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Sálvese el que trepa

“La maldad usa muchas mascaras, la más peligrosa es la mascara de la virtud.” Andrew Kevin Walter en Sleepy Hollow (1999)

Hace mucho tiempo, en una conversación con Pepe Sancho, me comentó que si algún día escribiera sus memorias, estas se llamarían Sálvese el que trepa, por la cantidad de arribistas con los que se había encontrado en esta profesión. Me pareció un magnífico título.

Y es que todos estamos al cabo de la calle de que este es el país de los trepas, esa subespecie humana que merecería al menos un par de capítulos del National Geographic.

Los individuos de esta categoría se caracterizan porque, a base de reptar como culebras, se introducen en cualquier río para nadar –siempre a favor de la corriente, por supuesto– y mediante saltos inexplicables, son capaces de elevarse por encima de los otros para, finalmente, extendiendo unas alas –falsas casi siempre– volar más alto que cualquiera que se lo haya currado con un mínimo de dignidad.

Una vez alcanzado este status, es difícil que lo abandonen. Así, van deslizándose de una corriente aérea a otra, y rara vez vuelven al duro suelo. De un puesto planean hasta otro, a menudo incluso mejor remunerado, y van dejando tras de sí el rastro de sangre de sus víctimas.

Si miras los zapatos de esos individuos, los encontrarás llenos de pelo por la cantidad de cabezas que han tenido que pisar. A decir verdad, llevan a sus espaldas más cadáveres que el sepulturero de la Almudena.

Podríamos pensar que, en esta sociedad que padecemos, el arribista a su vez puede ser fagocitado por un espécimen más ambicioso, aún más voraz.

Cierto pero, como nos enseñan los documentales de La 2, los individuos de la misma especie se reconocen enseguida y rara vez suelen enfrentarse si no es estrictamente necesario. Así, prefieren coexistir pacíficamente, llevándose cada uno su parte de la presa. No, no es antropología. Es zoología en estado puro.

En el ecosistema del show bussiness donde habito profesionalmente, el trepa es una especie que abunda. Si en otras actividades laborales estos individuos se multiplican gracias al dinero o a la posición social, aquí contribuye a su crecimiento y expansión un nuevo factor que multiplica por diez su actividad: el ego. “Que me vean. Que me reconozcan por la calle. Que me pidan autógrafos. Que me quieran…”

Así, los codazos en los dientes para quedarme con el programa que tú presentabas, con la autoría de la serie que tú creaste, con el aplauso de la crítica que te han dedicado, o con los premios que tú has ganado, son moneda de cambio habitual.

Menos el primero de los ejemplos que he citado, he sufrido todos los demás.

Uno, en su juventud (¡bendita ignorancia!), pensaba que en el premio llevarían la penitencia. Que el malo nunca vence. Que hay justicia poética. Que Dios en su inmensa sabiduría… Pues no. Son excusas de la conciencia que, a menudo, es mal pagadora. En este mundo, como decían en El último gran héroe, los malos sí pueden ganar. Y a menudo lo hacen.

Félix Rodríguez de la Fuente habría descrito perfectamente a esta variedad humana. Resulta especialmente peligrosa ya que el trepa, en más de un caso, tiene una apariencia frágil y luce una sonrisa angelical, pero esconde un depredador implacable. Así, uno sólo nota el ataque cuando el trepa o la trepa, como sucedía en La invasión de los ladrones de cuerpos, ya ha ocupado tu puesto. A partir de ese momento, no hay nada que hacer. Tan sólo te queda observar cómo él o ella te ha reemplazado, y luego ver la cara de cretino que se te ha quedado al otro lado del espejo…

Copyright del artículo © Pedro Luis Barbero. Reservados todos los derechos.

Imagen de «Cómo acabar con tu jefe» («Horrible Bosses») © 2011 New Line Cinema, Rat Entertainment, Warner Bros. Entertainment. Reservados todos los derechos.

Pedro Luis Barbero

Pedro Luis Barbero es guionista y director de cine y televisión. "Tuno negro" (2001), su primera película, se convirtió en el debut más taquillero de ese año en el nuestro país. Para la pequeña pantalla destaca por haber escrito y dirigido el programa Inocente Inocente con el que consiguió el Premio Ondas, así como diversas series como "Impares" (2008) o "¡Viva Luisa!" (2008). En 2016 rodó el largometraje "El futuro ya no es lo que era".