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Cocteau y la música

Hace medio siglo moría en París, Jean Cocteau. Se ha dicho de él que, sin ser primero en ninguna disciplina, fue un brillante segundo en todas: poesía, teatro, cine, pintura, dibujo. En este último renglón se lo ha comparado con ilustres antecedentes como Durero o Ingres. Podía haberse incluido en la lista a Dalí, sobre todo porque también el catalán se metió a escenógrafo.

Me quedo en el tema musical. Cocteau no fue ni compositor ni intérprete de música pero sí un cierto doctrinario  y un agitador estético de la música que se hacía en el París de su tiempo, que es decir uno de los escenarios más importantes del mundo en dicha materia. En textos sueltos y aforísticos como El gallo y el arlequín, Opio Pasado imperfecto contribuyó a conformar una tendencia que, partiendo de las vanguardias de la preguerra como el futurismo o el dadá, y orillando al surrealismo, que fue alérgico radical a la música, revisó el movimiento germánico en contra de la tonalidad, a favor de un neolatino ejercicio de claridad melódica. Así surgieron el Grupo de los Seis y el Stravinski del “retorno a Bach”, deudores del texto coctiano Un llamado al orden. También así consiguió Cocteau juntar a Picasso y a Satie en el ballet Parade, y propuso a Stravinski esa curiosa obra, ese oratorio profano con dioses antiguos entremezclado con noticias de periódico como voces de la fatalidad que es Oedipus Rex. Asimismo cuenta el hecho de que un músico de notoria solidez como Georges Auric se ocupase de la banda sonora de sus películas.

Desde luego, Cocteau contaba con un ejemplo a tener muy en cuenta y es el de Serge Diaghilev quiren, sin ser músico, convocó a los mejores de  su tiempo en torno a sus Ballets Rusos. Hace cien años puso la pica en Flandes, es decir en París, con La consagración de la primavera. Fue el último año pacífico de la Bella Época, el año en que, no casualmente, llegaba el tango argentino a París de manos de un señor Pacheco, según nos anoticia en sus diarios Jean Cocteau, siempre alerta a las novedades. En la posguerra de 1919 vendrían los  filmes soviéticos, el jazz de los negros, las operetas revolucionarias de Berlín. Es otra historia que siempre contó con la despierta contribución de nuestro poeta.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Publicado previamente en Scherzo y editado en Cualia por cortesía de dicha revista. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")