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Crítica: «Watchmen» (Zack Snyder, 2009)

La de Zack Snyder es una vocación robustecida a base de ver mucho cine y de leer muchos cómics. Lo que sabe, no lo ha aprendido de oídas, y se nota. Tipo listo y dotado para las relaciones públicas, con esa amabilidad risueña que todavía se encuentra en Hollywood, nos dio la medida de su talento hace algo más de un año, cuando nos visitó para presentar 300.

Los ejecutivos de Warner ya comprobaron las cualidades de 300, y llegaron a la conclusión de que Snyder es un adaptador de historietas de primer orden. Por eso mismo, quisieron que el realizador se hiciera cargo de un proyecto que llevaba casi una década de despacho en despacho: la versión cinematográfica de Watchmen, la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons. Warner anunció el rodaje de forma oficial el 23 de junio de 2006. Por aquel entonces, sólo dos cosas eran seguras: la presencia de Snyder tras las cámaras y la contratación de un guionista a quien el cineasta conoce bien, Alex Tse.

Con el fin de aligerar el trabajo de escritura, ambos partieron de un guión previo, firmado por David Hayter. El libreto de Hayter acumulaba demasiado polvo, y por ello se hizo necesario replantear todo el concepto narrativo. Visto en pantalla, el resultado delata ciertos manierismos de Snyder, cuyo esteticismo pop ayuda, por decirlo así, a poner el producto en la estantería. Sin llegar a ser una obra maestra, ni mucho menos, la cinta tiene fuerza y se sostiene sin problemas, tanto en lo que se refiere a su reparto (espléndidos Jeffrey Dean Morgan, Billy Crudup y Jackie Earle Haley) como a su imaginería visual.

Por supuesto, quien quiera encontrarle inconvenientes, lo hará. ¿Es Watchmen una adaptación literal, y al mismo tiempo, superficial? Estoy seguro de que una parte del público se dejará llevar por este juicio de intenciones. La obra de Moore es demasiado venerada como para no generar esa actitud. Sin duda, la trama del cómic es intrincada y permite una diversidad de lecturas que la película evita, quizá porque no le queda otra opción si pretende llegar a una audiencia generalista.

Hay un problema añadido: el Snyder de Watchmen no es el mismo que nos sorprendió con El amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, 2004). En esta nueva película, el realizador quiere realizar una adaptación canónica, sin sobresaltos, y por eso reproduce de forma muy respetuosa las viñetas originales de Dave Gibbons. Poco más o menos, como hizo en 300. Pero no estoy tan seguro de que ese mismo respeto le siente bien al trabajo de Moore, diseñado para expresarse en un medio distinto, el tebeo, y no en una película que, a su manera, trata de parecer realista.

Quiero decir con esto que la versión cinematográfica corre el riesgo de convertirse en un tour guiado por el relato de Moore, sin añadir nuevas ambiciones al resultado final. Supongo que, a la hora de evitar la atmósfera tóxica que pueden generar los fans, Snyder ha preferido «citar» compulsivamente líneas y planos del cómic original.

En cualquier caso, con películas como Watchmen, inspiradas en un cómic de culto, sucede lo mismo que con las adaptaciones literarias: los enterados parten con ventaja frente al común de los espectadores. Por eso mismo, a la hora de valorar esta cinta, no está de más echar un vistazo al pasado, revisando unos antecedentes que gran parte del público desconoce.

Cómic de diversas lecturas, Watchmen (1986), de Alan Moore y Dave Gibbons, fascinó tanto a los estudiosos que más de uno le dedicó horas de minucioso análisis. Con esa densidad de significados, no debe sorprender que la serie haya sido reeditada como novela gráfica para adultos.

De hecho, la editorial Planeta DeAgostini, encargada de su distribución en España, la describe por medio de un aviso editorial que nos aleja bastante de los típicos justicieros enmascarados. “La historia –leemos en esa nota– es una crítica a la sociedad occidental de su momento, mediados de los ochenta, y , por extensión, de la actualidad: sobre valoración del dinero, la lenta introducción de la tecnología en las facetas más pequeñas de la vida doméstica y cotidiana, los conflictos políticos entre las grandes potencias mundiales, etcétera. Es decir, un gran surtido de elementos que componen un acertado fresco de la sociedad de finales del siglo XX”.

