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Lo que no se planteó hacer Verdi. «I Promessi Sposi», de Amilcare Ponchielli

Es raro que Verdi, que admiraba a Alessando Manzoni hasta la adoración y que tenía como lectura de cabecera su preciosa obra I promessi sposi (Los novios), no se planteara (¿atreviera?) pasar al pentagrama tan magna, movida y entretenida novela.

De la tarea se ocupó el cremonés Amilcare Ponchielli, en el ardor y en la osadía de sus veintipocos años, dos décadas antes de imponer en todos los repertorios la única muestra perdurable de su indudable talento para dar gusto a los cantantes (acabaría casándose con la soprano Teresina Brambilla, con la que no fue del todo feliz) y a los públicos: La Gioconda.

I promessi sposi que ha llegado a nuestros días es producto de una revisión hecha por el compositor veinte años más tarde de aquel estreno juvenil, en 1872, probablemente para competir con la partitura que por entonces había estrenado el palermitano Errico Petrella. La revisión de 1872 añadió algunas aportaciones literarias de Emilio Praga, uno de los compañeros de fatigas de Boito en eso de la Scapigliatura y padre de Marco, libretista, entre una casi manifestación de literatos, del texto de la Manon Lescaut pucciniana.

El texto del anónimo libretista original con la posterior aportación de Praga sólo recoge de Manzoni la trama amorosa o el largo camino de Lucia Mondella y Renzo Tramaglino hacia su felicidad sentimental, poco más de dos horas de música, desde una excelente obertura potpurrí y un bonito intermezzo (está ya próximo el verismo), a las esperados dúos (tres) y arias de lucimiento para la pareja protagonista, por supuesto escritas para la soprano (la estupenda «O Santa Vergine») y el tenor («Al’umile ostel nativo», donde ya comienza a sentirse la influencia de Verdi, en este caso muy primera época), también con páginas solistas para el resto del equipo, Don Rodrigo, que como es el barítono se opone a la dicha de aquéllos, y Fra’ Cristoforo, que como es bajo intenta ayudarlos.

Particular interés tiene un terceto al final, con una primera parte a cappella, entre la pareja y el fraile benefactor que resume un poco la suma de influencias y originalidades de una ópera que merece ser conocida y disfrutada.

La versión que hoy les recomiendo es, simplemente, discreta, muy dignificada por una batuta afecta a estos cometidos, Silvano Frontalini, pues no en vano ya grabó la obertura en 1990 y en 2000 acompañó en aquella preghiera a Natalia Margarit. De cualquier manera, no hay acceso a otra versión completa; únicamente G.O.P. ofrece una alternativa, pero sólo en selección aunque, eso sí, con la Lucia inconmensurable de Magda Olivero.

Disco recomendado: Amilcare Ponchielli (1834-1886): «I Promessi Sposi» (Ópera en cuatro actos) / Maurizio Zanchetti, Natalia Margarit, Marcello Baedoni, Roberta Mattelli. Orquesta de la Opera Nacional de Ucrania. Dir.: S. Frontalini / Bongiovanni / Ref.:GB 2356/57 (2 CD)

Copyright © Fernando Fraga. Este artículo se publica en Cualia por cortesía del autor y de Diverdi. Reservados todos los derechos.

Fernando Fraga

Fernando Fraga

Es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico y conferenciante.
Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista "Scherzo".
Asimismo, es colaborador de otras publicaciones culturales, como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Crítica de Arte", "Ópera Actual", "Ritmo" y "Revista de Occidente". Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros "Vivir la ópera" (1994), "La ópera" (1995), "Morir para la ópera" (1996) y "Plácido Domingo: historia de una voz" (1996). Es autor de las monografías "Rossini" (1998), "Verdi" (2000), "Simplemente divas" (2014) y "Maria Callas. El adiós a la diva" (2017). En colaboración con Enrique Pérez Adrián escribió "Los mejores discos de ópera" (2001) y "Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD" (2013).