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«El rostro de la batalla», de John Keegan

A la hora de estudiar la guerra, pienso en un enfoque político, otro sociológico, otro geoestratégico… Pienso en todo lo que abarca y subraya la historiografía militar clásica. Y me encuentro finalmente ante ese muro que John Keegan (1934-2012) nos invitó a derribar.

Hasta que él tomó un camino distinto, los estudiosos que escribían con propiedad y objetividad sobre el tema solían ir a lo fáctico: los datos exactos de cada batalla y el testimonio personal de los grandes protagonistas como prueba de unos hechos concretos. En cambio, yendo a lo básico, Keegan desciende unos escalones y recoge el punto de vista del soldado (que comprende todas las demás miradas), en ese momento en el que su seguridad es asediada desde todos los flancos.

Aunque se centra en una serie de contiendas muy distantes históricamente, Keegan consigue aislar en su tubo de ensayo el espíritu del hombre de armas, de tal suerte que no importa tanto si vive en el siglo XV o a principios del XX. Lo relevante es cómo se maneja en una circunstancia de peligro abrumador, en la que el deber, el honor y la supervivencia entran en conflicto.

En el fragor del combate

¿Cómo se siente un jinete cuando carga contra una línea de artillería? ¿Qué cruza por los pensamientos de un arquero de cuya puntería depende la contención de la infantería enemiga? ¿Por qué otro soldado, centurias después, monta la bayoneta y abandona la trinchera con parecidos afanes y temores?

¿Por qué unos militares optan por la cobardía y otros por la proeza?

Leer El rostro de la batalla es un ejercicio aleccionador, apasionante y también estremecedor. A nosotros, que solo intuimos el fragor del combate gracias a la literatura, el cine o el reporterismo, nos resulta especialmente revelador comprender las vivencias de quien empuña el arma: sus miedos, sus automatismos, su sensación de riesgo…

Keegan, que dio clase a futuros oficiales en Sandhurst, tiene claro que las rutinas del entrenamiento están dirigidas a este fin: mecanizar las reacciones para que éstas se activen a tiempo cuando amanece la muerte; es decir, cuando huele a pólvora y madera carbonizada, toda la columna maldice a sus enemigos, y la tierra empieza a escupir sangre y huesos.

Tres son los escenarios elegidos para el estudio: Agincourt (25 de octubre de 1415), momento clave en la guerra de los Cien Años, Waterloo (18 de junio de 1815), acaso la derrota más gloriosa de la historia, y por último, el Somme (1 de julio – 18 de noviembre de 1916), aquella prolongada carnicería que resume, como ninguna otra, lo que fue la Primera Guerra Mundial.

En las tres batallas intervinieron soldados británicos y las tres se desarrollaron en el mismo encuadre geográfico.

Un enfoque histórico

Para derrotar al enemigo, los soldados han de correr hacia un horizonte en el que sus posibilidades de supervivencia decrecen. ¿Qué les permite afrontar ese trance? Keegan repasa una serie de motivaciones y consuelos que, a lo largo de la historia, han ido variando en este sentido: el miedo al castigo, la ira, la fe, la confianza ciega…

Es improbable, por fortuna, que lleguemos a conocer de primera mano guerras como las vividas por la humanidad en los siglos pasados. Sin embargo, este volumen nos permite comprender, más allá de la experiencia personal de cada combatiente, cómo han evolucionado la táctica, los peligros objetivos y la dificultad técnica de la batalla a lo largo del tiempo.

Sin duda, nos hallamos ante un libro clásico, que es ya una lectura inexcusable para todos los interesados por la historia militar.

Sinopsis

Publicado originalmente en 1976 y actualizado en 2004, este es el libro que consagró a John Keegan como el mejor historiador militar de su generación: un clásico tanto por la profundidad de su análisis como por su calidad literaria.

“Nunca he estado en ninguna batalla”, empieza reconociendo el autor, para luego sumergirse en el análisis de Agincourt, Waterloo y el Somme, tres batallas contadas desde el punto de vista del soldado: el miedo, el ruido, la violencia, el valor, las explosiones, la confusión. El rostro de la batalla es una mirada a la experiencia directa de las personas “en el punto de máximo peligro”, examinando las condiciones físicas de la confrontación, las emociones particulares, las dinámicas que se experimentan en el campo… y los motivos por los que el soldado se mantiene en pie y sigue luchando en vez de darse la vuelta y huir.

John Keegan (1934-2012) ha sido uno de los historiadores británicos más reconocidos de nuestros días, tanto por su erudición como por su extraordinaria capacidad para narrar con viveza. Ha publicado más de veinte libros, entre ellos dos historias fundamentales de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Fue durante más de 25 años profesor en la famosa academia militar británica de Sandhurst, y ha dado clase en las

universidades de Cambridge, Harvard y Princeton, entre otras. Fue editor de la sección de Defensa en The Daily Telegraph.

En esta misma colección se han publicado con gran éxito Secesión (2011), su gran historia de la guerra civil americana e Inteligencia militar (2012)

Traducción de Juan Narro Romero.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Turner. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Colaborador de "La Lectura", revista cultural de "El Mundo". Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Álbum Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.