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«Batman: Mi principio y mi probable fin» (1986-1987), de Alan Davis

Alan Davis es uno de los grandes dibujantes de superhéroes de la historia. No cabe duda alguna al respecto. Dio el salto desde su Reino Unido natal a los EE.UU a principios de los años ochenta del pasado siglo, en lo que se dio en llamar la “Invasión Británica”: la llegada de numerosos profesionales ingleses a la industria del comic USA, ejemplificada en nombres como Alan MooreNeil Gaiman o Brian Bolland, por citar sólo unos pocos.

Principalmente, la carrera de Davis ha estado vinculada a la editorial Marvel y, en menor medida, a  DC, su directa competencia.

En 1985 comenzó dibujando Batman y los Outsiders para DC, sustituyendo al clásico, aunque acartonado, Jim Aparo; quince episodios en los que Batman se convertía en líder de un supergrupo, de corte similar a los X-Men o los Vengadores. La parroquia de fans de Batman siempre se ha mostrado dividida ante esta colección Aborrece de ella el núcleo duro del fandom, que considera a Batman un personaje solitario por antonomasia.

Sea como fuere, Davis hizo un trabajo lo suficientemente bueno para que el editor Dennis O`Neil le fichara en 1986 como dibujante de Detective Comics, la colección decana de Batman. Recordemos que en la época, DC era un hervidero de actividad y renovación: por un lado, estaban en proceso de publicación dos obras capitales de la historia del cómic: Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, y Batman: el regreso del señor de la noche de Frank Miller. Por otro lado, tras casi cincuenta años de universo superheroico, DC acometía su reforma con Crisis en tierras infinitas, de Marv Wolfman y George Pérez, en un intento por simplificar y unificar el inconcebible número de universos paralelos y las distintas versiones de cada personaje en cada uno de ellos: el Batman de Tierra-1, Tierra-2, etc.

En este contexto, desembarcó Davis en Detective Comics, acompañado por Paul Neary, uno de sus entintadores de cabecera, y el guionista Mike W. Barr, autor de los textos de los Outsiders y conocido por Camelot 3000, revisión del mito artúrico en clave de ciencia-ficción.

Fruto de sus esfuerzos son los números 569 a 574 de la mencionada colección, recopilados en 2018 por ECC en el volumen Batman: mi principio… y mi probable fin (recordemos que así se tituló el Detective Comics nº 574, publicado en mayo de 1987). Quizá esta etapa no sea comparable a las del mencionado O`Neil y Neal Adams o Steve Englehart y Marshall Rogers, pero calificarla sólo de clásico menor sería pecar de cicatero.

Son seis joyitas en forma de tebeo. A saber: el enésimo enfrentamiento entre Batman y el Joker, con Catwoman de por medio (nº 569 y 570), el regreso de un estremecedor Espantapájaros (nº 571), el Hombre Elástico y Slam Bradley unen sus fuerzas con Batman para hacer frente a un descendiente del Profesor Moriarty (nº 572), el Dúo Dinámico se enfrenta al Sombrerero Loco, resultando Robin gravemente herido (nº 573), y, como colofón, Batman rememora los años que van desde el asesinato de sus padres hasta que se enfunda el manto del murciélago, estableciendo las claves del origen del personaje post-Crisis (nº 574).

Insisto, seis joyas que no deben faltar en la colección de cualquier aficionado a Batman o los superhéroes en general; tanto por el elegante dibujo de Davis como por el buen hacer literario de Barr, uno de los guionistas de Batman más infravalorados.

Debo indicar que esta edición recupera dos historias del número 572 que no fueron publicadas por ediciones Zinco, cuando se publicó en España por primera vez hará unos veinticinco años. Este número especial conmemoraba los cincuenta años de Detective Comics e incluía tres historias más, protagonizadas por Slam Bradley, sabueso en la onda de Hammett o Chandler, el Hombre Elástico, detective y superhéroe a partes iguales, y el mismísimo Sherlock Holmes. Como digo, las dos últimas estaban inéditas.

Al connoisseur de Batman no se le escapa que el número 575, debido a los mismos autores, no está incluido en el tomo. Se trata de la entrega que abría el arco argumental Batman: año 2 (Detective Comics 575-578). El porqué de la espantada de Alan Davis tras dibujar un único número está envuelto en habladurías, que la vinculan a un choque de egos con Dennis O`Neil. Se criticó a Barr por hacer que Batman llevase una pistola, con la que asesinaron a sus padres para más inri, pero recordemos que en aquellos días se estaba redefiniendo al personaje, fusionando elementos del Batman de Tierra-1 (el de la Edad de Plata) y Tierra-2 (la Edad de Oro).

De nuevo apelo a los grandes conocedores del personaje, recordando que Batman portaba una pistola y funda al cinto en Detective Comics nº 33 (noviembre de 1939), o empuñaba armas en los números 32, 35 o Batman nº 1 (primavera de 1940).

Davis dibujó una pistola Mauser, que no coincidía con la Colt automática que David Mazzuchelli había dibujado en Batman: año uno (Batman 404-407), siguiendo el guión de Frank MillerO`Neil le pidió a Davis que rectificara el dibujo, para que el arma coincidiese con la de Año Uno, pero este lanzó un órdago: si había que cambiar la pistola que lo hiciesen los de la otra serie y, si le obligaban, debería encargarse un tercero porque él abandonaría DC.

Dicho y hecho: O`Neil no reculó, Davis dimitió y Dick Giordano tuvo que redibujar la pistola del número 575; siendo el dibujante Todd McFarlane quien concluyó el arco argumental.

Esta historia tiene un epílogo. Davis se marchó a Marvel, donde puso en marcha Excalibur, junto a Chris Claremont, pero en 1991 regresó a DC para dibujar Batman: Círculo Mortal, secuela de Batman: año dos escrita por Barr. Pero esa es otra historia…

Copyright del artículo © José Luis González Martín. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes  y sinopsis © ECC Ediciones, DC Comics. Reservados todos los derechos.

José Luis González Martín

José Luis González Martín

Experto en literatura, articulista y conferenciante. Estudioso del cine popular y la narrativa de género fantástico, ha colaborado con el Museo Romántico y con el Instituto Cervantes. Es autor de ensayos sobre el vampirismo y su reflejo en la novela del XIX.