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«El hombre tranquilo» (1952), de John Ford

¿Qué hace de El hombre tranquilo la película favorita de tantas personas? ¿Por qué es tan grande una comedia tan humilde en su planteamiento y en sus ambiciones? Mucho se ha escrito al respecto, y mucho más se podría teorizar, pero lo cierto es que capturar y etiquetar la magia que hace que El hombre tranquilo sea una obra de arte cinematográfico 100% perfecta es prácticamente imposible.

La historia es tan sencilla como la de un ex-boxeador que llega desde Estados Unidos a su pueblo natal en Irlanda, después de una vida dura, con la única intención de vivir tranquilo. Una pelirroja con carácter y los problemas que da su familia harán que la tranquilidad sea algo complicado de mantener. A grandes rasgos, eso es todo lo que se cuenta, aderezado con personajes pintorescos, pasajes bucólicos, romanticismo tosco y mucho humor “alcoholicatólico” irlandés.

Cada plano de El hombre tranquilo es perfecto, al igual que el montaje de dichos planos. Los actores no podrían actuar mejor, la música no podría ser más adecuada y evocadora.

Técnica y artísticamente, John Ford saca el máximo provecho al lenguaje cinematográfico, pero, al contrario que otras obras maestras de la historia del cine, lo hace con un filme situado en las antípodas de lo pretencioso, lo cerebral o lo trascendente. Esta es una película que sale del corazón, fabricada exclusivamente con sentimientos. Con buenos sentimientos.

Referencias

«A primera vista –escribe Miguel Marías–, The Quiet Man (El hombre tranquilo, 1952) parece una película ‘sin guión’ más ‘improvisada’ sobre el terreno que cuidadosamente escrita y preparada. Hay espectadores –sobre todo críticos– que lo consideran un mérito; otros, en cambio se apoyan en tal suposición para quitarle importancia: se trata de un juego, un divertimento del director y sus amigos (técnicos y actores), una película de vacaciones hecha con poco rigor y sin prisas. En suma, el ‘Capricho irlandés’ de John Ford. Basta una segunda visión, o un poco de atención para advertir que El hombre tranquilo tiene poco en común, pese a la presencia de John Wayne con Donovan`s Reef (La taberna del irlandés, 1963) del propio Ford, y menos aún con Hatari! (1961), película con la que suele ser asociada».

«Años antes de que John Ford consiguiera por fin rodarla –continúa Marías–, El hombre tranquilo existía ya en forma literaria: la novela de Maurice Walsh, que Ford hizo adaptar por Frank S. Nugent, personalizándola adicionalmente al hacer que los personajes fueran incorporados por miembros de su «compañía estable» de actores, tan asociados al mundo fordiano y tan inconfundibles por su aspecto, su modo de estar y moverse, o su dicción, que el casting sería suficiente para fordianizar automáticamente cualquier historia, por ajena que pudiera serle. No era este el caso, pues aunque no se trate de la primera película del cineasta con tema y personajes irlandeses, suponía su retorno a la tierra de sus antepasados, al país del que su familia se llevó un pedazo al estado de Maine (Nueva Inglaterra), poco antes de que, ya en el Nuevo Mundo, naciese John Ford, hijo y hermano menor de irlandeses nativos» (Viridiana, nº 3, 1992).

«Quince años después de haber comprado los derechos de la historia de Maurice Walsh The Quiet man –escribe Joseph McBrideFord puso finalmente en funcionamiento sus cámaras el 6 de junio de 1951. Empezó el rodaje con una escena en la que participaba su hermano Frank, que lucía una larga blanca, en las escaleras del hotel Ashford Castle… La emocionante y bellísima fantasía en Technicolor que John Ford rodó en Irlanda a la edad de 55 años no era el ferozmente político Hombre tranquilo que habría hecho a los cuarenta. Tanto el dulcificador efecto de su avanzada edad como esos años de penosas y decepcionantes experiencias influyeron en la realización de este cuento apasionadamente romántico sobre el retorno del exilio, una película en que las corrientes ocultas fluyen bajo su seductora superficie. (…) Al igual que el Sean Thornton interpretado por John Wayne, que abandona América después de haber matado a un hombre en el ring, Ford huía de la violencia, el éxito material y las inesperadas consecuencias del sueño americano. El hombre tranquilo sería su exorcismo personal del demonio de la guerra» (Tras la pista de John Ford, Madrid. T&B Editores, 2004).

Sinopsis

Al pueblo irlandés de Innisfree llega un forastero que resulta ser oriundo de la comunidad, hijo de una familia que emigró a los Estados Unidos. Huyendo de un pasado turbulento (era un boxeador profesional que en el transcurso de un combate lesionó accidentalmente a su contrincante, que falleció a causa de la pelea), el recién llegado adquiere la que fuera casa de sus mayores, granjeándose la enemistad del cacique local. Cuando se enamora de la hermana de su enemigo, empieza el camino que le llevará a enfrentarse con su realidad y a aceptar la cultura de sus ancestros. Por el camino habrán quedado una resurrección personal, un amor con final feliz… y una buena dosis de whisky y bofetadas.

Ficha técnica

Director John Ford

Título original The Quiet Man

Guión Frank S. Nugent, basado en un relato de Maurice Walsh

Producción Argosy Pictures/ Republic

Fotografía Winton C. Hoch

Montaje Jack Murray

Música original Víctor Young

Intérpretes John Wayne, Maureen O`Hara, Víctor McLaglen, Barry Fitzgerald, Ward Bond, Milddred Natwick, Francis Ford, Eileen Crowe, Arthur Shields, Mary Craig

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario", "La diligencia. El libro del 80 aniversario" y "El universo de Howard Hawks".