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Crítica: «Wrong Turn: Sendero al infierno» (Mike P. Nelson, 2021)

Wrong Turn (2003), titulada en España Km 666: Desvío al infierno, no es una cinta muy conocida por el público no aficionado al terror. Sin embargo, tuvo el suficiente éxito como para ser exprimida en nada menos que cinco secuelas. Aunque son poco aptas para el público de buen gusto, algunos degenerados hemos disfrutado de esa serie de películas, progresivamente más baratuchas y lamentables. Siniestras coproducciones con países de Europa del Este que flirteaban con el porno softcore, homenajeando involuntariamente a los viejos video nasties de principios de los 80.

Con motivos de renovar y «limpiar» la franquicia de tanta roña, llega un relanzamiento en el que se abandona a los caníbales endogámicos y mutantes. Esta vez descubrimos una nueva amenaza para los senderistas que se adentran en las zonas menos recomendables de los montes Apalaches. La naturaleza de dicha amenaza es más o menos una sorpresa, en especial para los seguidores de la franquicia, así que no revelaremos demasiado.

Baste decir que la primera parte del film sigue los derroteros de cualquier remake, contando una historia similar a la del Wrong Turn original (veinteañeros atractivos y algo irritantes se golpean en las narices con lo más agreste de la naturaleza y con una gente muy peligrosa que habita los bosques), adaptándolo mínimamente a la «sensibilidad» actual. En esta ocasión, el grupo está formado por jóvenes aunque sobradamente preparados, y claro está, nacidos de la «inclusión»: una pareja gay, una pareja interracial y otra pareja en la que ella es estupenda y él un cretino integral (al fin y al cabo, es el único hombre blanco cis heterosexual).

Tras ese tramo inicial, Wrong Turn va enlazando giros de guión en los que la lógica no es el primer objetivo. Son absurdos y apenas se sostiene (¿puede alguien convertirse en poco menos que un ninja en 6 semanas?). Sin embargo, funcionan para captar la atención del espectador, y de paso, ofrecer distintos sabores de los esperados, con ecos de Joseph Conrad, John Boorman y la ficción de civilizaciones perdidas, todo en formato B y sin ambiciones artísticas.

Aunque de una manera suave, el guionista Alan B. McElroy (autor también de la primera película de la franquicia) aprovecha la ocasión para practicar un poco la sátira social, reflejando los prejuicios de los urbanitas respecto a la gente del agro (sin llegar a los extremos de la hilarante Tucker & Dale vs. Evil) o poniendo en cuestión las bondades de la civilización «estándar».

El argumento es lo suficientemente entretenido como para que se le perdone al director Mike P. Nelson la poca imaginación a la hora de rodar la acción, recurriendo al perezoso truco de agitar la cámara para crear tensión (creencia errónea).

Encabezando el reparto, encontramos a la madrileña Charlotte Vega, talentosa y fotogénica, que interpreta a la sufrida pero fuerte heroína. En el papel de padre nos topamos con Matthew Modine, que ya es un señor mayor sin que sepamos muy bien qué pasado (espóiler: el tiempo). También hay que destacar a un Bill Sage que parece una reencarnación de Orson Welles, encarnando aquí a un carismático ¿villano?.

Humor negro y algo de reflexión, pero sin pasarse, en una película sin caníbales pero donde no falta del todo el gore, como mandan las buenas costumbres.

Sinopsis

Al desviarse de su ruta de senderismo, Jen y sus amigos se adentran en las tierras de una comunidad oculta dispuesta a todo para proteger su estilo de vida.

El terror de un lugar remoto y aislado y el suspense que destroza los nervios se dan encuentro cuando Jen (Charlotte Vega), su novio Darius y un grupo de amigos parten para hacer senderismo en el Sendero de los Apalaches. A pesar de las advertencias de los lugareños de que no se aventuren fuera del sendero establecido, los excursionistas acaban desviándose del rumbo.

Sin darse cuenta, se adentran en las tierras habitadas por la Fundación, una comunidad oculta de habitantes de las montañas dispuestos a emplear toda clase de métodos letales para proteger su forma de vida. Tras encontrarse repentinamente bajo asedio, Jen, Darius y sus amigos parecen encaminarse inevitablemente hacia el punto de no retorno, a menos que el padre de Jen consiga llegar hasta ellos a tiempo…

Este reeboot de la serie de películas Wrong Turn está protagonizada por Charlotte Vega (El secreto del Puente Viejo, Velvet, El Club de los Incomprendidos). Es la segunda película de la saga, conocida en nuestro país como KM. 666 Desvío al Infierno  que llega a los cines, la primera fue en el 2003. Es una de las grandes sagas de terror de las últimas décadas.

Detrás de esta película están los productores de la saga de Resident Evil, que son también los productores de A 47 metros, película estrenada por Selectavision y que fue un éxito en verano de 2018.

Dirigida por Mike P. Nelson (The Domestics, The Retirement of Joe Corduroy) y escrita por Alan B. McElroy, escritor de Wrong Turn original de 2003, completan el reparto, junto con Charlotte Vega, los actores de series de la BBC y NBC, Adain Bradley, Emma Dumont, Dylan McTee, Daisy Head y Bill Sage. Los acompaña el consagrado actor, ganador del Globo de Oro y de la Copa Volpi del Festival de Venecia,  Mathew Modine (Vidas cruzadas, La chaqueta metálica).

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).