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Crítica: «Cuestión de justicia» («Just Mercy», Destin Cretton, 2019)

Nos gustan muchas cosas de Estados Unidos, pero nadie es perfecto, y hasta el país que inventó el rock tiene sus fallos. El principal de ellos es el desamparo casi absoluto que sufren las personas con menos recursos. La sanidad pública allí es un mito, e incluso se rechaza, por alguna absurda razón. Y la balanza de la Justicia suele oscilar según el dinero que se coloque en uno de los platos.

En Cuestión de justicia conocemos la historia real de una organización sin ánimo de lucro, formada por abogados dispuestos a defender o revisar los casos de condenados sin recursos, perjudicados por una defensa aún más pobre. Estos procesos legales injustos, padecidos en su mayoría por personas de color, demuestran que el Sur sigue siendo el Sur.

A lo largo del metraje, se hace notar unas cuantas veces (para los despistados) la ironía de que la película transcurra en la ciudad donde se ambienta Matar a un ruiseñor, algo de lo que parecen orgullosos todos sus habitantes blancos, incluso los que conspiran para llevar a la silla eléctrica a hombres inocentes.

Los protagonistas del film son Michael B. Jordan, que encarna a un joven y poco experimentado abogado, y Jamie Foxx, en el papel de un preso confinado en el «corredor de la muerte».

El trabajo del reparto, como era de esperar, resulta impecable, desde los protagonistas a los secundarios que solo defienden dos líneas de diálogo. No obstante, en el caso del personaje interpretado por Brie Larson, su historia es irrelevante, más allá del «no todos los blancos son malos».

Resulta imposible no enfurecerse ante lo injusto de la situación, con esos falsos culpables pagando con sus vidas la pereza y los prejuicios de un Sistema que no funciona. En este sentido, la tensión dramática se mantiene constante. En general, todo funciona y la película cumple con sus objetivos.

Sin embargo, esta trama la hemos visto demasiadas veces. De hecho, Cuestión de justicia sigue al pie de la letra, punto por punto, el manual de cómo hacer un drama judicial. Una receta que siempre funciona: una fórmula perfecta, pero fórmula al fin y al cabo. Esto provoca que el público con experiencia sepa qué va a pasar a cada momento y de qué manera, conozca o no el caso real que nos narra la película.

Más allá de su falta de frescura o capacidad de sorpresa, Cuestión de justicia es lo más parecido al cine social que puede ofrecer una película hecha en Hollywood. No faltan aquí las inevitables concesiones al suspense narrativo y la caricatura de personajes, pero sin llegar a insultar la inteligencia del espectador.

Sinopsis

Cuestión de justicia se basa en la historia real del joven abogado Bryan Stevenson (Jordan) en su batalla por la justicia y que ha hecho historia. Después de graduarse en Harvard, Bryan recibió ofertas de trabajo muy lucrativas. Pero prefiere poner rumbo a Alabama para defender a personas que han sido condenadas erróneamente o que carecían de recursos para tener una representación legal adecuada, y lo hace con el apoyo de la activista local Eva Ansley (Larson). Uno de sus primeros y más turbulentos casos es el de Walter McMillian (Foxx), que en 1987 fue sentenciado a la pena muerte por el asesinato de una joven de 18 años, a pesar de que las pruebas demostraban su inocencia. Además, el único testimonio en su contra provenía de un delincuente que tenía motivos para mentir. En los años siguientes, Bryan se ve envuelto en un laberinto de maniobras legales y políticas y de un racismo evidente y descarado mientras lucha por Walter y por otros como él, a pesar de tenerlo todo en su contra, incluido el sistema legal.

Destin Cretton coescribió el guión con Andrew Lanham (El castillo de cristal), basado en el libro de Stevenson Just Mercy: A Story of Justice and Redemption. La editorial Spiegel & Grau publicó el libro en 2014 y desde entonces lleva más de 180 semanas en la lista de bestsellers del New York Times. También fue elegido uno de los mejores libros del año por publicaciones de primera fila como TIME Magazine. El libro también le valió a Stevenson la Medalla a la Excelencia Andrew Carnegie, un Premio Image NAACP y el Dayton Literary Peace Prize al libro de no ficción.

En 1988, el abogado Bryan Stevenson hace gala de un gran valor para irse a Alabama y luchar contra la injusticia. Su única arma es una licenciatura en Derecho por Harvard y su determinación de ayudar a las personas cuyas vidas estaban literalmente en peligro. A principios de ese año, Walter McMillian había sido condenado a muerte por un asesinato que no cometió y ahora cree que su destino está sellado. La vida había llevado a estos dos hombres por caminos muy divergentes… pero ahora esos caminos están a punto de converger en un caso histórico con una gran carga de racismo que acabará haciendo temblar los cimientos del sistema judicial.

