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Historia de una traducción

Resulta que el V Duque de Béjar, Francisco Diego López de Zúñiga y Mendoza, se hizo muy devoto de San Antonio Abad a raíz de un suceso milagroso acaecido en su familia. A saber. Parece que su primogénito, Francisco Diego, había nacido con un brazo tullido, un brazo que no podía mover. Y su ama de cría, cuyo nombre desconocemos, decidió encomendárselo a San Antonio Abad, el santo de las alucinaciones.

Con tan buena fortuna, la encomienda, que el pequeño Francisco Diego empezó a estirar los deditos, poco a poco, y luego a estirar el brazo, poco a poco, hasta que el tullimiento desapareció. Y fue así, de esta manera, cómo el V Duque de Béjar que, a la sazón, vivía en Sevilla, decidió hacer un algo que sirviese como agradecimiento al milagro antoniano. Y encargó la traducción de la Antonianae Historiae compendium (Lugduni, Theobaldi Payen, 1534), de Aimar Falco, comendador del convento antoniano de Bar-le-Duc, escrita a instancias de Antoine de Langeac, decimonoveno abad de la Orden Antoniana, y tomando como fuente documental los archivos de la orden conservados en la Abadía de Saint-Antoine de Viennois, casa matriz.

¿Por qué esa obra? Pues a saber. Lo cierto es que mandó su traducción. E hizo el encargo a uno de los religiosos más sabios y reputados de aquella Sevilla caput mundi, a la sazón, a fray Fernando Suárez, Provincial Carmelita de Andalucía.

La traducción se hizo tanto de esperar que, al final, el quinto Duque acabó muriendo, quedando encargado de terminar la tarea su sucesor, Alonso Diego, el mismo que figura en la portada de nuestro libro de libros, es decir, del Quijote. Dicen que Alonso Diego era melancólico, algo lelo, sólo interesado por la caza… sea como fuere, cumplió con su padre, y el Compendio de la Historia Antoniana de fray Fernando Suárez vio la luz en la Sevilla de 1603. Un ejemplar bellísimo, con una portada fastuosa, presidida por la figura de San Antonio Abad con todos los distintivos que le identifican: un libro abierto en la mano derecha y una campanilla colgando de un dedo; el báculo en forma de tau en la mano izquierda y la letra T pintada en el pecho; el fuego sobre el que tiene poder a sus pies y un cerdo a su vera. Estampa enmarcada entre el escudo de la orden carmelita a la derecha, a modo de representación del traductor encargado de hacer la versión castellana, y el escudo antoniano a la izquierda, con el emblema imperial del águila bicéfala y la tau en el centro que fue concedido en 1502 por el emperador Maximiliano I a la Orden Antoniana. Maximiliano I, sí, el abuelo de Carlos V, el bisabuelo de mi Felipe. Si es que, al final, el mundo es un pañuelo…

¿Alonso Diego, sucesor de su padre? ¿Y el objeto del milagro? ¿Y aquel chiquitín Francisco Diego que recuperó su brazo inútil? Pues parece que, llegada la hora de tomar el relevo a tal Grandeza de España, renunció, haciéndose dominico en el Convento de San Pablo el Real, de Sevilla, con el nombre de fray Francisco de la Cruz. Convento del que, hoy en día, tan sólo queda la Iglesia de la Magdalena. Y se me saltan las lágrimas sólo de pensar la de veces que mis pasos han hollado ese suelo, han pasado por esa iglesia, se han parado ante ese escaparate fastuoso que es la Confitería San Pablo. Lágrimas como puños…

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Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.
Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran "El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II" (1998), "Los amantes del arte sagrado" (2000), "Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias" (2002), "Alquimia, el gran secreto" (2002), "Las plantas mágicas" (2002), "Magos y Reyes" (2004), "Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado" (2005), "Los libros malditos" (2005), "Inferno. Historia de una biblioteca maldita" (2007), "Historia de las hierbas mágicas y medicinales" (2008) y "Evas alquímicas" (2017).