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Ralf Hütter: «La música de Kraftwerk sigue perfectamente viva»

The Mix fue el décimo álbum de estudio de Kraftwerk. Tras su edición, el 11 de junio de 1991, tuve la ocasión de entrevistar a uno de los miembros fundadores del mítico grupo alemán, Ralf Hütter. Aquella conversación, incluida en el programa Orient Express cuando éste se emitía a través de Radio Popular, me permitió indagar sobre ciertos detalles de la trayectoria de la banda. Era una oportunidad única, porque Kraftwerk no es un grupo fácil de entrevistar. Su contacto con la prensa ha sido muy esporádico, en consonancia con ese aire misterioso que siempre cultivaron Hütter y Florian Schneider.

Como podréis comprobar, Hütter explica la transformación del centro creativo de Kraftwerk, el Kling Klang Studio, cuando este tuvo que dar el salto del formato analógico al digital. En realidad, ese cambio tecnológico era una excusa más bien vaga para justificar la escasez de material nuevo que aparecía en The Mix. De hecho, el álbum no incluía ninguna novedad y venía a ser un recopilatorio remasterizado, con ciertos cambios en temas ya clásicos, como «The Robots», «Computer Love», «Pocket Calculator», «Autobahn», «Radioactivity» o «Trans-Europe Express».

¿Se da todavía en la música de Kraftwerk esa erótica relación entre hombre y máquina a pesar de la nueva tecnología digital?

Por supuesto. El trabajo conjunto entre hombres y máquinas es para nosotros lo más importante que ha sucedido en este siglo.

¿Hay algo que se pierda en la lírica de sus grandes piezas de los años setenta con estas transformaciones digitales?

Siempre hemos igualado lo que es lírica, imagen y tecnología. La música de Kraftwerk es eminentemente visual. En este sentido, seguimos llevando a los mismos niveles la imagen, el aspecto tecnológico y los demás aspectos de nuestra producción.

Desde que publicaron su anterior álbum, han pasado cinco años. En realidad, durante la última década solo han lanzado tres discos, Computer World (1981), Electric Café (1986) y The Mix (1991). ¿No es mucho tiempo diez años para lanzar solo tres discos, uno de los cuales encima es de remezclas?

A lo largo de los últimos años hemos asumido un nuevo salto tecnológico a través de los ordenadores, introduciendo el lenguaje digital en nuestros equipos. Hemos adaptado nuestro estudio, actualizando todos nuestros componentes de la tecnología analógica a la digital. De igual modo, toda nuestra música ha sido almacenada digitalmente en nuestros ordenadores. Además, hemos dado vida a nuestros robots gracias a una monitorización digital que permite nuevos movimientos. También hemos generado nuevos avances tecnológicos que han requerido bastante tiempo.

Sin embargo, no han publicado ningún material nuevo…

No. Solo nos hemos dedicado al equipamiento de nuestro estudio. Es ahora, en 1991, cuando ya hemos completado todo ese trabajo, y por fin podemos ofrecer nuestro primer álbum en todo este periodo. También hemos emprendido una nueva gira por todo el mundo. Acabamos de actuar en Inglaterra, donde hemos puesto a funcionar todas nuestras máquinas. No hay nada en el mundo que se pueda comparar con lo que hacemos.

Siempre tuve la curiosidad de saber exactamente qué hacen los componentes de Kraftwerk cuando no están en el estudio. ¿Se dedican a otras actividades o solo al grupo?

Solo trabajamos para Kraftwerk. Desarrollamos música, vídeo, imágenes, software y hardware para nuestros componentes electrónicos. También somos muy aficionados al ciclismo, y cuando tenemos tiempo, en vacaciones, o los sábados y domingos, cogemos las bicis de carreras y nos vamos a los Dolomitas. Hemos estado en Mallorca, Francia, los Alpes, Italia… Los fines de semana nos quedamos en Alemania para practicar.

[Ralf Hütter es propietario de varios modelos distintos de bicicletas y lee de forma habitual L’Equipe. La disciplina de Kraftwerk incluía una rutina diaria: recorrer sesenta kilómetros diarios en bicicleta].

Hay que recordar que en los años setenta los miembros de Kraftwerk estaban completamente solos en esto de la electrónica musical. Eso cambió a partir de los años ochenta. ¿Qué opina de la actual escena tecno mundial? Ustedes siempre fueron una influencia para muchos artistas.

Sí, es fantástico. Cuando empezamos, a finales de los sesenta y principios de los setenta, e incluso a mitad de los setenta, a través de nuestras giras y discos, recibimos un montón de críticas negativas. Incluso desde el mundo de la música. Y solo por componer e interpretar a través de instrumentos no convencionales. Ahora, en los últimos años, es increíble lo mucho que se ha extendido este formato en Bélgica, Alemania, Italia, Inglaterra… Así que para nosotros se trata de un definitivo asentamiento en este lenguaje.

¿Hay algún nombre especial entre sus artistas electrónicos favoritos?

No. Encontramos todo este desarrollo bastante creativo y positivo. Hay muchos artistas a los que conocemos personalmente, y no se puede elegir uno solo de tantos.

