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Crítica: «La chica salvaje» («Where the Crawdads Sing», 2022)

Los géneros se entrecruzan en La chica salvaje: el cine judicial, el romance, el melodrama, el cine de naturaleza… Uno te lleva a otro, aunque no siempre con la misma fortuna. Los códigos que propone la directora Olivia Newman son fáciles de asimilar, sobre todo porque su narración es bastante fiel a la novela de Delia Owens en la que se inspira. En este sentido, La chica salvaje muestra sus cartas desde el principio y no traiciona las expectativas.

La cinta alterna dos líneas temporales. Una de ellas transcurre en los años sesenta y relata la vida de Kya, una joven que, a pesar de crecer sola en los pantanos de Carolina del Norte, se convierte en una persona admirable (Rechazada, eso sí, por el resto de una comunidad que no soporta salir de sus prejuicios). La otra línea nos sitúa en 1970 y explora el crimen de Chase Andrews, un joven vinculado a Kya, a quien consideran la principal sospechosa de su muerte.

Al aceptar a Kya como eje de toda la película, debemos valorar el formidable trabajo de la actriz que da vida a este personaje, Daisy Edgar-Jones. La intérprete británica encarna a una heroína romántica llena de matices, con una bondad natural que pone al espectador de su parte. Soy consciente de que utilizar el adjetivo «romántica» puede sorprender a quienes vean esta película como una parábola feminista. Sin embargo, basta comparar La chica salvaje con determinadas novelas del XIX o con sus versiones cinematográficas para comprobar cuál es la tradición narrativa que reivindican Olivia Newman y Delia Owens. En este sentido, el film que nos ocupa no desentonaría en un programa doble con Belinda (1948), de Jean Negulesco.

Que sea una película anticuada no supone el mayor problema. El preciosismo está muy presente en buena parte del film, y por eso hay que agradecer el cuidado puesto en los aspectos formales, desde la fotografía a la ambientación. Sin duda, las marismas de Carolina del Norte donde vive la protagonista tienen la apariencia de un paraíso verde. Consciente de ello, Newman procura hechizarnos con imágenes de criaturas salvajes y frondosas arboledas. Las escenas de amor que se desarrollan en ese entorno subrayan aún más ese tono idealizado y nostálgico que persigue la directora.

El buen desempeño de todo el reparto (Edgar-Jones, Taylor John Smith, Harris Dickinson, Michael Hyatt, Sterling Macer, Jr. y David Strathairn) redondea el acabado final.

No obstante, pese al embrujo del escenario y a la calidad de su protagonista, a este melodrama sureño le hubiera venido bien una evolución un poco menos predecible y una poda de clichés. Quizá sea injusta la comparación, pero cuando uno recuerda Matar a un ruiseñor (1962) advierte lo que le falta a la película de Newman para ser una obra de primer nivel. En todo caso, si aceptamos el marco que nos propone la directora, el resultado es satisfactorio, evocador y consistente a todos los niveles.

Sinopsis

La chica salvaje está basada en una novela de misterio que cuenta la historia de Kya, una niña abandonada que se crio hasta la edad adulta en las peligrosas marismas de Carolina del Norte. Durante años, rumores sobre la “niña de la marisma” han inundado Barkley Cove, haciendo que la astuta y resistente Kya se aísle cada vez más de su comunidad. Atraída por dos jóvenes del pueblo, Kya se abre a un nuevo y sorprendente mundo, pero tras encontrar a uno de ellos muerto, la comunidad la señala inmediatamente como principal sospechosa. A medida que avanza el caso, la verdad sobre lo que realmente ocurrió se vuelve más confusa y amenaza con revelar los muchos secretos que yacen en la marisma.

El camino de La chica salvaje hasta la gran pantalla empezó cuando Reese Witherspoon, no solo una oscarizada actriz sino también la propietaria de la productora Hello Sunshine, se hizo con el texto de Delia Owens. “Leí la novela en un solo día, no pude soltarla una vez empecé”, dice Witherspoon. “Me enamoré de Kya, el personaje principal. Es una niña que vive en una zona muy rural. Evita el contacto con la sociedad y busca una forma de sobrevivir. La experiencia que tiene con los dos hombres de su vida son conmovedoras a la vez que terroríficas. Delia Owens ha escrito un libro muy auténtico, es obvio que ha crecido en un entorno similar”.

Delia ha creado una historia clásica, atemporal”, dice la directora Olivia Newman. “Un romance, una chica que tiene las de perder, un misterioso asesinato y un juicio criminal, todo con un distintivo telón de fondo que hace que todo sea aún más dramático. Queríamos honrar el libro adaptándolo fielmente. Estoy muy contenta de haber trabajado con este increíble equipo de mujeres. Las productoras ejecutivas, la guionista, las productoras y las jefas de departamento han hecho un trabajo meticuloso intentando conservar la esencia del libro que tanta gente ama”.

