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«The Boy in the Bubble» (1986), de Paul Simon

Paul Simon viajó a Sudáfrica en 1985 para grabar con músicos de los guettos negros. Antes de llegar, se había empapado de la música de ese país. Encontró una canción de un grupo llamado Tau Ea Matsekha, que decidió grabar. El líder y compositor era Forere Motloheloa, y Simon contactó con él para reformular el tema en estudio, junto al resto de músicos de la banda. Cuando volvió a Estados Unidos, Simon escribió la letra, cuyas palabras tenían que encajar tanto con la peculiar cadencia y ritmos de la música sudafricana como con la compleja melodía que el productor Roy Halee montó a partir de las grabaciones que había hecho Simon en Johannesburgo.

Le llevó bastante tiempo a Simon terminar esa letra, que en realidad, no trata sobre las experiencias del cantante en África, sino sobre las discutibles bendiciones de la tecnología moderna: cuanto mejor se nos da esquivar a la muerte, encontramos maneras más ingeniosas y eficientes de matar. En suma, este es un tema que aúna esperanza y temor, potencial y desafíos.

Paul Simon tuvo que atravesar un auténtico campo de minas cuando viajó a Sudáfrica. Para empezar, seguía en vigor un boicot cultural de las Naciones Unidas cuyo propósito era presionar a los líderes politicos blancos para abolir el Apartheid. Se trataba de evitar que los músicos más populares acudieran a lugares como Sun City, donde tocaban sólo para la clase blanca gobernante del país. El problema era que cualquier violación de ese boicot podía hacer saltar por los aires las sanciones, y por ese motivo, muchos sudafricanos negros no vieron con buenos ojos la visita de Simon.

También tuvo que luchar contra las acusaciones de estar utilizando talento africano para su propio beneficio: otro explotador blanco que saqueaba a los países más desfavorecidos.

Sin embargo, pagó bien a los músicos y los acreditó como autores de las canciones en las que basó sus propios temas. Así, “The Boy in the Bubble” tiene como autores tanto a Simon como a Forere Motloheloa.

El problema con las sanciones contra Sudáfrica es que, al impedir que los músicos extranjeros actuaran allí, también confinaban la música local. Simon solo tuvo acceso a ella en Estados Unidos, gracias a la cinta pirata que le pasó un amigo.

Además de por su calidad musical, el álbum resultante, Graceland, fue histórico: presentó la riquísima música de Sudáfrica al mundo y, con ella, atrajo la atención del público sobre la lucha política que allí se estaba librando.

Simon ignoró a los políticos en todo momento y se llevó de gira a algunos de sus músicos sudafricanos favoritos, haciendo que violaran las sanciones pero, al mismo tiempo, brindándoles la oportunidad única de tocar en estadios de todo el mundo. Leyendas exiliadas de la música sudafricana como Miriam Makeba y Hugh Masekela también se unieron a la gira y apoyaron a Simon.

Solo en Norteamérica, Graceland vendió cinco millones de copias. Mucho más que en cualquier otro lugar. Sin embargo, los singles, sorprendentemente, tuvieron poco éxito en las listas, ya que no se ajustaban a las radiofórmulas habituales. Ni siquiera el video de “The Boy in the Bubble”, que había sido realizado con elaborados efectos por ordenador, caló en la MTV.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".