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Crítica: «Viento de libertad» (Michael Herbig, 2018)

En un momento de frivolidad, se me ocurrió establecer una relación entre Viento de libertad y El secreto de Joey (1985). Si en aquella película alemana de Roland Emmerich se pretendía hacer una imitación del estilo Spielberg de los ochenta, en la también teutona Viento de libertad podemos detectar la influencia del Spielberg actual.

El film de Michael Herbig narra la huida en 1979 de un par de familias de Alemania Oriental ‒por aquel entonces, una dictadura comunista‒ a bordo de un globo aerostático. Este hecho real ya se contó hace mucho tiempo en una semi-olvidada película de Disney titulada Fuga de noche (John McGreevey, 1982), con un reparto de postín (que incluía al siempre colosal John Hurt) e impoluta efectividad narrativa.

La efectividad de Viento de libertad depende más de lo tenso de la historia que se narra que de la calidad cinematográfica del film, cuyo manejo del suspense es decente, pero no acaba de lograr que el espectador esté sentado al borde de la butaca comiéndose las uñas. Eso no quiere decir que estemos ante una mala película, ni mucho menos, pero la mayor parte del tiempo no logra quitarse de encima cierto aspecto apagado de producción televisiva.

Los actores hacen su trabajo de manera correcta, si bien los personajes se mueven dentro del ámbito del cliché, como ese malvado Stassi resoplante (Thomas Kretschmann) que no es mucho más que un clásico villano de película de la Guerra Fría.

En todo caso, la película sirve para reflexionar sobre la condición humana y el siempre actual tema de las fronteras, las alambradas y los muros. Dejando a un lado las obvias diferencias entre tiranías y democracias, ¿es mejor, desde un punto de vista moral, un país que no deja entrar o uno que no deja salir? ¿Hay verdaderamente una gran diferencia entre quienes culpan de los males de su país a los inmigrantes y los que acusan de ellos a los “traidores”?

Sinopsis

1979, Alemania Oriental durante el apogeo de la Guerra Fría. Dos familias corrientes anhelan en secreto la libertad, mientras planean un plan de huida que les llevará hasta el lado Occidental. Armados con valentía e ingenio, construirán un globo aerostático con retales para transportar por aire a los ocho miembros de las familias y así cruzar el Muro de Berlín.

Una increíble y apasionante historia real sobre la resistencia.

Michael Bully Herbig nació en Munich en 1968 y es muy conocido en Alemania como director, actor, guionista y productor. Debutó en la radio en 1992 y creó su propia productora HerbX Medienproduktion en 1996. En 1997, escribió, produjo y dirigió la animación del programa de entretenimiento Bullyparade. Se emitieron seis temporadas en la cadena ProSieben. En 1996, funda su otra productora HerbX Film. Dirigió su primera comedia para el cine en 2000, Erkan y Stefan, con el dúo de cómicos Erkan Maria Moosleitner y Stefan Lust. En 2001, continuó con El tesoro de Manitu, en la que Michael Bully Herbig escribió, produjo y dirigió esta parodia del género western en la que representa los dos papeles principales. La película recaudó 12 millones, el éxito más grande de taquilla de Alemania. Entre otras recompensas, Michael Bully Herbig recibió el premio bávaro y el premio alemán a mejor director. En 2013, debutó en Hollywood con El increíble Burt Wonderstone, de Don Scardino, con Steve Carell, Steve Buscemi y Jim Carrey.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario", "La diligencia. El libro del 80 aniversario" y "El universo de Howard Hawks".