En agosto de 1986, 20th Century Fox adquirió los derechos de adaptación. A lo largo de los cinco años siguientes, se creyó que el director de Watchmen iba a ser Terry Gilliam, que abandonó el empeño cuando empezó a ponerse cuesta arriba. En 2001, el encargado de rodar la cinta fue, según noticias muy similares, el realizador Darren Aronofsky. Poco tiempo después, en 2001, el sucesor de Arofnosky en los corrillos de Hollywood fue Paul Greengrass, por esas fechas bajo contrato con Paramount. Obviamente, ninguno de ellos ocupó la silla reservada al director.

Sin hacer demasiado caso a las habladurías, Lawrence Gordon, un legendario productor al viejo estilo, impulsó el proyecto a lo largo de este irregular recorrido, durante el cual pasó, sin demasiada fortuna, por los despachos de Fox, Largo International, Universal Studios y, finalmente, Paramount Pictures, que al menos sacó algo en limpio: la distribución internacional del futuro largometraje

Así las cosas, no me extraña que los sinuosos vericuetos por los que discurrió esta historia condujesen finalmente a un dilema legal, que enfrentó a la productora de Watchmen, Warner Bros., con Fox, que –dicho sea de pasada– acusó a Gordon de irregularidades en su cesión del proyecto a otros estudios.

Sujeto a una menor controversia, el reparto elegido se divulgó al poco de comenzar la filmación. En el elenco participan Patrick Wilson (Daniel Dreiberg, el Búho Nocturno), Jackie Earle Haley (Walter Kovacs, Rorschach), Malin Akerman (Laurie Juspeczyk, Silk Spectre), Billy Crudup (Dr. Jon Osterman, alias Doctor Manhattan), Matthew Goode (Adrian Veidt, Ozymandias), Jeffrey Dean Morgan (Edward Blake, el Comediante), Stephen McHattie (Hollis Mason, el primer Búho Nocturno), Carla Gugino (Sally Jupiter, Silk Spectre), Matt Frewer (Edgar Jacobi, Moloch el Místico) y Dan Payne (Dollar Bill).

Desde 1988, año en que Sam Hamm escribió el primer guión inspirado en el cómic de Alan Moore, la historia de Watchmen ha pasado por las manos de diversos escritores. Charles McKeown trabajó en la versión –comprometida hasta la médula– que iba a dirigir Terry Gilliam, y David Hayter completó la suya en 2001, por la época en que Arofnosky se iba a poner al frente del proyecto.

Finalmente, fue Zack Snyder, tras el sonoro éxito de 300, quien recibió la bendición de Warner Bros. Como ya dije al principio, su guión, escrito junto a Alex Tse, pretende ser fiel a la novela gráfica original. Esa fidelidad, por cierto, se advierte asimismo en la textura visual de la cinta, un apartado en el cual reconocemos los dos antecedentes estéticos confesados por el propio SnyderTaxi Driver y Seven.

Después de que Roberto Orci y Alex Kurtzman diesen el visto bueno al guión definitivo, el rodaje comenzó el 17 de septiembre de 2007. Por motivos fiscales y de infraestructura, los equipos se trasladaron a Vancouver (¿Es que ya nadie rueda en Nueva York?). Para el resto de escenarios –incluidos los extraterrestres, que los hay– la tecnología digital sustituyó con diligencia a los decorados físicos.

Una vez concluido el trabajo de las cámaras –nos situamos ya en el 19 de febrero de 2008–, comenzó una laboriosa postproducción en la que intervinieron firmas del ramo de efectos visuales como Sony Pictures Imageworks e Intelligent Creatures.

El resultado de esa inversión tecnológica demuestra que ésta cayó en manos adecuadas. Al fin y al cabo, el proyecto de Watchmen ha sufrido trances y apuros sin cuento para llegar hasta hoy. Visto así, el largometraje de Snyder hereda veinte años de trabajo, ilusiones y enfrentamientos creativos. En cierto sentido, el éxito de la cinta viene a ser un homenaje a quienes la han hecho posible. Llegar a esa línea de meta ya es todo un triunfo.

