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‘Dersu Uzala’: el viaje espiritual de Kurosawa a la taiga rusa

Rara vez han estado tan entrelazados el humanismo y el amor por la naturaleza como en el libro Dersu Uzala (1921). A lo largo de sus páginas, Vladímir Arséniev relata sus viajes por la cuenca del río Ussuri, a lo largo de la parte más oriental de Rusia. La figura central de la obra es Dersu Uzala (ca. 1849-1908), un cazador del pueblo nanái. Dersu fue quien encaminó los pasos de la expedición entre 1902 y 1907, por un territorio donde fueron perseguidos por el hambre y el frío.

Tanto la belleza salvaje de ese territorio, habitado por criaturas tan fascinantes como el tigre siberiano, como la personalidad de las dos figuras principales, Dersu y Arséniev, alcanzaron una dimensión universal en 1975, cuando se estrenó una adaptación que, a pesar de su origen ruso-japonés, trascendió fronteras y se convirtió en un clásico del cine mundial. Dirigida por Akira Kurosawa, uno de los cineastas nipones más conocidos a nivel internacional, Dersu Uzala (El cazador) cautivó a la audiencia con su historia, inspirada fielmente en las memorias de Arséniev.

Esta cinta, muy peculiar en la filmografía de Kurosawa por ser su única producción en un idioma no japonés y filmada en formato de 70 mm, transporta al espectador a las vastas y salvajes tierras del Lejano Oriente ruso. Allí, en la región de Sikhote-Alin, se desenvuelve la trama, que aborda temas tan profundos como la relación del ser humano con la naturaleza y la amistad entre dos hombres de orígenes radicalmente distintos.

En la pantalla, el capitán Arséniev, interpretado magistralmente por Yuri Solomin, encabeza una expedición topográfica en el territorio de Ussuri, en los albores del siglo XX. En medio de su travesía, se encuentra con Dersu Uzala, ese cazador nómada que llevará a la expedición a través de los inhóspitos territorios fronterizos.

El personaje de Dersu, encarnado por el talentoso actor Maxim Munzuk, conquista la admiración del grupo con su experiencia, instinto, agudeza y compasión. A medida que avanza la expedición, Arséniev y Dersu afrontan numerosas adversidades, desde la fatiga hasta la escasez de alimentos, pero la sabiduría y habilidades de Dersu los ayudan a sobrevivir.

La segunda parte del film, ambientada un lustro después, tiene una mayor carga dramática, pues explora asuntos como la vejez o la nostalgia.

El proceso de llevar la historia de Dersu Uzala a la gran pantalla fue un camino lleno de desafíos y obstáculos para Kurosawa. En una entrevista realizada en el lanzamiento del DVD en 1999, Yuri Solomin reveló detalles fascinantes sobre la preproducción y el rodaje.

Kurosawa había leído en su juventud el libro de Vladímir Arséniev y soñaba con llevarlo a la pantalla grande. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que la película debía ser rodada en la región de la taiga, donde tuvieron lugar los eventos reales. Lamentablemente, el gobierno soviético restringía la presencia de extranjeros en esa área, lo que hizo que el proyecto se postergara indefinidamente.

Fue en la década de 1970 cuando finalmente se presentó una oportunidad para Kurosawa y su equipo. El gobierno soviético permitió su entrada a la región y, aunque los monitorearon de cerca, pudieron llevar a cabo el rodaje durante un año completo.

No obstante, los desafíos no se limitaron a la ubicación geográfica. En 1971, Kurosawa pasaba por un difícil momento en su carrera. Cuestionaba su habilidad creativa después del fracaso comercial de su película anterior, Dodes’ka-den, y la negación subsiguiente de los estudios japoneses de financiar sus producciones. Al borde del suicidio, estaba convencido de que su trayectoria había terminado de forma definitiva.

Fue en 1972 cuando el productor de Dodes’ka-den, Yoichi Matsue, y su asistente Teruyo Nogami, fueron abordados por el estudio soviético Mosfilm para adaptar el libro bajo la dirección de Kurosawa.

El 1 de enero de 1973, Matsue firmó el acuerdo con la condición de que Kurosawa tuviera control creativo total sobre el proyecto. Mosfilm inicialmente deseaba que el frecuente colaborador de Kurosawa, Toshiro Mifune, interpretara a Dersu, pero Matsue los convenció de lo contrario, ya que Mifune no podía comprometerse con una producción tan larga. Finalmente, el actor tuvano Maxim Munzuk fue elegido para el papel.

Tanto Mosfilm como el estudio Toho, con el que Kurosawa solía trabajar, se encontraron con la dificultad de mantener al perfeccionista director dentro de un presupuesto y un cronograma ajustados. La producción de Dersu Uzala fue un desafío constante, pero el resultado final demostró que cada obstáculo valió la pena.

«Kurosawa y los cámaras Nakai, Gantman y Dobronravov describen la dualidad de la naturaleza ‒señala Stuart Galbraith IV‒. A lo largo de todo el film, hay planos de increíble belleza que expresan la insignificancia del hombre ante su tremendo poder, un tema habitual en al filosofía y el arte asiáticos. Pero Kurosawa lo hace como nunca lo había hecho antes. La selva siberiana se convierte en un mar brillante y dorado. Las ramas de los árboles cobran vida con matices rojo anaranjados iluminados por el fuego nocturno del campamento de los soldados. Arséniev y Dersu miran al sor ponerse y ven salir la luna en el mismo fotograma. Como había hecho Kazuo Miyagawa en Rashomon, el sol está fotografiado de una manera que no tenía precedentes. A veces es una bola roja amenazadora que lentamente se desliza por el horizonte, mientras Arséniev y Dersu construyen desesperados su refugio de hierbas, y el viento gélido y ensordecedor sopla a su alrededor».

