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Crítica: ‘Indiana Jones y el dial del destino’ (2023). El profesor aventurero

Con esta última entrega se clausura la serie del profesor Indiana Jones encarnado por Harrison Ford. El actor ha llegado a la vejez y admite que el paso del tiempo merece respeto. Se nos ha borrado el espejo en el cual nos miramos los muchachos que tenemos la misma edad de Harrison y que intentamos aprender cómo llegar a viejos noblemente, al igual que los mármoles de calidad.

Con un realismo bastante ingenuo se ha cuestionado que este arqueólogo aventurero sea un “reflejo fiel” de los arqueólogos reales y verdaderos. Los especialistas lo ven más bien como un buscador de tesoros que intenta venderlos a los millonarios en sus verdes Paraísos, es decir paraísos fiscales. Las historias de Indiana Jones no se plantean en tanto reflejos fieles de nada sino como aventuras, es decir viajes a lo ignorado donde el objeto perseguido es utópico. Todos sabemos que el Arca de la Alianza no existe y la buscamos por eso mismo, porque nos lleva al lugar utópico del Origen donde todo era posible, la infancia mítica de la humanidad. Así se forjó una tradición de la narrativa inglesa donde ciertos personajes normales daban con la excepción absoluta y radical del Personaje Originario. Rider Haggard inventó a Ayesha, la mujer que no envejecía, único ejemplar del pueblo eternamente joven. Rice Burroughs forjó a Tarzán imaginando al primer homo sapines-sapiens capaz de distinguirse de sus (nuestros) antepasados los chimpancés.

A diferencia del héroe convenido como Tarzán o Superman, inalterables jóvenes, Indiana Jones ha decido jubilarse. Hay que ver lo que logran estos tiempos posmodernos, que están viendo morir al Superhombre y a James Bond. No obstante, nuestro espejo Harrison conserva el tipo. Es, por un lado, un académico señorial que conoce muy bien la antigüedad pero que aspira a algo más allá, quiere acechar lo arcaico porque no lo satisface lo simplemente antiguo. Y en esta encrucijada renuncia a la adultez del gran señor y se convierte en aventurero, ese chico travieso que confía en la providencia favorable y desafía los peligros que un doctor en arqueología hubiera dejado para tiempos mejores. Este doble juego del actor es el que admiramos sus seguidores, esperando que no nos decepcione en cada novedad.

¿Es Indiana Jones un héroe acerado como Tarzán o Clark Kent? No, no: ni es un héroe ni está hecho de acero inoxidable. Nos transmite esa confianza en lo providencial que consiste en tomar el autobús cotidianos a sabiendas de que no habrá de estrellarse. Y que no nos sentará mal la cena de graduados a medio siglo del diploma. Y que mañana seguiremos vivos para contarlo. Ciertamente, nos lleva ventaja. En el tercer milenio Harrison Ford seguirá dando saltos en las pistas de la aventura, seguirá teniendo un nombre, seguirá llegando a la isla de Utopía. En fin, que seguirá sin fin.

Sinopsis

De la mano del guionista y director James Mangold llega el último capítulo de la saga de uno de los mayores héroes de la historia del cine. En Indiana Jones y el Dial del Destino, el actor nominado al Premio de la Academia Harrison Ford retoma por última vez su icónico papel del sagaz arqueólogo para que vivamos con él una emocionante aventura alrededor del mundo.

Estamos en 1969 e Indiana Jones está listo para dejarlo todo. Después de pasar más de una década enseñando en el Hunter College de Nueva York, el prestigioso profesor de arqueología se prepara para retirarse a su modesto apartamento donde ahora vive solo. Pero todo cambia después de una visita sorpresa de su ahijada Helena Shaw (Phoebe Waller-Bridge) que busca un extraño artefacto que su padre confió a Indy años antes: el tristemente famoso Dial de Arquímedes, un dispositivo que supuestamente tiene el poder de localizar fisuras en el tiempo.

En cuanto Indy apareció en las pantallas por primera vez en el hito de 1981 de Steven Spielberg En busca del arca perdida, se produjo un matrimonio perfecto entre personaje y estrella. Con esa masculinidad un poco tosca, Ford resultaba irresistiblemente carismático pero también profunda y entrañablemente encantador. Esbozaba una sonrisa de complicidad en los momentos justos y escapaba de catástrofes aparentemente imposibles gracias a una mezcla de ingenio, inventiva y a veces… por pura suerte.

