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Crítica: «La tierra de los muertos vivientes» (George A. Romero, 2005)

El veterano Romero parecía perdido en el limbo del videoclub mientras que el género zombie que el inventó daba satisfacciones monetarias a más de uno. Mientras tanto, pese a la calidad de dos títulos como Shaun of the dead o el remake de Dawn of the Dead, los fans menos olvidadizos clamaban por el retorno de los muertos vivientes genuinos.

Han pasado veinte años desde la irregular El día de los muertos, y desde entonces, Romero ha hecho películas interesantes, pero si algo hemos aprendido del género de terror es que uno no puede huir de los monstruos que crea.

¿Es Land of the dead tan decepcionante como se intuye? Pues no. Tampoco es una obra maestra, pero es más satisfactoria y entretenida que la última entrega de la saga, que resultaba demasiado discursiva y se resentía de un reparto tirando a malo.

No es que esta nueva cinta sea más sutil en cuanto a la crítica social, pero su sátira post 11-S está cargada de mala leche y bastante humor. En esta entrega, el elemento cómico está más presente, aunque sin llegar a ser un splatstick como los de Peter Jackson. Su ironía macarra y voluntariamente pasada de moda sitúa a Land of the dead muy cerca del mundo futurista creado por John Carpenter para situar las desventuras de Serpiente Plissken.

Dennis Hopper gobierna desde su torre una abstracción de la metrópolis capitalista. Se plantea aquí una vuelta al feudalismo: los poderosos viven en un entorno de lujos materiales sin querer enterarse de lo que pasa fuera de su jaula de oro, que no es otra cosa que unos convecinos sumidos en la pobreza y la violencia, y unos cadáveres rabiosos que, obviamente, encarnan a un tercer mundo cada vez más desesperado.

Los muertos vivientes, que en las anteriores entregas pasaron de ser una amenaza a inspirar compasión, evolucionan en esta ocasión al recuperar su dignidad, organizándose como pueden y aprendiendo a manejar instrumentos. Además, muestran cierta empatía entre ellos, aplicando la eutanasia a sus compañeros malheridos (si es que este adjetivo se puede aplicar a un trozo andante de carne putrefacta). Ya no se trata tanto de hordas malolientes sin personalidad, ya que tenemos a un grupo de personajes-zombi reconocibles y activos durante toda la película. El espectador puede elegir qué bando le cae mejor.

Los tiempos cambian, claro está, y Land of the dead muestra un ritmo de montaje más rápido que el de las anteriores películas, pero sin caer en el mareo videoclipero. El gore es manejado de forma excelente, aunque se muestra con menos detenimiento que antes, y el látex de toda la vida se complementa con algo de ordenador, pero lo justo para no molestar del todo.

Por lo demás, el film es un muestrario de personajes de tebeo interpretados por actores muy variopintos, desde una Asia Argento, aquí con atuendo gótico, a un caricaturesco Leguizamo como renegado con ansias de venganza. Los nombres de los excéntricos personajes son una colección de alias descacharrantes, pero destaca uno que provocará las carcajadas del público español.

Razones para ver la película: sátira política, un camión blindado que se llama El Azote de los Muertos, un ejército de zombis surgiendo de las aguas de un río, un cameo de Tom Savini retomando su mítico zombi motero y un samoano gordísimo ansioso por «hacer algo».

Sinopsis

En medio de un mundo conquistado por los muertos vivientes, los humanos se refugian en una ciudad fortificada. Las clases altas viven en un lujoso rascacielos y no se mezclan con los supervivientes sin medios, mientras que los mercenarios se aventuran en territorio zombie para conseguir comida y suministros esenciales.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019), "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019), "Psicosis. El libro del 60 aniversario" (2020), "Pasión de los fuertes. El libro del 75 aniversario" (2021), "El doctor Frankenstein. El libro del 90 aniversario" (2021), "El Halcón Maltés. El libro del 80 aniversario" (2021) y "El hombre lobo. El libro del 80 aniversario" (2022). En solitario, ha escrito "El cine de ciencia ficción" (2022).