«La producción de Dersu Uzala duró más de tres años ‒escribe Rodrigo Cortés en ABC‒; el rodaje, en los abruptos parajes originales (los bosques boreales de la taiga), fue arduo y lento. El perfeccionismo de Kurosawa irritaba a los responsables de Mosfilm, que habrían deseado recibir más material diario, más eficiencia; le dejaron hacer, sin embargo. La madre naturaleza, a veces una tía avinagrada, pocas veces colabora (directores montaraces como Herzog lo saben), pero entrega su propina a quien sigue el camino del salmón. Las peleas fueron continuas, las sublevaciones, frecuentes: el equipo de cámara cambiaba cada semana. Del centenar de hombres y mujeres que engrosaban el grupo, sólo seis eran japoneses, y sólo había un intérprete. Llovió, nevó, salió el sol; a veces todo a la vez; todo lo aprovechó Kurosawa con propósitos simbólicos o estéticos, logrando por el camino algunas de las imágenes más bellas jamás filmadas (como la escena, casi muda, de la ventisca inclemente en el lago helado de la tundra, un hito irrepetible en la historia del cine); ninguna tan hermosa, sin embargo, como el propio retrato de Dersu, ese hombre bueno y sin mansedumbre conocedor de la implacabilidad de la taiga y la inminencia constante de la muerte».

Afortunadamente, después de tantos sacrificios, la película, con su historia cautivadora y sus impresionantes escenas rodadas en la salvaje taiga rusa, se convirtió en un éxito aclamado por la crítica y el público.

Sinopsis

El capitán Vladímir Arséniev y su destacamento tienen que elaborar unas prospecciones geológicas por los bosques de la taiga siberiana. La inmensidad del territorio y la dureza del clima hacen que el capitán se separe de sus soldados. Condenado a vagar por una tierra salvaje, Vladímir conoce a Dersu Uzala, un cazador nómada habitante de la zona, que se conoce a la perfección todo el territorio y sabe como controlar las inclemencias del tiempo. Dersu enseñará a Vladímir a convivir en plena armonía con la naturaleza y a saber respetarla al máximo para no perturbar la existencia de ambos. A su vez, Vladímir aprenderá una lección que difícilmente olvidará el resto de su vida.

Comentario crítico

«Dersu Uzala marcó un importante punto de inflexión en la carrera de Kurosawa. Anteriormente, reacio al contacto con los medios de comunicación, Kurosawa se volvió más accesible que nunca. Aunque su aspecto irascible aparecía entre las grietas, la mayor parte del tiempo era sociable y alegre. Al mismo tiempo, sus películas se volvieron más desoladas, tristes, melancólicas. La fe en la humanidad que mostraba Barbarroja y Dodes’ka-den, a pesar de sus entornos, desaparecieron en Dersu Uzala, Kagemusha (1980) y Ran (1985). La personalidad pública de Kurosawa y Kurosawa el artista parecían no ser la misma persona. Como respuesta, muchos de los críticos que habían alabado la obra de Kurosawa durante los cincuenta y los sesenta se volvieron contra él. Si Dodes’ka-den fue un fracaso interesante, decían, Dersu Uzala era la prueba determinante de que Kurosawa ya no era capaz de llegar a las alturas de sus anteriores trabajos. Para ellos Dersu Uzala fue una decepción suprema.

(…) Es cierto que Kurosawa lamenta la muerte de la relación más simple y armoniosa del hombre con la naturaleza. Pero Dersu Uzala no es una película de desesperanza nostálgica (…) Como gran parte del trabajo de Kurosawa, Dersu Uzala es una obra en la que las apariencias engañan. Al principio, Dersu aparece como el típico paleto campesino. Su idea de que los elementos naturales- fuego, viento, lluvia- son seres vivos, también es despreciada como superstición. Pero Dersu ve lo que los hombres civilizados no pueden ver. Es como le describe Arséniev, “un alma hermosa” que no desperdicia nada y que es considerado con todo y con todos los que están a su alrededor» (Extracto del libro La vida y películas de Kurosawa y Mifune, Stuart Galbraith IV, T&B editores, 2005).

Ficha técnica:

Director: Akira Kurosawa

Título original: Dersu Uzala

Guión: Akira Kurosawa, Yuri Nagibin

Producción: Mosfilm, Atelier 41

Productor: Nikolai Sizov, Yoichi Matsue

Fotografía: Yuri Gantman, Asakazu Nakai, Fyodor Dobronrevov

Montaje: Akira Kurosawa

Música original: Isac Schwalz

Sonido: O. Burkova

Dirección artística: Yuri Raksha

Intérpretes: Maxim Munzuk, Schemeiki Chocmorov, Yuri Salomin, Svetrana Danielchenka, M. Vichkov, V. Khrulev, V. Lastochkin, S. Marín, I. Sikhra, V. Sergiyavov, A. Pyatkov, Dima Korshikov

Nacionalidad: Japón. Año: 1975

Duración: 139 min.

Copyright de la sinopsis © Filmoteca de Andalucía. Reservados todos los derechos.

Arturo Montenegro

Soy un personaje oculto tras un seudónimo. Cuando el tiempo y la ocasión me lo permiten, saco partido a mis hábitos de cinéfilo, melómano y lector profesional.