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Bosco y los periódicos

Bartolomeo Bosco actuó en Madrid en 1858 en el teatro Tirso de Molina, antes Instituto, en la calle de las Urosas, hoy Luis Vélez de Guevara.

Previamente al debut, el 11 de agosto, ofreció una sesión privada para la prensa en la Fonda de San Luis, donde aparentemente los periodistas quedaron fascinados. Digo aparentemente porque los tres periódicos que recogen la sesión ‒La IberiaLa España y El Mundo Pintoresco‒ repiten el mismo comentario elogioso, palabra por palabra. Los tres dicen: « Anoche asistimos a un ensayo que hizo Mr. Bosco en la fonda de San Luis de sus juegos sorprendentes de prestidigitación ante varios periodistas. Habíamos visto el álbum de Bosco, habíamos leído los artículos de J. Janin y otros célebres críticos de París, le habíamos dado en nuestra imaginación toda la destreza infernal qua han menester estos juegos incomprensibles; y sin embargo, nuestra admiración fue doble cuando en un pequeño salón, rodeado de periodistas por todos lados, de personas atentas al más imperceptible descuido, en medio de muchas luces, Bosco ejecutaba con la mayor naturalidad, sin esfuerzo ni violencia, los cambios más sorprendentes de sortijas, pañuelos, limones, cartas, tarjetas, bolas, cajas, de todo cuanto caía en sus manos, en aquellas manos sin fondo ni medida, de donde todo salía y donde todo se abismaba. Bosco empleaba esta frase: «Espíritus míos, obedecedme,» y a este mandato se hacen invisibles los objetos que tiene entre sus manos, y a este mandato escapan las sortijas de los dedos de les espectadores, y cae entera la carta que acaba de subir en pedazos. ¿Hemos de referir una por una las suertes que hizo? Sería cosa de nunca acabar. Pero no concluiremos sin marcar algunas: le llenó a uno la mano de monedas, la mandó cerrarla fuertemente, y sin acercarse a él, las monedas aumentaban a disminuían a capricho del que las apretaba». Ante los periodistas predijo por escrito la carta en la que el espectador se detendría e hizo desaparecer una sortija para que reapareciera en el interior de un limón.

Esta crónica tan expresiva se puede leer en La Iberia, pero también en La España y en El Mundo pintoresco, periódicos enfrentados en todo lo demás. Por lo que imagino que se trataba de una inserción pagada. Una inserción publicitaria hábilmente disfrazada de crónica.

De hecho a los pocos días dos de los periódicos ya andaban a la gresca a propósito de BoscoLa España acusó al diario rival de hacer trampas y escamoteos: «Bosco es más que un hombre, es más que un sabio es un sistema político completo, es más todavía, es La Época» .Y La Época, ofendida, respondió «Nuestro colega, en su modestia, no ha querido llevar más adelante su hipérbole; nosotros la concluiremos diciendo que Bosco es aún más que La ÉpocaBosco es casi tanto como los amigos de La España, que escamoteaban electores de las listas hasta el punto de haber hecho necesaria su rectificación».

La realidad es que Bosco, el viejo soldado de Napoleón, apresado por los rusos en la batalla de Borodino y deportado a Siberia, triunfó en el teatro Tirso de Molina. Tenía ya muchos años y estaba muy grueso pero su función duraba casi tres horas que encaraba con la misma energía que le permitió sobrevivir a la deportación. Su versión de los cubiletes y las cabezas trocadas de dos aves vivas ‒una blanca y otra negra‒ forman parte de la historia de la magia.

Él y Comte fueron los dos prestidigitadores más célebres de la generación inmediatamente anterior a Robert-Houdin. Siete años antes había publicado su autobiografía «Las aventuras de Bartolomeo Bosco de Turín, profesor de prestidigitación”. Ese día de agosto de 1851 : «Escribió en un papel; lo dobló, y se lo dio a otro. En seguida cogió la baraja y empezó a echar cartas, diciendo que le mandara detenerse cuando quisiera. Bosco contó hasta que le dijo el otro: ¡deteneos! Era la novena carta. Leímos acto continuo el papel que nos había dado, y decía así: «El caballero mandará que me detenga a la novena carta.»

La vida es un juego de magia. Sólo cinco años después la carta era la última y el caballero era la muerte. Bosco murió en Dresde, arruinado.

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Ramón Mayrata

Ramón Mayrata

Poeta y novelista, ha ejercido también el periodismo escrito y ha trabajado como guionista de radio y de televisión. A los diecinueve años publicó su primer libro de poemas: "Estética de la serpiente" (1972). Un año antes aparecieron sus poemas iniciales en la antología "Espejo del amor y de la muerte", prologada por Vicente Aleixandre (1971). Trabajó como antropólogo en el antiguo Sahara español en pleno proceso de descolonización. Estas experiencias fueron la materia de su primera novela: "El imperio desierto" (Mondadori, 1992). Su amplia bibliografía incluye títulos como "Valle-Inclán y el insólito caso del hombre que tenía rayos x en los ojos", "El mago manco" y Fantasmagoría. Magia, terror. mito y ciencia".
Junto a Juan Tamariz fundó y dirigió la editorial Frackson especializada en libros técnicos de magia. Autor de innumerables artículos en periódicos y revistas, en la actualidad colabora en "El Norte de Castilla".