Es una pena que muchos de ellos sean ahora más conocidos que Kraftwerk entre las nuevas generaciones.

No, eso no es ningún problema.

¿Lo cree así?

Sí. Tenemos nuestro público, nos gusta lo que hacemos y nos basta con eso.

¿Qué criterio han seguido para grabar los temas que aparecen en The Mix?

Como le decía, hemos programado toda nuestra música de nuevo en nuestro propio estudio, el Kling Klang Studio. También hemos desarrollado un formato del Klin Klang apropiado para llevarlo a los conciertos con nosotros. Y eso incluye todas nuestras computadoras, máquinas y demás instrumental.

Para grabar toda la música de Kraftwerk en formato digital hemos elegido una pieza representativa de cada una de las diferentes etapas de del grupo: «Autobahn» (Autobahn, 1974), «Radioactivity» (Radioactivity, 1975), «Trans-Europe Express» (Trans-Europe Express, 1977), «The robots» (The robots, 1978), «Computer love» (Computer world, 1981)… Son temas de cada época, que hemos querido traducir a digital para ese importante documento de la vida de Kraftwerk que es este álbum. Todo ese trabajo también se incorpora a la gira.

¿Han llegado a componer nuevas canciones?

Tenemos nuevos músicos que están en fase de desarrollo. El próximo año estaremos en disposición de dar a conocer el trabajo que hemos hecho con ellos.

¿El próximo año editarán un nuevo álbum?

Sí. Ahora la gira sigue su curso: después de Europa, iremos a Estados Unidos y Japón. A finales de este año, volveremos a Düsseldorf y nos pondremos a trabajar de inmediato en nuestra nueva música

[Me hace gracia que aquí Ralf Hütter anunciase que el hipotético nuevo álbum de Kraftwerk saldría en 1991. En realidad, esto no sucedió hasta 2003, cuando editaron Tour de France Soundtracks. No grabaron nada nuevo en ocho años. Su único tema nuevo entre uno y otro disco fue «Expo 2000», un jingle encargado para la Expo de Hannover].

Sus robots gozan ahora de movimiento sobre el escenario. ¿Por qué no lo habían podido hacerlo antes?

Esto tiene mucho que ver con los avances de la tecnología. Ahora existen buenos programas de ordenador que permiten sincronizar los movimientos de los robots con las secuencias musicales. En los años setenta solo podíamos contar con maniquíes estáticos, pero ahora pueden moverse. Hemos desarrollado buenos motores para ellos.

¿Qué queda en su música de aquello que vivieron a principios de los setenta? Me refiero a la vanguardia industral y al minimalismo de Stockhausen o John Cage.

Todo.

¿Y lo aceptan las nuevas generaciones?

Sí. Siempre hemos considerado que nuestra música es minimalista. Tenemos pocos textos, las letras son solo palabras clave para presentar ciertas escenas, como en el cine o en el teatro. Nuestra música se compone de pocos tonos, los justos. De ahí el nombre de Kling Klang Studio. Es nuestro concepto. Con las nuevas técnicas, empieza una nueva fase para nosotros, en la que no solo es posible la creación sonora, sino también una debida representación musical. Tenemos imágenes de video, y hemos encargado infografías para poder presentarlas en nuestros videoclips y directos. Viene a ser algo así como un cine multidimensional y multifuncional.

Quizá hace veinte años no se podían imaginar lo influyente que iba ser su música entre la nueva escena de color, la black music. Ustedes son alemanes, vienen del valle del Rin y sin embargo, tienen un gran peso específico entre los músicos del gueto, a miles de kilómetros de Alemania.

Eso prueba lo fantástico de ese vehículo que es la música electrónica. Siempre tuvimos ese carácter dinámico en nuestra música, gracias a que su fuerza conductora han sido siempre los ritmos electrónicos y repetitivos, minimalistas. De alguna manera, esto ha tenido importancia en América, a través de nuestros conciertos en ciudades como Chicago o Detroit a finales de los setenta y principios de los ochenta. Siempre fuimos bien recibidos por parte de la comunidad negra. Por ejemplo, Trans-Europe Express no tuvo mucho éxito al principio en Europa, pero fue todo un éxito en los clubs de Nueva York.

Seguramente se acordará de aquella pieza de Africa Bambaataa y la Soul Sonic Force llamada Planet Rock (1982).

Era la combinación de «Trans-Europe Express» con «Numbers»… y rap por supuesto. Una mezcla magnífica.

[Uno de los miembros de Kraftwerk, Karl Bartos, coautor de «Numbers», declaró al respecto: «Al principio estábamos muy enfadados, porque no acreditaban a los autores». Kraftwerk se puso en contacto con el sello responsable de «Planet Rock», Tommy Boy Records. Su propietario, Tom Silverman, aceptó pagarles una compensación: el grupo alemán recibiría un dólar por cada disco vendido. Sin embargo, para cubrir ese coste, Silverman elevó el precio de venta. Según otro integrante de Kraftwerk, Wolfgang Flür: «Ni siquiera nos preguntaron si estábamos de acuerdo… Tommy Boy Records tuvo que desembolsar mucho dinero después de aquello, pero se limitaron a aumentar el precio de cada sencillo para costear la multa».]

