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«Perro guardián» (2014): Luminoso cine negro

Asombrado estoy ante la avalancha de estrenos peruanos. Películas de terror, comedias, de intriga… ¡y un público deseoso de verlas! Este fenómeno me recuerda a pequeña escala aquella explosión de géneros que vivió el cine italiano en los años 60 y 70, tan vilipendiada por la crítica en su momento y que cuatro décadas después se evoca como una época dorada. ¡Que siga la racha!

Confieso que tenía mis reticencias a ver Perro guardián, y sin embargo, ahora ya vista creo que es muy importante recomendarla, porque se trata de una enorme película sin concesiones para el cine de entretenimiento estándar y puede que su alejamiento de lo convencional y lo facilón la acabe lastrando en taquilla.

La mayor reticencia previa que yo albergaba era este teaser en el que el propio protagonista, Carlos Alcántara, habla de su carrera y anima al espectador a que le otorgue un voto de confianza en su cambio a un registro “serio”. Poco podía atraer a los que nos gusta el cine de género negro per se vernos expuestos a un enfoque promocional exclusivamente ligado al destino de un actor; más bien nos disuadió. Pero claro: el objetivo no éramos los cinéfagos.

Ese teaser implantó en mi cerebro la noción preconcebida de que Perro guardián sería seguramente una película coja, un “quiero y no puedo” policíaco a la yanqui que pecaría de ampuloso y fatuo; y su teaser, una maniobra de distracción.

Nada más lejos de la realidad.

Perro guardián es una película difícil, densa, atmosférica y a veces bastante críptica. No es una película cocinada para todos los gustos. De hecho, es probable que no guste mucho a mucha gente… De ahí, imagino, la prevención de apostarlo todo promocionalmente a Alcántara y su tirón comercial.

A la hora de la verdad, él se revela muy sobrio y ajustado en su encarnación de un ex paramilitar que, como dice su guionista-director, cambia “un fanatismo por otro”: el ser un soldado de la Patria por ser un soldado de Cristo. Y es que no cuesta empatizar con este actor de facciones moriscas y nariz con carácter. Poco a poco va demostrando que, efectivamente, es capaz de ampliar su paleta de géneros: ya le toca hacer de galán romántico en la siguiente, seguro que vuelve a triunfar (curiosamente, yo que no asistí a su ascensión a la fama, jamás le he visto cara de comediante, pero me funcionaría a la perfección como galán… y también como villano).

Hay poderío arrollador en las imágenes de Perro guardián: sí, algunas metáforas resultan obvias (la humedad en el cielo raso que Perro trata de detener con hojas arrancadas de la Biblia, su retirada un poco forzada de la Iglesia ante el sermón del pastor…), pero la plasmación visual funciona siempre y el discurso autoral nunca cae en una pretenciosidad vacua. El brumoso espesor de las imágenes, tan siniestras como el alma del protagonista –muy bien punteadas por la apropiadísima música de Pauchi Sasaki–, trasciende en una palpable corrupción del entorno, que convierten esta cinta en una suerte de El corazón del ángel (Angel Heart, 1987, de Alan Parker) aplicada a la mala conciencia de un asesino adiestrado por el Estado.

Y también, sobre todo, hay un brío narrativo que hará saltar al respetable sobre su butaca, muy patente en el magnífico plano secuencia del ex convicto en el autobús y su adrenalítica resolución. Los directores, Bacha Caravedo y Chinón Higashionna, se la juegan al huir del didactismo y los diálogos aclaratorios, basándose durante gran parte del metraje en acciones mudas de Perro para que vayamos conformando nosotros mismos un puzzle con el historial emocional y vivencial del protagonista.

A modo de llamadas de atención, se trufa el recorrido con auténticas bofetadas a los ojos magistralmente resueltas en su mayoría (la ejecución de las sanciones encargadas), más allá de algún paso en falso con el sonido (que casi da al traste con el encuentro culminante entre Perro y su mesías) o algún desliz de continuidad con la luz natural.

Flanqueando con solidez a Alcántara se encuentran varios secundarios interesantes: Reinaldo Arenas está sencillamente brillante en su rol de ex militar reconvertido a líder evangelista (némesis/mentor/oráculo inquietante a la manera de Robert de Niro en el mencionado título de Parker); y Mayra Goñi supone una agradable sorpresa: su ambiguo rostro rihannesco se metamorfosea con cada encuadre y aporta bellísimos primeros planos que invitan al misterio y la fascinación… Otro acierto ha sido el de mantener la relación de su personaje con Perro fuera del plano sexual y la negligencia morbosa, otorgándole el poder de encarnar ese salvavidas (la “Inocencia”) al que el recién estrenado sicario de Dios se aferra para encontrar un nuevo Norte…

Le deseo la mejor de las suertes, nacional e internacional, a este filme. Ya otros se ocuparán de ponerle piedras, sobre todo si encima tiene éxito.

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Publicado previamente en Utero.Pe con licencia CC.

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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