Cualia.es

«Crimson Hero» (2003-2011), de Mitsuba Takanashi

Respecto al manga shonen y al shojo, me pasa una cosa bien curiosa: en realidad, lo mismo que cuando en las salas de espera me dan a escoger entre un diario y un Hola. Me quedo el Hola. Vamos, que para pasar el rato me apetece mucho y satisface mucho más el manga para chicas que el manga para chicos. Cuestión de hormonas, supongo.

De los que he hojeado hasta ahora, mi manga shojo favorito es sin duda Crimson Hero, de Mitsuba Takanashi. Me he leído de un golpe los cuatro números publicados hasta ahora y estoy impaciente por seguir leyéndolo. No voy a pretender que este título se salga de los rieles más o menos convencionales que cualquier otra historia dirigida a un público amplio y en su género concreto, pero cuenta con bastantes alicientes que me dan mucho gusto:

1) Para ser un manga deportivo, subgénero que me produce tremenda pereza, se ha escogido como universo un deporte, el voleibol o balonvolea (término que aparentemente ya sólo uso yo y que a buen seguro no durará mucho en el diccionario de la Real Academia), que al menos no se suele ver hasta la náusea en este tipo de tramas. O quizá habría que atribuirle el mérito a la autora: Mitsuba se esfuerza por crear situaciones de emoción ligeramente originales dentro del tablero de juego que este deporte propone. Por mí como si los personajes están jugando a las ranas, entendedme: pero la autora cree tanto en la tradición del género que está cultivando por centésima vez y se toma tan en serio sacarle punta al voleibol, que como trasfondo suficientemente diferente funciona y cuela.

2) Me chiflan las protas con rasgos de comportamiento masculinos. Nobara es una quinceañera algo “machorra”, una tomboy como mandan los cánones, a quien le gusta camuflar sus curvas y le va la marcha física. Lo tiene todo para enamorarme, la verdad. Y el elemento shojo de sus conflictos románticos está muy sabiamente dosificado, hasta el punto de que me han metido en la cabeza el culebrón, e incluso me preocupa con cuál de los dos chicos acabará Nobara.

3) Me encanta el dibujo, pero sobre todo la composición. A veces parece que estés de vuelta en los años 70, leyendo un cómic de Enric Sió o de algún totem de la revista Tótem. Me entusiasma cómo instrumentaliza viñetas ¡vacías! para expresar estados anímicos o interrupciones de tempo, ya sea haciéndolas añicos en varios bloques espaciados, ya sea dedicándolas a mero receptáculo de diálogos.

4) Pero lo que más me vuelve loco es la manera que tiene Mitsuba de caracterizar los personajes. ¡Es androginia pura! Sus hombres no se diferencian prácticamente de sus mujeres: los chicos dibujados poseen, por delicadeza de trazo, expresividad de los ojazos, finura de silueta, afectación y languidez de las poses, una corporeidad absolutamente femenina. ¡Eso es fantástico! Tal ambigüedad plástica confiere al subtexto del manga un plus involuntario de “confusión de la identidad sexual” digno de las comedias amorosas del teatro clásico, una pática pagliana que hace más disfrutable si cabe su lectura. En múltiples ocasiones, me sorprendo leyendo Crimson Hero y preguntándome, ya no quién es la persona que habla, ¡sino qué es! ¿Hombre o mujer? Y tal confusión, achacable en principio a un deje estilístico de la autora, me produce el mismo morboso placer que cuando leía (bueno, aún los leo) los cómics de Howard Chaykin y me preguntaba quién coño estaba hablando.

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Previamente publicado en Comicsario, un blog para la fenecida editorial Glénat España. Reservados todos los derechos.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
(Avatar © David Campos)