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«El ingenuo salvaje» («This Sporting Life», 1963), de Lindsay Anderson

La oferta cinematográfica de YouTube sigue siendo infinitamente superior a la de Netflix. Por ejemplo, This sporting life, de Lindsay Anderson. Tal vez el filme que mejor explica la rabia que sentimos la gente de clase baja cuando hemos de codearnos con el mundo de los ricos y poderosos por derecho de cuna. Cuando comprendes que nunca tendrás el aplomo ni la distinción de esos que lo han tenido todo desde niños sin pararse a pensarlo dos veces. Que tienes que esforzarte siempre por fingir lo que a ellos les sale de natural. Que sabes que aunque en algún raro momento a ellos no les parezcas chusma, tú nunca podrás dejar de verte como tal. Esos privilegiados que quieren salvar al mundo mientras tú solamente deseas salvar al mundo de la presencia de ellos.

Que hasta el amor que sudas es ira.

Richard Harris y Rachel Roberts, inolvidables. La vi de niño en la tele, de adolescente en una reposición en cine, de viejo mil veces. Sé que pocas he visto y veré un espejo tan hermoso y terrible.

Sinopsis

Un minero que aspira a establecerse en el rugby profesional comienza a amasar una pequeña fortuna cuando destaca como uno de los mejores jugadores de la liga. Sin embargo, no logra sacar a flote su relación sentimental con una joven viuda.

«Algunos historiadores ‒escribe Santiago Aguilar‒ señalan This Sporting Life como el principio del fin del Free Cinema. Su fracaso de público habría supuesto el enfriamiento de los productores. Sin embargo, no conviene olvidar que los tiempos están cambiando, según pregonaba Dylan. Parte de su fracaso se debe sin duda a la situación que plantea. Frank Machin (Richard Harris) no es Joe Lampton ni Arthur Seaton. Su devoción por la reprimida viuda de un minero se convierte en un callejón sin salida y su sordidez se debe más a la incapacidad de comunicación que, temáticamente –dejemos el estilo y la ambientación al margen–, remite a Antonioni más que al Reisz de Saturday Night and Sunday Morning. (…) Por una vez el imaginativo título español, El ingenuo salvaje, traduce con fidelidad el espíritu del personaje central. Su cuerpo lo es todo. Como jugador, como amante, como trabajador… Cuando presume de haber conseguido mil libras por la ficha, la viuda Hammond se queja de que es bastante más de lo que le dieron a ella cuando murió su marido en un accidente en la mina. Machin compra un cochazo blanco: su primer signo de estatus. Luego viene un abrigo y la cena en un restaurante de lujo en la que Frank se empeña en ponerse en evidencia y en avergonzar a Margaret. Ella se ofende porque la gente les da de lado: «Soy una mantenida. ¿Qué esperabas? Ese coche, este abrigo, el que vivamos en la misma casa, está mal. Si andas entre suciedad, terminas manchándote». Frank la abofetea y abandona la casa. Se instala en una pensión infecta, pero apenas queda sola, la viuda Hammond cae enferma. Frank únicamente llega a tiempo de asistir impotente a su muerte. Corte. La multitud ruge en el campo. Necesitan un héroe del sábado y Machin se ha ganado el puesto a pulso. Es un ídolo (cubierto) de barro, pero no deja de ser un mono en el estadio». («Free Cinema. Los jóvenes airados van al cine». Minerva, Círculo de Bellas Artes, 2009)

Lindsay Anderson · Reino Unido · 1963 · VOSE · B/N · 134′ · 35 mm

Dirección: Lindsay Anderson

Guión: David Storey

Fotografía: Denys N. Coop

Música: Roberto Gerhard

Montaje: Peter Taylor

Dirección artística: Alan Withy

Productor: Karel Reisz

Intérpretes: Richard Harris, Rachel Roberts, Alan Badel, William Hartnell, Colin Blakely.

Producción: Rank Organisation, Independent Artists, Julian Wintle/Leslie Park Productions

Copyright del texto superior © Hernán Migoya. Reservados todos los derechos.

Copyright de la sinopsis © Institut Valencià de Cultura. Reservados todos los derechos.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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