De todos los personajes inolvidables que ha interpretado, Harrison Ford siempre ha sentido una afinidad especial con Indiana Jones. De hecho, el actor preguntaba periódicamente a los productores Kathleen Kennedy y Frank Marshall sobre la posibilidad de retomar el papel por última vez. “Harrison ama a este personaje tanto como el público y no quería que terminara”, dice Kennedy. “Siempre estaba preguntando: ‘¿Es que no hay otra historia?’”

Para encontrar la respuesta, Kennedy, Ford y Spielberg recurrieron a James Mangold. “Creo que todos los que hemos hecho esta película sabíamos hace mucho tiempo que Jim es un realizador excepcional”, dice Kennedy. “También es uno de esos escasos directores que ha estudiado en profundidad el cine. Es un erudito cuando se trata de hablar de cine. Cuando surgió el nombre de Jim, Harrison ya estaba de acuerdo al 100%. Y eso era muy importante para mí, para Steven y para Frank”.

Spielberg afirma: “Es un director que comparte mi sensibilidad sobre el montaje, el ritmo, el desarrollo de personajes y la forma de equilibrar las escenas. Pensé que si hacía otra película de Indiana Jones, James Mangold debería dirigirla”.
Indiana Jones y el Dial del Destino se rodó en localizaciones de Marruecos, Sicilia, Escocia e Inglaterra y también en platós de los Pinewood Studios a las afueras de Londres. Para realizar la película, Mangold contó con un equipo ejemplar de talentos creativos, un grupo que incluía al diseñador de producción Adam Stockhausen, al director de fotografía Phedon Papamichael, a la diseñadora de vestuario Joanna Johnston, al supervisor de efectos especiales Alistair Williams y al supervisor de efectos visuales Andrew Whitehurst.

Juntos, desarrollaron las impresionantes imágenes de la película y sus increíbles secuencias de acción, lo que incluía los escenarios más grandes de la película: la secuencia del tren de 1944; la persecución a caballo a través de un desfile y que se adentra en al sistema de metro de Nueva York; una frenética persecución en tuk tuk por las calles de Tánger; una inmersión submarina repleta de tensión en Grecia; y la secuencia culminante de la película que es absolutamente espectacular.

Por supuesto, uno de los aspectos más complicados de esta secuencia tan compleja exigía reducir la edad de Ford, que entonces tenía 79 años, para que pareciera tener 37 años. El supervisor de efectos visuales Andrew Whitehurst de Industrial Light & Magic (ILM) se incorporó al equipo en las primeras etapas de la preproducción para ayudar a diseñar todos los efectos visuales de la película; su objetivo consistió en aportar de forma exacta todo lo que la historia exigía sin que parecieran elementos creados por ordenador (CG) como entornos digitales completos, múltiples extensiones de CG para las construcciones y localizaciones, animación de criaturas complejas y simulaciones de fenómenos climatológicos naturales.

Aun así, retroceder el tiempo en el propio Indiana Jones fue sin lugar a duda la tarea más complicada a la que se enfrentó el equipo de efectos visuales de ILM. Si el resultado final no parecía creíble, toda la apertura sería un fiasco. Afortunadamente, el efecto fue impecable.

Para lograrlo, ILM utilizó una combinación de técnicas patentadas dotadas de tecnología de última generación para la sustitución de la cara (ILM FaceSwap), que aprovecha todos los matices de la interpretación de un actor. Mediante una combinación de habilidad artística y el uso de herramientas de aprendizaje automático dirigidas por artistas, las interpretaciones faciales realizadas por Ford en el plató se mapearon encima de una versión digital del rostro de la estrella.

Los artistas de ILM tuvieron acceso al gigantesco archivo que tiene Lucasfilm sobre Harrison Ford desde sus inicios en las películas anteriores de Indiana Jones y, mediante el uso de la nueva tecnología y el catálogo de imágenes de archivo, produjeron un Indiana Jones convincentemente juvenil.

“ILM se dedicó a crear un sistema mediante el cual todos los días, cuando terminaba de rodar esta secuencia de apertura, dos días después, ya tenía en mi sala de montaje al joven Harrison”, dice Mangold. “Se podía ver que reproducía a la perfección lo que estaba haciendo, lo que significa que venía de su alma. Transmitía las expresiones, la intensidad y la pasión del personaje”.

Imagen superior: Indiana Jones (Harrison Ford). | © Lucasfilm Ltd. & TM.

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Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")