El libro se convirtió en un fenómeno literario en el momento en el que Witherspoon lo incluyó en su Club del Libro, batiendo récords durante más de 191 semanas. Con más de 12 millones de copias vendidas en total, fue el libro más vendido de 2019 y 2020, convirtiéndose así en la novela de ficción de tapa dura que más semanas ha sido número uno de la lista superventas del New York Times.

El libro se hizo tan popular que hasta Taylor Swift decidió componer e interpretar el tema centrar de la película. “Que Taylor Swift haya compuesto una canción basada en los personajes de la película es el mayor regalo que nos podrían haber hecho”, dice Witherspoon. “Nos llamó su equipo para decirnos que Taylor había escrito una canción titulada Caroline, una canción que incorpora muchos de los elementos de la película. Conseguí hablar con ella un par de veces sobre cuáles fueron sus inspiraciones para la canción y cómo la escribió. Es una compositora increíble que entiende muchísimo sobre folk y música country, razón por la que esta canción encaja a la perfección con la película. Además, ¿a quién no le gusta una exquisita canción de Taylor Swift?”.

Swift usó instrumentos de la época en la que está ambientada la película. “La Chica Salvaje es un libro que me absorbió totalmente cuando lo leí hace años”, dice Swift. “Cuando me enteré de que estaban haciendo la película y que la protagonizaría la increíble Daisy Edgar-Jones y la produciría la brillante Reese Witherspoon supe que quería formar parte de ella. Escribí la letra de Caroline por mi cuenta y le pedí a mi amigo Aaron Dessner que la produjese. Quería crear algo evocador y etéreo que encajase con esta historia tan cautivadora”.

En el centro de la historia de La chica salvaje se encuentra Kya Clark, la niña de la marisma, sobre la que poco se sabe pero mucho se asume. Cuando encuentran a Chase Andrews, antigua estrella de fútbol americano del pueblo y ahora heredero de un exitoso negocio, muerto en la marisma, la mayoría del pueblo culpa a Kya. El abogado Tom Milton intenta entonces salvarle la vida y poco a poco Kya va revelando sus secretos: que su familia la abandonó para que sobreviviese a solas en la marisma, los dos amantes que tuvo en el pasado y hasta qué límites puede llegar una criatura para sobrevivir.

“La gente del pueblo trata a Kya muy mal desde el principio”, dice Daisy Edgar-Jones, la actriz que interpreta a Kya. “El modo en el que la tratan tiene más que ver con problemas suyos que con Kya. Se ha convertido en un mito. Se han inventado el cuento sobre la niña de la marisma. Simplemente no entienden que en realidad es una niña abandonada a la que no socorren. Es por eso que cuando encuentran a Chase muerto piensan directamente en ella”.

Owens tuvo una exitosa carrera como zoóloga y autora de varios libros especializados, que cuando se jubiló decidió escribir su primera novela: La chica salvaje.

“Toda mi vida me ha llevado hasta este momento”, confiesa Owens. “La inspiración detrás del libro surge de mi infancia. Crecí en el bosque, en un bosque de verdad. Cuando era pequeña mi madre me animaba a que me adentrase en él. Quería que llegásemos lo más lejos posible. Era mi madre la que decía, ‘ve allá a lo lejos, donde cantan los cangrejos’. Los cangrejos obviamente no cantan. Pero a lo que se refería era que viviésemos la naturaleza en la naturaleza. Si te adentras los suficiente en el bosque y estás completamente a solas con la naturaleza te aseguro que oirás cantar a los cangrejos”.

“Me encantaban las cosas salvajes y coleccionaba insectos. Coleccionaba plumas. ¿Te recuerda a algo?”, continúa Owens. “Volvía a casa con piedras, no con conchas, y mi madre me animaba a que lo hiciese”.

A Owens siempre le ha gustado escribir, pero decidió meterse en el mundo de la ciencia. Estudió zoología en la Universidad de Georgia y obtuvo su doctorado en comportamiento animal de la Universidad de California en Davis. Owens ha pasado más de dos décadas viviendo y trabajando en el entorno natural de África estudiando los animales que más amaba. Recogió sus experiencias y observaciones en tres exitosos libros de los que es coautora.

La chica salvaje se ha rodado en localizaciones en los alrededores de Nueva Orleans, en Luisiana. Los cineastas eligieron la zona por la amplia variedad de marismas y pantanos además de tener varias ciudades sureñas históricas perfectas para recrear Barkley Cove y la casa de Kya en la marisma.

“El entorno natural en esta película es muy importante. El paisaje lo es todo en esta película”, comenta Newman. “Dedicamos mucho tiempo buscando esos entornos tan específicos en la historia de Kya, como la marisma salada, la playa y los pantanos. Nos centramos particularmente es que hubiese contraste entre los cipreses del pantano y la hierba de la marisma”.

Copyright de imágenes y sinopsis © 3000 Pictures, Hello Sunshine, Sony Pictures Entertainment. Reservados todos los derechos.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Colaborador de "La Lectura", revista cultural de "El Mundo". Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Álbum Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.