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‘Goethe y Beethoven’, de Romain Rolland. Dos genios

Romain Rolland escribió en 1930 Goethe y Beethoven, que tradujo en su tiempo el poeta Luis Cernuda y ahora reedita Firmamento en Cádiz. Es buena decisión no sólo por la calidad del libro sino porque Romain Rolland, otrora leído como un maestro sobre todo por sus novelas (Juan Cristóbal, El alma encantada, Colas Breugnon) hoy es más bien una curiosidad en librerías de viejo. En cuanto a Cernuda, está todo dicho.

Valía la pena explorar el vínculo entre ambos genios. Era inevitable, ilustre pero desigual y muy inferior a lo que podría haber sido un trabajo compartido. Ellos se juntaron pero no se unieron. Beethoven amaba a Goethe por su poesía, en la cual hallaba sugestiones armónicas y esbozos de melodías extraídas de una recóndita música secreta en la lengua alemana. Por ello musicó algunos poemas goethianos y los convirtió en canciones, así como igualmente puso música de escena al drama Egmont.

Goethe nunca acusó recibo de los envíos beethovenianos. En sus obras sólo menciona al compositor una vez, al pasar, cuando comenta en 1828 los funerales de Beethoven en Praga. Personalmente se encontraron también en una ocasión singular, en 1812 en el balneario de Teplitz y, al parecer, con intervenciones nada memorables. Hay que tener en cuenta que se denomina al músico como el Gran Sordo porque lo era y, en consecuencia, resultaba lacónico y poco dado a la charla.

Hay algo más, mucho más. Si bien el compositor admiraba y amaba la obra del escritor, lo inverso no se daba. El gusto musical de Goethe estaba marcado por el clasicismo y Beethoven se sitúa en los umbrales del romanticismo. Clásico es lo inmóvil, lo centrado, lo simétrico, lo ideal. En música, lo que viene desde la polifonía medieval hasta los maestros del siglo XVIII que complacían a Goethe: Mozart, Haydn y Gluck. Frente a ellos, el otro maestro, el de Bonn, parecía al maestro de Weimar algo atronador, amorfo, aplastante y deprimente, cuando no caído en un sentimentalismo débil, nostalgioso, enfermizo y, lo peor: romántico. Goethe admiraba la innegable grandeza del otro pero ni lo amaba ni se permitía conmoverse por él.

Rolland señala, con inteligencia, el motivo, si no la razón, del desencuentro entre estos genios. Por un lado, quizá Goethe carecía de la necesaria información musical para juzgar a Beethoven tal como lo hacemos hoy. No le faltaron imitadores, sobremanera entre quienes conocieron sus obras finales, sus cuartetos y sus sonatas para piano y las juzgaron incomprensibles, sin saber qué hacer con ellas. Pero hay algo más que señala Rolland y es el temor que sentía Goethe ante una obra que podría poner de manifiesto algunos secretos del corazón y la piel del apolíneo genio de Weimar. Los románticos que tanto detestaba por su morbidez y su desarreglo formal, eran hijos suyos, lectores de Las desdichas del joven Werther, uno de los más fuertes mitos prenatales del romanticismo. Dicho de otra manera: Goethe era más romántico de lo que aceptaba creer que era y Beethoven era capaz de demostrárselo. No ya con un discurso verbal sino con la soberana capacidad de la elocuente música, que todo lo dice sin pronunciar siquiera una sílaba.

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Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")