Cuestión de justicia se basa en el libro del mismo nombre de Stevenson, donde se narran algunos de sus casos más interesantes, incluido el de Walter McMillian, que es la historia central de la película. Michael B. Jordan, que encarna a Bryan y es uno de los productores de la película, afirma: «A lo largo de la historia, asistimos a los altibajos, juicios y tribulaciones que se suceden mientras Bryan lucha para que Walter sea exonerado y salga del corredor de la muerte. Cuando conoces a Walter, ves enseguida la humanidad de un hombre inocente que ha sido condenado erróneamente, pero también el coraje y la pasión de Bryan, y entiendes por qué ha dedicado su vida a esta causa a través de su organización sin fines de lucro, la llamada Iniciativa por una Justicia Igualitaria (Equal Justice Initiative – EJI)».

Como vemos en la película, EJI nació con muy pocos recursos pero ha crecido exponencialmente en las décadas posteriores. «Son la voz de esas personas que no pueden hablar por sí mismas», continúa diciendo Jordan. «Defienden a quienes se les dice que se sienten, y no renunciarán hasta que se agoten todas las opciones o hasta que se haga justicia. Lograr que se haga justicia es la única motivación de Bryan«.

El director y coguionista de la película, Destin Daniel Cretton, añade: «La historia de la película arranca hace más de 30 años, pero Bryan sigue luchando como el primer día. Él sabe que el camino que queda por recorrer es muy largo. Es sin lugar a duda la persona más amable y empática que he conocido en mi vida, la combinación de una mente genial y un corazón de oro. Consigue combinar esas dos virtudes para crear una estrategia que sea realmente efectiva a la hora de ayudar a las personas que lo necesitan.

«La obra de la vida de Bryan es la de una persona que ve un problema y decide hacer algo que pueda hacer cambiar las cosas», continúa diciendo Cretton. «Y los cambios que ha logrado a lo largo de su vida son asombrosos. Así que en esta película asistimos a la génesis de un héroe. Esa es mi sensación».

Cretton reconoce que leer el libro Just Mercy le obligó a cuestionarse la confianza que siempre había tenido en el sistema judicial. «‘Justicia para todos’ son palabras que siempre han estado en mi cabeza desde niño. Pero cuando hojeas las páginas del libro de Bryan, ves con toda claridad que no hay justicia para todos. Hay justicia para algunos e injusticia extrema para muchos otros».

Jamie Foxx, que encarna a Walter McMillian, reflexiona: «Las piezas de un dominó racial llevan cayendo hace mucho tiempo y todavía no hemos sido capaces de detener su caída. Por lo tanto, se necesita una película como esta porque, con suerte, la gente (negra, blanca, asiática, latina, lo que sea) que venga al cine salga con una mentalidad diferente y diga: ‘Queremos que este tipo de cosas dejen de suceder.’»

«Las películas consiguen que nos identifiquemos con personas que son diferentes a nosotros», añade Brie Larson, que interpreta a la compañera de Bryan, Eva Ansley, en la película. «La idea de que personas que no estén especialmente familiarizadas con este tema, o que tengan una idea preconcebida sobre los hombres y las mujeres que hay en el corredor de la muerte, puedan ver esta película y salir con una nueva perspectiva de cómo funciona nuestro sistema judicial, cómo puede fallarnos y cómo podemos apoyar algo realmente importante».

Stevenson continúa diciendo: «Quiero que la gente entienda los problemas de parcialidad e injusticia que existen en nuestro sistema judicial, un sistema que te trata mejor si eres rico y culpable que si eres pobre e inocente. A veces pienso que la gente cree que no hay lugar para la misericordia en la justicia o que la misericordia no concuerda con la justicia. Elegí el título Just Mercy como una forma de describir la misericordia que se basa en comprender que todos necesitamos piedad, redención, y que ninguno de nosotros quiere ser juzgado por la peor cosa que haya hecho en la vida. Quería transmitir el concepto de que la misericordia no es lo que ofrecemos a las personas que creemos que lo merecen; la misericordia es lo que ofrecemos a las personas que creemos que no lo merecen. Exige una comprensión no solo de quiénes son, sino de quiénes somos. Así que me gusta esa interacción entre ‘just’ y ‘mercy’ en el título, que aspira a superar la idea de que la misericordia también es justa. Quería que esa idea fuera frontal y central».

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).