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La voz de Vicente Fernández

En casa éramos más de la generación anterior de cantantes de mexicanas: Antonio Aguilar, Lola Beltrán, Jorge Negrete, Aceves Mejía. Sin embargo, en 2005 me llevé un disgusto muy grande cuando durante un viaje a Las Vegas fracasé en adquirir una de las agotadísimas entradas para ver actuar a Vicente Fernández (1940-2021) junto a la sensacional diva de la ranchera LGTBI, Ana Gabriel.

Me resarcí, en el caso de él, cuando vino de gira a Barcelona en 2012: qué jartón de reír su tic de vieja gloria que no sale al escenario hasta tres horas después de lo anunciado para que los ambulantes puedan vender toda su provisión de pollos a la brasa entre la concurrencia. Qué sensación la de formar parte de un ritual folclórico de tarde completa anterior al rock, viéndole bramar sus canciones con el micrófono a ras de ingle, como en una demostración gimnástica, para que comprobáramos que a esa altura también se le oye ¡y a lo mejor, mejor! Qué gozada asistir a un concierto «de los de antes», tres horas con el tío sin parar, despachando ranchera tras ranchera: sólo le faltó sacar el pistolón y liarse a disparos al aire.

Fernández era poseedor de un chorro de voz exagerado, tal vez excesivo, lo cual yo creo que le perjudicó por lo exhibicionista de su abordaje vocal; y su mayor éxito, «Volver, volver», tampoco se cuenta entre mis rancheras favoritas (es a Fernández lo que el «Notorious» a Duran Duran, el «Ella» de José Alfredo Jiménez en facilón). Pero también practicó con bastante éxito la canción melódica y ahí su timbre, en modo más dúctil, ganaba enteros: pasaba de lo brutote a lo afinado con resultados muy estimulantes.

En el registro «charro», para mí su mejor tema es «Voy a navegar», «una de las primeras que grabé», como dice él en esta actuación de los 90 (hace años descubrí en la red otra grabación televisiva absolutamente sublime de los 70, pero no la logro encontrar, así que conformémonos con ésta, ejecutada de cara a la galería de su madurez):

En cuanto a su repertorio bolerístico, me decanto por este «Amor de la calle», lamento del solitario destino de una prostituta compuesto asimismo por el habilidoso creador de «Volver, volver», Fernando Z. Maldonado, corte que en mi opinión supera la versión de Los Panchos, así como el melancólico, delicioso sonido del mariachi supera el del trío de guitarras:

Definitivamente, Vicente Fernández lograba su mejor desempeño artístico en las baladas acarameladas ‒colocándolo a la altura de todo un Javier Solís‒, pese al aspecto inquietante y scorsesiano, como de hacendado mafioso, que en los últimos tiempos provocaba su cabello gris en contraste con unas cejas y bigote impolutamente negros.

No quiero terminar mi elegía sin enlazar su apropiación fabulosa del que seguro es mi tema favorito de la más genial pareja de compositores melódicos del siglo XX español, Manuel Alejandro y Ana Magdalena: el mexicano borda «Por si volvieras», otro himno desolado de pareja abandonada. Ese sexualísimo «por si volvieras con hambre y el hambre puedas saciar» no lo cantó mejor El Puma, por más hambre que trajera:

Y acabo de recordar que también me gusta mucho «Perdón» ‒ésa sí era una de sus rancheras más conocidas‒, con su curiosísimo contrapunto coral. Aquí, por fin, le contemplamos en plenísimo uso de sus facultades pulmonares:

Gracias, Vicente Fernández.

Ojalá que allí, en el más allá, te vaya bonito.

Imagen superior: Vicente Fernández (Guadalajara, 17 de febrero de 1940-12 de diciembre de 2021), el Charro de Huentitán.

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Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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