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«Los repartidores de cerveza» (2009), de Pau

Editar un tomo con todas las historias de Los repartidores de cerveza, del mallorquín Pau, no fue idea mía. Era un proyecto que rondaba por Ediciones Glénat desde tiempo atrás, pero que nadie terminaba de materializar. Así que nada más integrarme en 2009, lo recogí por gusto propio y acabó siendo mi primera aportación como editor de producción propia.

En mi interesada pero sincera opinión, se trata de una serie divertidísima. No tiene ninguna coartada cultural, es de los pocos tebeos españoles de la última década que se lanza sin red al humor puro como único baluarte de cara al público.

Eso sí, Pau dibuja de maravilla, y tiene un punto a la vieja escuela que se agradece a mares. Le sale el volumen y la gracia hasta dibujando una llanta.

Y la idea gráfica del personaje que lee el pensamiento ajeno agarrando literalmente los globos de los demás y leyéndolos como tablas de piedra, me parece brillantísima y un guiño precioso al propio medio.

Sinopsis

Los repartidores de cerveza es aventura en estado puro. No falta ningún elemento. El brutal Ebro conduce el camión y se encarga de repartir leña; la bella Irina tiene tan asumido su rol erótico que incluso se siente tentada de enseñar las tetas para asegurarse su aparición en la próxima historieta de la serie; y, por fin, el bobalicón de Sobrasado se encarga de aportar el alivio cómico. Juntos y a bordo de su camión, viven las más disparatadas peripecias.

Palabra de Massi… ¡digo, Max!

Reproducimos el divertidísimo discurso que el artista Max, modelo físico del villano de Los repartidores de cerveza, leyó durante la presentación de esta obra de Pau en Palma de Mallorca (02/10/2009)

«Ejem… Señoras, señores… ¡Buenas noches! Seguramente, no debe de ser la primera vez que un personaje de cómic presenta en público el libro del cual es protagonista. Y menos hoy en día, con la cantidad de cómic autobiográfico que se produce actualmente por el mundo.  Pero estoy razonablemente seguro de que hoy sí debe de ser la primera ocasión en que el “malo” de la historia pronuncia unas palabras en la presentación del libro donde sale. Por tanto, señoras y señores, ¡estamos haciendo Historia!

Por tanto, asimismo, me siento bastante nervioso. Debo confesar que no tengo ninguna experiencia previa en todo esto. Es la primera vez que soy el malo de un cómic y no sé muy bien cómo manejarme.

Esto de ser el malo de la historia ha sido, créanme, una prueba muy dura para una persona como yo, educada en los más firmes valores cristianos. Una prueba que no estoy nada seguro de haber podido superar. Dicen los psicoanalistas que todos tenemos un lado oscuro, un Mr. Hyde oculto, dispuesto a las más enormes depravaciones. De ello podríamos deducir que, a la inversa y en justa simetría, hasta los peores criminales deberían tener un lado luminoso. Este cómic, amigos, me ha enfrentado a dicha cuestión, y ahora todo mi mundo se tambalea.

¿Y si mi vida real ‒o la que hasta ahora yo tomaba por real, y en la que tengo por norma la más estricta observación de los mandamientos divinos y las leyes democráticas y constitucionales‒ no fuese más que la proyección invertida y luminosa de otra vida más real, más sucia y caótica, una vida dedicada a la conducción temeraria y al delito? ¿Y si yo, Max Capdevila, no soy sino una sombra, la sombra imaginaria y bondadosa de esa bestia llamada Massi Capo di Vila? (…) La respuesta a mis preguntas se ha alzado, luminosa y terrible, en medio de la tempestad: Aquí, señores, hay un problema de envidia. ¡¡Pau, amigos ‒y esto hay que decirlo bien alto y bien claro‒, me envidia con toda su alma!! No, no… no es lo que estáis pensando, ¡no se trata de una envidia profesional! No es mi reconocido talento lo que Pau envidia, no. Su obsesión es mucho peor, más profunda, enfermiza y perversa. Aquello que Pau realmente envidia es mi larga cabellera, la belleza oscura y relumbrante de mis rizos naturales. (…) Pau, amigos, es un presumido y el demonio de la envidia ha corrompido su alma, ennegreciéndola hasta el punto de motivarle a dibujar este delirio de Los repartidores, este cómic bobalicón y absurdo, sin ninguna gracia y, por cierto, mal documentado (¡¡Todo el mundo sabe que en Chechenia no ha habido nunca vacas!!).

Pero Pau, quiero decirlo aquí y ahora, delante de todos, has de saber que no te odio ni te guardo rencor alguno. No eres responsable de tus actos, estás trastornado. El Demonio te ha poseído y estás malgastando tu enorme talento haciendo tebeos patéticos como éste. Necesitas ayuda.  Por eso me gustaría invitarte a que vengas al “Culto” uno de estos días. La Congregación te acogerá como a un hermano; no te haremos preguntas ni te juzgaremos; escucharemos tus problemas y compartiremos tu sufrimiento; leeremos pasajes emocionantes de las Sagradas Escrituras y entonaremos juntos himnos liberadores. Y el Pastor, quizá, pueda guiarte hacia la única y verdadera Luz. Ven cuando quieras, te recibiremos con los brazos y corazones abiertos. Eso sí, Pau, aunque sea por una vez, deberías ponerte corbata».

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Previamente publicado en Comicsario, un blog para la fenecida editorial Glénat España. Reservados todos los derechos.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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