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Saber elegir

Alguna vez, Ortega y Gasset llamó la atención sobre el hecho de que las palabras inteligencia y elegancia tienen una raíz común: la eligentia latina, la cualidad de quien sabe elegir.

Tanto el inteligente como el elegante poseen la sabiduría del buen elector. Quizá cabría añadir un tercer término, el de diligencia, ese proyecto de servicio que -otra vez Ortega‒ caracteriza al hombre noble. Y ya que estamos semánticos y un poco etimológicos, se ruega no confundir nobleza con aristocracia.

Inteligir es discernir, distinguir, preocuparse por lo distinguible, lo distinguido y lo distinto. Inteligir es aceptar y explorar la diversidad del mundo, en todo lo que tiene de inteligible (valga la insistencia) y también de enigmática, ya que el primer acto de la inteligencia es la admisión de lo que podemos y no podemos entender. El creer que todo es inteligible o que nada lo es nos conduce a la confusión, el trance o el éxtasis, pero no al conocimiento.

Vaya lo anterior para volver al par inicial. La elegancia, en efecto, parece una cualidad personal, íntima, que se proyecta hacia el afuera una vez que ha arraigado en el adentro. Se es elegante como se es inteligente, por una vocación selectiva. Nada menos elegante que el esfuerzo por aprender la elegancia, la constitución de un código de la elegancia.

El primer caso es el que conocemos por cursilería; el segundo, una operación de marketing, en la cual una empresa nos asegura la elegancia introyectada desde fuera si nos avenimos a comprar sus productos. Yo selecciono por ti, dice el vendedor, y nos llena los armarios de objetos elegantes. Las tres palabras pertenecen al ámbito de la libertad y, por lo mismo, del riesgo.

El saber elegir no nos proporciona certezas; muy por el contrario, nos exige apostar. Ganamos o perdemos pero, en cualquier caso, el mundo se habrá enriquecido con nuestro gesto aleatorio, y nosotros con él, con el gesto y con el mundo.

Imagen superior: Pixabay. CC.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Editado originalmente en Cuadernos Hispanoamericanos y publicado en Cualia con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")