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Jeffrey Eugenides

Eugenides ya nos había admirado en, al menos, tres de sus novelas. En Las vírgenes suicidas, por cómo hacía al narrador víctima de un delirio gótico promovido por unas encantadoras adolescentes. En La trama nupcial, por su descripción de una juventud lanzada desde unos padres revolucionarios y bohemios liberales de los sesenta, a un mundo posmoderno, liberal pero abstracto por su falta de proyecto manifiesto. En Middlesex, por la prueba de fuego de cualquier novelista: poner en pie a un hermafrodita, al cual los demás ven claramente como varón o mujer, y él debe aprender a identificarse ante ellos y ante sí mismo.

Ahora cabe juzgarlo como narrador relativamente breve, no exactamente cuentista porque el cuento exige un final que va buscando a través de su desarrollo, en tanto los relatos de Denuncia inmediata (traducción de Jesús Zulaika, Anagrama, Barcelona, 2018) nos sitúan en un mundo en que la historia humana es única, o sea interminable. Sus comienzos y sus finales son, en verdad, interrupciones y abandonos. Eugenides, con calma y sutil maestría, sabe de estos cortes y estos silencios. Doy dos ejemplos de soluciones opuestas.

En «Correo aéreo» se cuenta una repetición que apunta a un par de experiencias: la dieta de un enfermo tropical de disentería que es, acaso y también, la de un místico hindú que aprende a morir con placidez. En el remate del cuento, el personaje se interna en el mar ¿a morir, a revivir, tal vez en ambas cosas a la vez, algo inenarrable?

En «Magno experimento», dos empleados de una editorial donde está por aparecer una tirada de La democracia en América de Tocqueville, deciden defraudar al dueño con facturas falsas de una empresa fantasma. El texto se interrumpe cuando el propietario está por comprobar sus detalles contables, con lo cual la tramoya quedará a descubierto. Tocqueville es citado continuamente, con lo cual la anécdota se vuelve una muestra irónica de la sociabilidad norteamericana: artería y corrección, ambas ajenas a la decencia. Es un final aparentemente cerrado pero que da lugar a conjeturas. ¿Llevará el dueño a los empleados ante la justicia? ¿Tapará el asunto para no desprestigiar a su empresa?

Eugenides narra como quien no quiere la cosa, a veces fingiendo que se ha distraído y otras, que no sabe a ciencia cierta lo que debe narrar. Su principio y su finalidad parecen conducir a una suerte de estética de la ignorancia. El autor dice: no sé cuánto más contar, por más que algún lector me lo exija. En relación a la deriva de los acontecimientos, puesto que son interminables, puede detenerse en cualquier blanco. Lo sabio es hallar el lugar perfecto, inobjetable, de tal blanco. Es un talento de pocos supremos narradores: no preocuparse por la artesana perfección de la forma, que no existe más que como utopía y en la Isla de Utopía no hay lenguaje, por ser superfluo. El maestro cuentacuentos de este mundo es el que sabe callarse a tiempo, dejando en situación de manos libres al lector.

Imagen superior: Jeffrey Eugenides © Gasper Tringale.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")