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Crítica: «Extraterrestre» (Nacho Vigalondo, 2011)

El segundo largometraje del cántabro Nacho Vigalondo es una comedia madrileña con ovnis de fondo que se mueve entre juegos acrobáticos de guión al servicio de una historia de amor que no termina siendo la que uno se espera.

Sorprende más que nunca la capacidad de Nacho para hacer cine de la nada, enhebrando una sucesión de secuencias redondas a partir de hilachos que los demás cinéfilos damos por sentado, en nuestro hartazgo de convenciones ficcionales.

Si este filme tiene éxito, va a verse obligado a una nueva fuga temática con su tercer largometraje, porque muchos productores le van a querer encasillar: bueno, volatinero y barato.

Sinopsis

Julio y Julia no se conocen el uno al otro, pero despiertan en la misma cama, después de una borrachera de la que no recuerdan nada. Él se enamora al instante. Ella no.

Y por si la situación no fuese lo suficientemente incómoda, Julio y Julia se dan cuenta de que un gigantesco OVNI flota sobre la ciudad.

Mi entrevista a Nacho Vigalondo en El Mundo (15/10/2011)

Conocer desde hace más de una década a Nacho ayudó a enfocar desde el principio las cuestiones tratadas, aunque el tiempo de que dispusimos para la entrevista fue escaso. Tampoco conté con demasiado margen para volcarla y editarla (ese “Sal gruesa” que se nos coló a ambos en la filmografía de Fernando Trueba, en vez de su Sal gorda, es torpe testigo: si bien, paradójicamente, nadie parece haberse dado cuenta). Pero Nacho y yo tenemos una sintonía que nos permitió entablar un diálogo relajado y cómplice, donde él habló sin trabas de lo que más sabe: de cine. Y escucharle hablar de cine es un lujo para mí y para cualquiera.

«P.- Viendo tu Extraterrestre, en mitad de ella me di cuenta de que era un Fernando Trueba de los 80 actualizado.

R.- Hostia, qué maravilla. Una cosa que yo decía durante el rodaje era que lo que Tarantino ha hecho con el cine bélico en Inglorious basterds, yo lo estaba haciendo con la comedia madrileña.

P.- El papel del novio entrañable que encarna un inspiradísimo Raúl Cimas no me hubiera chocado interpretado por un Resines veinteañero con su bigotón de los 80. ¿Eres consciente de ese paralelismo, pues?

R.- Completamente. ¡No me puedo permitir no saber eso! El legado de Trueba me parece muy loable. Ahora que se pone por ejemplo en entredicho ese cine… A mí me da mucha rabia ese fervor por el cine de explotación español setentero, y a veces oyes cosas como que las pelis de Esteso y Pajares eran queridas en su momento: esas pelis siempre fueron denostadas y criticadas y mal consideradas. Ahora lo que toca un poco es criticar todo lo que fue la cultura de la Transición. Y creo que es un cine que tiene joyas. La primera película española que a mí me volvió loco en su momento fue Sal gruesa. Cuando la echaron en TV, yo recuerdo de muy niño despollarme con Luis Ciges. No podemos de repente ignorar ese cine, aunque ahora toque criticarlo. Mi película podría haber sido una con Óscar Ladoire y Antonio Resines en los 80″.

Puedes leer aquí el resto de esta entrevista.

Notas del director
Desde que se publicó, hace más de un siglo, la novela La guerra de los mundos de H.G. Wells, la imagen quintaesencial del relato de invasiones extraterrestres ha sido la de la masa de personas huyendo despavorida en todas las direcciones mientras un temible artefacto alienígena dispara rayos explosivos desde las alturas. La imagen se ha ido sofisticando hasta el hiperrealismo estremecedor de los últimos estrenos, pero la tradición, en esencia, sigue intacta.

Los miedos de esta primera generación que fantaseaba con invasiones alienígenas no andaba muy lejos de la noción de una guerra mundial actual. Los conflictos militares y las tensiones políticas establecieron un temor muy razonable a un Apocalipsis repentino. Después de todo, un bombardeo o un desastre nuclear podrían ocurrir- al igual que una flota de ovnis podrían oscurecer los cielos de tuciudad – en cuestión de segundos. Hoy en día, nuestra fascinación por este tipo de historia está aún cercana al miedo a que nuestras vidas se hagan pedazos, pero más que parecernos a esas familias que construyen refugios antiaéreos en los jardines, vivimos con el terror de una tragedia repentina, una y otra vez, a través de nuestros televisores y ordenadores. La historia se ha encargado de aclarar el núcleo de la tragedia, nosotros tenemos el recuerdo de lo que sucede desde la distancia, donde todo es más seguro, pero la confusión es la misma. También la sensación de insignificancia, de esa indefensión tan absoluta que te hace encogerte de hombros, en vez de querer salvar el mundo.

Cuando escribí Extraterrestre mi principal interés era describir la periferia de una invasión extraterrestre. El punto de vista de un puñado de personajes que ven, desde el balcón de un piso en Madrid, un gigantesco OVNI, pero que, pasado el susto inicial, no saben cómo reaccionar porque no tienen ni pajolera idea de lo que hay que hacer. Es tal el vacío de información que sufren que, a medida que pasan los días, hay sitio para una sencilla y triste historia de amor.

Si en mi anterior película Los Cronocrímenes, el protagonista era un pelele sometido a la tiranía de la trama, con Extraterrestre he intentado viajar al extremo opuesto y dejar que sean los personajes los que lleven la historia, sin que apenas haya interferencias extrañas. También he querido volver al género que más practiqué en mis cortometrajes, la comedia a escala íntima. En realidad hay más de una explosión. Pero ninguna de ellas vienen desde tan alto como las de La guerra de los mundos.

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Previamente publicado en Comicsario, un blog para la fenecida editorial Glénat España. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Vértigo Films, Arsénico Producciones, Sayaka Producciones y Apache Entertainment. Reservados todos los derechos.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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