Sinopsis

La película, una compleja mezcla de misterio y aventura, está ambientada en unos hipotéticos Estados Unidos de 1985 en los que los superhéroes disfrazados son parte de la estructura de la sociedad y en los que el “Reloj del Holocausto Nuclear”, que mide la tensión entre EE.UU. y la Unión Soviética, señala permanentemente cinco minutos para la medianoche.

Cuando uno de sus antiguos compañeros es asesinado, el fracasado pero no por eso menos decidido vigilante enmascarado Rorschach se propone descubrir un complot para matar y desacreditar a los superhéroes del presente y del pasado. Cuando se reúne con su antigua legión de enemigos del crimen (un estrafalario grupo de superhéroes retirados, de los cuales sólo uno tiene verdaderos poderes), Rorschach percibe una inquietante conspiración a gran escala vinculada a su pasado común y con catastróficas consecuencias para el futuro. Su misión es vigilar a la humanidad, pero… ¿quién vigila a los Vigilantes?

Nueva York, 1985: un mundo ensombrecido por el miedo y la paranoia, donde seres humanos normales, que antaño se pusieron máscaras para combatir el delito, ahora las usan para esconder sus identidades. Donde el arma definitiva (un súper-ser todopoderoso) ha hecho oscilar la balanza del poder mundial, empujando implacablemente al mundo hacia la medianoche nuclear. Donde hombres desesperados inventan medidas desesperadas ante la descarnada vista del Armagedón.
En una pintada hecha con spray en una pared de un sombrío y mugriento callejón de Nueva York, hay una pregunta que advierte: «Watchmen: ¿quién vigila a los Vigilantes?». Zack Snyder apunta: «¿Quién tiene el derecho de decidir lo que está bien y lo que está mal? ¿Y quién controla a los que deciden lo que está bien y lo que está mal?».

Watchmen apareció por primera vez como una serie limitada de cómics de 12 ejemplares. Fue publicada originalmente por DC Comics entre 1986 y 1987, y luego vuelta a publicar como la novela gráfica legendaria en la actualidad. La ‘cara de Smiley’ manchada de sangre de la portada, la imagen de las agujas de un reloj avanzando un minuto más cerca de la medianoche, y la estructura en doce capítulos son emblemáticas de esta obra ricamente compleja a la que se atribuye desde hace tiempo el haber elevado la novela gráfica hasta convertirla en una nueva forma de expresión artística. Watchmen es la única novela gráfica que ha ganado el prestigioso premio Hugo o que apareció en la lista de 2.005 de la revista Time entre «las 100 mejores novelas en lengua inglesa desde 1923 hasta el presente». También obtuvo varios premios Kirby y Eisner.

Cuando se publicó, Watchmen tuvo gran repercusión entre una generación que había crecido con la perspectiva de una guerra nuclear, no como una abstracción sino como una realidad palpable. Ha sido elogiada por dar voz a la angustia y ansiedad de la época, el miedo y la intimidación del poder y sus abusos, y la sombra de paranoia e impotencia experimentada cada día por la gente corriente, considerada insignificante por los que detentan el poder. En las décadas transcurridas desde su publicación, se ha ganado una legión de fervientes admiradores de todas clases que sigue creciendo.

Subvirtiendo y reconstruyendo el concepto de los superhéroes, la historia presentaba a un grupo de personales que eran más «humanos que sobrehumanos»: personas reales que se enfrentan a temas éticos y personales, que luchan contra la neurosis y el fracaso y que, aparte del Doctor Manhattan, carecen de superpoderes. El equipo original de héroes, los Minutemen, estaba formado por La Silueta, Espectro de Seda, El Comediante, Justicia Enmascarada, Capitán Metrópolis, Búho Nocturno, Polilla y Dólar Hill. La siguiente generación de aventureros enmascarados (los que están en el centro del misterio en la novela gráfica) son Espectro de Seda II, Búho Nocturno II, Rorschach, Dr. Manhattan, Ozymandias y El Comediante, que es el único que queda de los Minutemen. Cada uno simboliza una clase de poder, una obsesión y una psicopatología diferente. Una clase diferente de superhéroe.

Además de la mística del cómic (con su intrincada y poliédrica narrativa y diálogos, su simbolismo y sincronicidad, sus flashbacks y metaficción), Watchmen ha sido considerada durante mucho tiempo tanto una obra única… como una obra virtualmente imposible de rodar.

