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Crítica: «Rango» (Gore Verbinski, 2011)

Todos y cada uno de los encuadres de Rango tienen una obvia vocación, y ésta no es otra que la de homenajear a los clásicos menores del western. Impecable en su factura técnica y con alguna que otra secuencia brillante, la película presenta inconvenientes allí donde menos interviene la magia digital. Es decir, en el guión, que es pobre y deshilvanado.

Gore Verbinski ha pretendido que en una misma cinta se den la mano el clasicismo y la serie B, las referencias cinéfilas y las bromas de videoclub, el idealismo del Hollywood eterno y las ocurrencias de esos subproductos que ahora intenta dignificar Tarantino.

¡Ah! El exceso, esa tentación tan peligrosa… Rango reproduce elementos del buen western de antes, y por eso incluye citas reconocibles de Raíces profundas (Shane, 1953) y de varios títulos de John Ford, incluido El joven Lincoln (1939). Luego el cóctel se desborda con ramalazos de spaghetti-western, empezando por El bueno, el feo y el malo (1966) para acabar en Django (1966), de Sergio Corbucci. Con el fin de avivar los rescoldos de este western a la italiana, a Verbinski no se le ocurre otra cosa que añadir a la mezcla un lisérgico tributo a Clint Eastwood, una trepidante persecución calcada de Mad Max 2, el guerrero de la carretera (1981) y un personaje idéntico al que John Huston interpretaba en Chinatown (1974).

Sumen a todo ello un armadillo que habla como el chamán de aquel famoso libro de Carlos Castaneda que se llama Las enseñanzas de Don Juan (1968), y tendrán una idea del barullo referencial en el que nos hemos perdido.

A decir verdad, esta es una de esas películas en la que casi todos sus ingredientes, analizados de forma aislada, tienen una garantía de calidad. El diseño de personajes resulta excelente y el reparto no presenta fisuras: Johnny Depp, Aldred Molina, Bill Nighy, Ray Winstone… hasta Harry Dean Stanton se suma al empeño.

Sin embargo, el entusiasmo que provoca esa faceta de Rango se esfuma cuando atendemos a sus cualidades narrativas. Y es que la película es irregular, y acaba perdiendo eficacia porque su brillante lenguaje y su bulliciosa puesta en escena están puestos al servicio de una historia que –ay– nunca acaba de fraguar, y cuyo hilo se deshilvana en los momentos decisivos.

A Verbinski no le falta mucho pulso como realizador, pero aquí falla en su intento de contentar por igual a los nostálgicos, a los geeks y a los niños que acuden al cine con el cartucho de pipas en la mano.

Sinopsis

El Oeste norteamericano ha visto pasar toda clase de héroes curtidos y marginales, pero Rango es de una especie nueva: un pequeño camaleón con un gran corazón cuya épica misión consiste en salvar a un pueblo singular, mientras se va convirtiendo en la gran leyenda que antes solo aparentaba ser.

La historia comienza cuando Rango, tras llevar toda la vida como mascota de una familia mirando pasar el mundo desde un terrario de cristal, se pierde en el Desierto de Mojave, en donde llega andando hasta un poblado perdido del Salvaje Oeste llamado Polvo, un lugar tan polvoriento como su nombre indica.

Rango espera poder integrarse, pero rápidamente empieza a destacar, incluso entre una población que incluye un alcalde tortuga, una serpiente de cascabel renegada, unos perros de las praderas que roban bancos, lagartos de Gila pistoleros y el primer lagarto hembra que conoce Rango.

Cuando Rango se convierte sin pretenderlo en el nuevo sheriff del árido pueblo y en su última esperanza para conseguir hidratarse, se da cuenta de que se ha metido en un buen lío.

Es una tradición que los tipos buenos no duren mucho en Polvo, pero Rango está listo para arriesgarse mientras recorre su camino para convertirse en lo único que un camaleón no puede imitar: un héroe de verdad.

Dirigida por Gore Verbinski, responsable de la épica saga de Piratas del Caribe, y protagonizada por el nominado al Óscar Johnny Depp en el multi-colorido papel homónimo, Rango rinde homenaje a los iconos del western, para a continuación darle la vuelta al género mediante una profundísima revisión, transformándolo en una sorprendente aventura familiar que ofrece tanto grandes dosis de humor irreverente como personajes entrañables y acción trepidante. La película lleva al público a un polvoriento viaje por un mundo imaginativamente diferente, hasta un árido pueblo al borde del desierto habitado por un sorprendentemente extravagante grupo de seres que viven bajo la amenaza de criaturas corruptas, todo ello materializado por un experto grupo de narradores y un elenco con algunos de los actores cinematográficos más populares.

Rango es la primera película de animación dirigida por Verbinski, quien convirtió a la saga de Piratas del Caribe en una emocionante fábula contemporánea apreciada por el público de todo el mundo. Ahora, le aporta ese vigoroso sentido del humor a una clase de saga diferente: el quijotesco viaje de un cómico camaleón ambientado en un áspero un mundo del Oeste tan real que uno siente el regusto del polvo en la boca. Rango supone también la primera vez que los magos digitales de la productora de efectos digitales Industrial Light & Magic (ILM) realizan un largometraje de animación. Aprovechando su experiencia en algunas de las películas de acción y aventuras más entrañables, forjan una original estética y sensibilidad.

Rango es la historia de un lagarto en busca de su identidad y la historia de cómo se convirtió en una leyenda”, dice Verbinski. “Es una historia chispeante y explosiva que tiene humor, romance, emoción y muchas sorpresas. Rango es un personaje desmesurado, mitad Hunter S. Thompson y mitad Don Knotts, y Johnny Depp se calza sus botas y le da una especie de osada grandeza, con todos sus engranajes echando chispas”.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis, imágenes y Cómo se hizo © 2011 Paramount Pictures, Nickelodeon Movies, Blind Wink / GK FilmParamount Pictures. Cortesía de Paramount Pictures Spain. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.