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Crítica: «Anna» (Luc Besson, 2019)

Al ver Anna, es imposible no evocar recientes historias sobre espías rubias de armas tomar, como Atómica (David Leitch, 2017) o Gorrión Rojo (Francis Lawrence, 2018). Sin embargo, recordemos que su director, Luc Besson, fue un pionero de esta fórmula, al crear una de las primeras heroínas de acción moderna en Nikita (1990), film mil veces imitado y rehecho.

Anna es básicamente un remake de Nikita, ambientado en la misma época en la que se hizo aquel film, pero en el contexto del espionaje de los últimos años de la Guerra Fría. En esta ocasión, la yonqui transformada en súper-asesina es una joven rusa (Sasha Luss) a quien la KBG introduce en el mundo de la moda, en aquella edad dorada de las top models que fueron los comienzos de los 90.

El film recurre constantemente a los flashbacks. De ese modo, Besson aporta información oculta al espectador hasta el momento, buscando una similitud con las muñecas rusas que (aparentemente) la protagonista vende en un mercado moscovita cuando es descubierta por un cazatalentos. Este gimmick narrativo funciona a ratos, aunque en la mayoría de los ocasiones se percibe como un recurso para disfrazar el hecho de que esta historia ya la hemos visto antes, y sabemos hacia dónde va.

Como en Nikita o Léon, Luc Besson no ofrece un espectáculo de acción continua. Las escenas de este tipo son pocas, pero trabajadas, y en muchas de ellas incluso nos creemos que una persona con tan poco volumen corporal como Sasha Luss sea capaz de derrotar a escuadrones de fornidos matones.

No hablamos de secuencias de acción brillantes, pero sí decentes. Por establecer comparaciones con las películas anteriormente mencionadas, digamos que no llega al nivel de contundencia de Atómica, pero sí resulta mucho más divertida y vistosa que la aburridísima Gorrión Rojo.

Anna no es una de las mejores cintas de Luc Besson, pero funciona como entretenimiento ligero gracias a cierto sentido del humor (mención especial al personaje de Helen Mirren) y a los toques de absurdo que salpican toda la película, algunos posiblemente involuntarios: ¿Por qué una yonqui, en la Unión Soviética de 1987, tiene un ordenador portátil con wifi en casa? Los anacronismos tecnológicos se encuentran durante toda la película. ¿Autoparodia o incompetencia? Da igual, lo importante es divertirse.

Sinopsis

Tras la deslumbrante belleza de Anna Poliatova se esconde un secreto que desatará su fuerza y habilidad indelebles para convertirse en uno de los asesinos gubernamentales más temibles del mundo.

Anna es una cinta de ritmo vertiginoso, llena de giros sorprendentes y acción electrizante, que presenta a Sasha Luss en el papel principal, acompañada de un reparto estelar, que incluye nombres como Luke Evans, Cillian Murphy y la ganadora del Óscar Helen Mirren (mejor actriz por The Queen (La reina) en 2006).

Al principio del refinado y sorprendente thriller de espionaje Anna, la atractiva Anna Poliatova se ve sacada de un sórdido mercadillo ruso y transformada en una de las principales modelos de París. Pero, de forma similar a las muñecas rusas o matrioskas que Anna solía vender, lo que se puede uno encontrar en esta emocionante cinta plagada de acción trepidante va mucho más allá de lo que se ve a simple vista. Pues la misteriosa, aunque eficientemente letal, Anna tiene muchos disfraces, muchas identidades, muchas formas de transformarse y muchas formas de sobrevivir. Mientras demuestra ser una integrante brutalmente feroz del traicionero mundo del espionaje de la Guerra Fría, Anna está construyendo astutamente su propio juego dentro del juego que nadie ve venir.

De forma similar a la enormemente influyente obra del guionista y director Luc Besson Nikita, dura de matar -que destruyó para siempre el tabú de las películas de acción con protagonista femenina- Anna cuenta la historia de una dura asesina a la que utilizan como peón, pero que consigue saltarse las reglas para hacerse con el control de su propio destino. Esta película se desarrolla a una escala más global y épica, que sitúa a Anna en pleno ojo del huracán de las tensiones entre las dos grandes superpotencias mundiales. Mientras Anna se debate entre la vida en las calles y las glamurosas pasarelas de la alta costura, entre el KGB y la CIA, entre dos amantes en bandos contrarios, entre la lealtad a sus mentores y su devoción a sus sueños más íntimos, se siente impulsada sobre todo por su inquebrantable instinto de ser verdaderamente libre.

Luke Evans, que interpreta al reclutador de Anna para el KGB, uno de los múltiples amos a los que parece servir, resume el atractivo de Anna Poliatova en un mundo de agresividad desmedida. «Lo que creo que resulta tan fascinante de Anna es que exuda fuerza, independencia y su propia e intensa femineidad a cada segundo de la película», opina. «Incluso cuando está manipulando a la gente, Anna lo hace porque tiene un plan y tiene un sueño. Y nada va a detenerla, ni siquiera las agencias de inteligencia más poderosas del mundo».

Aunque Anna pueda parecerse en ciertos aspectos a personajes de La Femme Nikita y León (El profesional), Besson considera que Anna expresa un punto de vista relevante para el mundo en que vivimos.

El trabajo de Anna exige que ponga a punto múltiples identidades, pero, mientras pasa de adicta a modelo, y por numerosos disfraces más, tiene siempre muy claro quién era antes de convertirse en agente. No fue algo fácil de pedir a alguien en su primer papel cinematográfico importante, pero Luss opina: «Se trata realmente de algo por lo que cualquiera al que le interese convertirse en actor se siente fascinado: fingir ser otras personas».

De forma muy similar a su personaje, Luss tuvo que lanzarse de cabeza a aprender a manejar la intensa acción que exigía el papel, no solo el armamento y las persecuciones, sino el combate cuerpo a cuerpo que hace tan letal a Anna para sus a menudo bien preparados y diestros objetivos. «Fue un reto mental y físico increíble para mí, pero lo cierto es que descubrí que me encantaba», asegura Luss. «Me encantó exigirme al máximo, no solo física, sino mentalmente. Y me encantó la coreografía. De niña fui bailarina de ballet, así que eso me atrajo. En cuanto a las artes marciales, empezaba desde cero, pero intenté abordarlo con la misma energía que Anna, con intensidad y concentración casi compulsivas».

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario", "La diligencia. El libro del 80 aniversario" y "El universo de Howard Hawks".