Durante más de una década, los productores Lawrence Gordon y Lloyd Levin mantuvieron la fe en que esto último no era verdad, elaborando el proyecto y esperando el momento justo y al director adecuado para dar vida al libro en una forma que estuviese a la altura de la obra. «Leí Watchmen cuando salió por primera vez», cuenta Levin. «Yo era un gran fan de los cómics, pero nunca había leído nada igual. Fue la primera vez que conecté de verdad con una novela gráfica, en el sentido de percibir que aquel era mi mundo, el mundo en el que todos vivíamos. Es una gran obra literaria. La naturaleza precisa como un reloj de la narración, lo profundamente que aborda la condición humana, la naturaleza épica de la historia, todo esto hace que sea una lectura muy intrigante y provocativa».

El proyecto se completó cuando el director Zack Snyder, que estaba todavía produciendo el que iba a ser el taquillazo de 300, comunicó a los productores su afinidad hacia la novela gráfica y su deseo de dirigirla. «Con Watchmen, siempre ha habido una sensación de descubrimiento, coincidencia y ritmo», dice Gibbons. «Parecía que ésta era una buena ocasión para que sucediese, y Zack era sin ninguna duda la persona adecuada para hacerlo correctamente. Pero nada de esto hubiera podido realizarse sin la paciencia y la pasión de Larry y Lloyd, quienes no lo hubieran hecho si no se pudiera hacer bien».

Lawrence Gordon observa: «Después de trabajar más de 15 años para conseguir hacer Watchmen, estaba ilusionadísimo. En todos y cada uno de los aspectos de la producción (desde desarrollar el guión hasta reunir a nuestro equipo creativo, desde dirigir al estupendo reparto hasta plasmar el aspecto de la película), Zack Snyder hizo un trabajo maravilloso».

El objetivo de Snyder era dar vida a Watchmen tal y como era, sin actualizarlo al presente y sin cambiarlo sustancialmente, sino siendo lo más fiel posible a la novela al hacer la película. «Zack respetaba tanto el material de partida que sabía que, para adaptarlo, tenía que ceñirse lo más que pudiera al original», dice la esposa del director y socia en la producción, Deborah Snyder. «Cambiar la época, o enfatizar algún personaje más que a los otros, no le haría justicia al argumento que hay en la novela gráfica, que siempre ha sido algo más que la suma de sus partes. Había aspectos que sabíamos que no íbamos a poder incluir por entero (como Bajo la máscara, que era la crónica de Hollis Mason de los Minutemen, los primeros aventureros enmascarados de los años 30, y Historias del carguero negro), pero sabíamos que luego podríamos hacer algo con estos temas complementarios en el DVD. Para Zack, la clave de este colosal proyecto estribaba en mantenerse siempre fiel a la novela gráfica».

«Siempre se decía que Watchmen era la única novela gráfica imposible de rodar», dice Zack Snyder. «El propio argumento es francamente misterioso, pero además está esa enorme conspiración que contiene intrigas internacionales y un supervillano y todo lo que uno espera de una historia de superhéroes. Hay una cualidad tonal en cada una de sus partes, desde la interacción de los personajes hasta la estructura del dibujo, ya sea un flasback hacia atrás o hacia delante, o una historia paralela que se cuenta. Es muy tradicional y a la vez muy poco corriente por la forma en que está estructurada. No le debe nada a ningún género en concreto, simplemente tiene uno propio, fiel a sí mismo y a todos sus personajes».

El guión, adaptado por David Hayter y Alex Tse, mantenía la descripción que se hacía en la novela gráfica de los superhéroes como unos personajes muy humanos, sujetos a las mismas presiones sociales y psicológicas que cualquiera. Snyder observa: «Con todos estos personajes, uno siente que sus creadores les quieren profundamente, a pesar de sus defectos o de cómo son vistos en el contexto de la vida real, o de lo que sugieren sobre otros iconos de la mitología de los superhéroes».

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de la fotografía, las imágenes y la sinopsis © Warner Bros. Pictures, Paramount Pictures, Legendary Pictures, DC Comics, Lawrence Gordon / Lloyd Levin Productions. Cortesía del departamento de prensa de Paramount Pictures Spain. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.