¿Trabajan aún en el estudio con un horario preestablecido? ¿Algo así como si fueran obreros u oficinistas?

Sí. De hecho, trabajamos cinco o seis días a la semana en el estudio.

¿Y siempre con el mismo horario? ¿De 9 a 5?

No. Lo cierto es que trabajamos desde mediodía, sobre las tres, hasta pasada la medianoche, alrededor de la una.

¿Fabrican aún sus propios instrumentos?

En el Kling Klang Studio hay una mezcla de instrumentos propios, hechos por nosotros mismos, a partir de componentes fabricados por nosotros, y de otros encargados específicamente. También utilizamos componentes disponibles en el mercado. Lo nuestro es una mezcla de aparatos estándar y de máquinas especiales propias.

David Bowie dijo en 1987 que Krafwerk se habían convertido para él en una especie de artesanos encerrados en su estudio. Un poco exagerado, ¿no cree?

Eso no tiene sentido, justamente porque cada vez que salimos de gira sacamos a la calle nuestro estudio para llevarlo a las actuaciones con nosotros. Esta es nuestra creación musical: poder tocar en directo con nuestro propio estudio digital, que es algo así como nuestro principal instrumento.

¿No se sienten bloqueados en el estudio?

No, de ninguna manera. Con las tecnologías disponibles en red, hemos establecido un amplio círculo de colaboradores con los que trabajamos regularmente. En Nueva York, por ejemplo, hemos encargado nuevas mezclas. Allí hay un ingeniero amigo nuestro que trabaja sobre lo que nosotros le mandamos. Lo mismo hacemos en Londres. Así es la música ultramoderna.

[Ese ingeniero de Nueva York es François Kevorkian, un veterano remixer que se hizo famoso en los ochenta, a raíz de las remezclas que hizo para «Two Hearts Beat As One» y «New Year’s Day», de U2. También trabajó para muchos grupos de música electrónica del entorno neoyorquino.]

Más allá de reducir su extensión, en The Mix no han variado mucho «Autobahn» respecto a su versión original. ¿Hay alguna razón especial para ello?

Hay una pequeña variación. En directo, seguimos tocando sobre pequeñas variaciones. Justamente, gracias al nuevo sistema de grabación que hemos desarrollado, podemos hacer cada noche pequeños cambios sobre una misma pieza.

«Radioactivity» es para mí el mejor corte del álbum. También es uno de los temas que han cambiado más con respecto a la versión de 1975.

Sí, lo hemos cambiado del todo. Hemos añadido nuevos elementos. Hay varias mezclas nuevas sobre esta pieza, precisamente hechas en Londres y Nueva York. La música de Kraftwerk sigue perfectamente viva.

Hay una nueva referencia en la letra al desastre de Chernobyl…

Efectivamente, hemos querido citar a los más importantes accidentes nucleares de los últimos veinte años, así que en esta nueva actualización del tema tenía que aparecer este nombre en la lista.

¿Por qué no figura Wolfgang Flür en los créditos del disco?

Hace tiempo que no trabaja con nosotros.

¿Le han reemplazado de alguna manera?

Sí, tenemos un nuevo ingeniero de computadoras. Con él, hemos completado nuevamente nuestra formación.

[Kraftwerk siempre ha aparecido como un cuarteto, aunque no siempre con los mismos integrantes. Hütter y Schneider hacen las veces de miembros históricos, inamovibles en el núcleo principal del grupo, pero luego, en torno a ellos se han ido incorporando otros músicos, como el percusionista Wolfgang Flür. Sin embargo, poco a poco estos nuevos colaboradores acaban yéndose de la banda, quizá hartos o desesperados por esa falta de producción de novedades. Por suerte, han sabido reemplazarlos correctamente, sobre todo en esta última fase electrónica. Y lo han hecho nada menos que con los propios ingenieros de sonido que Kraftwerk tiene en su estudio de Düsseldorf. Este es, por ejemplo, el caso de Friedrich «Fritz» Hilpert].

¿Tiene algún deseo especial para este siglo XXI?

Sí… Creatividad, comunicación y una Europa unida y sin fronteras.

Este artículo amplía una transcripción de mi programa radiofónico «Orient Express», emitido por Radio Círculo © Gernot Dudda. Reservados todos los derechos.

Gernot Dudda

Gernot Dudda

Gernot Dudda inició su trayectoria periodística en la revista "El Gran Musical", y posteriormente ha escrito en medios como "Sur Exprés", "Rockdelux", "Primera Línea", "La Luna", "Popular 1", "Boogie", "Un Año de Rock", "Zona de Obras", "Batonga!", "World 1 Music" y "Efe Eme".
Fue colaborador de "El Mundo", y entre 1991 y 1999, redactor musical de Canal +. Asimismo, ejerció como periodista y crítico musical en Radio Popular FM (1986-1992) y en Radio Círculo, la emisora del Círculo de Bellas Artes. A lo largo de doce años, dirigió y presentó el programa "Orient Express".