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«Dickens enamorado», de Amelia Pérez de Villar

Cuando me recuerdan que hay que hablar de Charles Dickens porque se cumplieron 150 años de su muerte, doy a la razón a quienes se olvidan del calendario y mencionan al escritor inglés por un motivo menos coyuntural: Dickens es el padre de la novela moderna, y su influencia va más allá de las letras, a tal extremo que sin él resulta imposible explicar géneros como el guión cinematográfico.

En clave biográfica, me sorprende este libro apasionante, Dickens enamorado, en el que se reúnen las cartas que el novelista envió a Maria Beadnell, su primer y oculto amor.

Dejarse llevar por los afectos de Dickens es una tentación irresistible para quienes leen periódicamente David CopperfieldOliver TwistLos papeles del club Pickwick o Grandes esperanzas. Es más, uno se siente tentado de imaginar a Dickens como uno de sus personajes, y diría que casi estamos escuchando al joven Copperfield cuando el escritor le dirige a la señorita Beadnell la siguiente confesión: «No tengo guía que me permita garantizar sus sentimientos presentes y tampoco, bien lo sabe Dios, tampoco tengo medios para encaminarlos a mi favor. Nunca he amado y nunca podré amar a ninguna criatura que vive y respira como la amo a usted».

Las cartas ordenadas en este volumen son traducción del epistolario que George Pierce Baker, catedrático de Literatura inglesa de Oxford, editó en 1908 para la Sociedad Bibliófila de Boston.

Dejo para el final un detalle importante, que viene a ser el principal argumento para guardar este volumen en un buen anaquel. Me refiero al formidable trabajo de Amelia Pérez de Villar, que ha distribuido las cartas a lo largo de un extenso y animado ensayo biográfico, cuya originalidad lo convierte en un dignísimo acompañante de las cuatro biografías más conocidas de nuestro personaje, las de John Forster y Peter Ackroyd –faltaría más–, la del dramaturgo J.B. Priestley y la muy personal Vida de Dickens de Chesterton.

Gracias a Pérez de Villar, seguimos la relación entre Dickens y Maria como si fuera un melodrama. Dado que parte de las cartas acabaron en la hoguera, y como además el destino quiso que aquel fuera un amor inconveniente –digamos que el chico no era un buen partido a ojos de los Beadnell–, el secretismo de dicho romance se ha mantenido casi hasta nuestros días.

Así pues, ya ven que estas páginas pueden seguirse con un espíritu novelesco, sin que ello quite mérito a la documentación manejada por la autora.

La pareja se amó discretamente entre 1830 y 1833. Luego, después de 23 años, volvieron a encontrarse, pero ya se sabe que lo que uno idealiza en la juventud suele decepcionar en la edad madura.

Háganme caso. Si les gustan los libros del escritor inglés, ya están tardando en comprar Dickens enamorado. No sólo descubrirán una de sus facetas menos conocidas. También leerán uno de los estudios mejor escritos que se le han dedicado en España.

Sinopsis

La escritora y traductora Amelia Pérez de Villar ofrece en este ensayo biográfico una nueva visión más íntima y personal de Charles Dickens, a través de los aspectos más desconocidos de su vida, en dos episodios sentimentales: uno, cuando apenas era un muchacho aficionado al teatro; otro, tras haber alcanzado el éxito internacional, en los últimos años de su vida.

Apenas mencionada brevemente en las biografías oficiales del escritor –de John Forster a Peter Ackroyd–, su relación juvenil con Maria Beadnell Winter tuvo una clara influencia –en opinión de muchos, incluido el propio Dickens– en su trayectoria literaria y en su obra, hasta el punto de suponer un acicate definitivo para que se lanzara a la conquista del mundo. Probablemente, de haberse casado con una de las hermanas Beadnell –como sus amigos Henry Kolle y David Lloyd–, su vida hubiera transcurrido por otros derroteros, que nunca hubieran proporcionado el material necesario para crear personajes y obras inmortales como Dora Spenlow o David Copperfield, privándonos así de un genio indiscutible de la literatura de todos los tiempos.

El ensayo biográfico de Amelia Pérez de Villar nace del descubrimiento y estudio de la correspondencia privada de Dickens con Maria Beadnell, unas cartas rescatadas del olvido y la censura familiar, que fueron publicadas en 1908 en una edición limitada para los miembros de la Sociedad Bibliófila de Boston, y que permanecían inéditas en español. Ya en el verano de 1857, el consagrado escritor, padre recto de diez hijos y esposo amantísimo, bon vivant y dandy en el vestir, conoció a la joven actriz Ellen Ternan, con quien convivió más de una década y cuya historia de amor –recuperada por Claire Tomalin en La mujer invisible y llevada al cine por Ralph Fiennes– estuvo condicionada y truncada por la férrea moral victoriana.

Estas páginas suponen un esclarecedor y documentado retrato de Dickens, y arrojan una nueva luz no sólo sobre la obra del novelista victoriano más universal, sino también sobre los aspectos menos conocidos de su vida y su carácter, amén de servir para matizar aquellos por los que llegó a ser famoso en su tiempo y por los que pasó después a la posteridad.

«Dickens vivió hasta el final inmerso en una vorágine de trabajo, relaciones sociales y desplazamientos. Entró en la vida adulta rechazado por un amor imposible; la abandonó ocultándose de otro pero, en los dos casos, persiguiendo: siempre persiguió algo. Un sueño, una ilusión, lo que él consideraba su destino. Ackroyd ha dicho de él que era esclavo de sus contradicciones, víctima de la hipocresía que constituye siempre la doble moral. Pero tal vez no era más que un hombre tan grande que en su interior cabía todo. Un hombre que no sabía hacer nada a medias: apasionado en todo, llegaba hasta el final en todo lo que emprendía» (Amelia Pérez de Villar)

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.