboratorio de Los Álamos) para producir un gran trabajo que emplearía y pondría a prueba sus enormes capacidades.

Al contrario de lo que se rumorea por Internet, Christopher Nolan no detonó una bomba atómica de verdad en Nuevo México para poder filmar para Oppenheimer el fuego nuclear y la nube de hongo de la icónica prueba Trinity. En lugar de eso, Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema trabajaron con los supervisores de efectos especiales Scott Fisher (un veterano colaborador de Nolan que ganó sendos Premios Oscar por Interstellar y Tenet) y Andrew Jackson (que también ganó un Oscar por Tenet) para producir la versión cinematográfica de una explosión atómica. Nolan les impuso una limitación: fiel a su preferencia artística por los efectos mecánicos, Nolan les dijo que no podía haber imágenes generadas por ordenador.

Jackson y Fisher comenzaron a realizar experimentos —entre otros, aplastar juntas dos bolas de ping pong, lanzar pintura contra una pared e idear mezclas de magnesio luminoso— y a grabarlos en superprimer plano con pequeñas cámaras digitales a diferentes tasas de fotogramas por segundo.

Algunas de las técnicas que el equipo de efectos especiales de Nolan usó para crear el espectáculo de la fisión nuclear se aprovecharon para ayudar a crear las escenas que muestran el mundo interior de Oppenheimer. De nuevo, Nolan dio prioridad a los efectos mecánicos y evitó las imágenes creadas con ordenador.

Copyright de imágenes, sinopsis y cómo se hizo © Universal Pictures, Atlas Entertainment, Syncopy Production, Gadget Films. Reservados todos los derechos.

Arturo Montenegro

Soy un personaje oculto tras un seudónimo. Cuando el tiempo y la ocasión me lo permiten, saco partido a mis hábitos de cinéfilo, melómano y lector profesional.