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Celibidache y su aversión por lo “moderno”

Sabido es el deliberado alejamiento de Sergiu Celibidache (1912-1996) sobre el repertorio contemporáneo que germinaba, a la par de su propia carrera, durante la segunda mitad del siglo XX. De hecho, fue famoso su enfrentamiento con Schönberg (que había muerto en Estados Unidos en 1951), cuya música detestaba y pocas veces perdía la ocasión de criticar en entrevistas, junto al sistema dodecafónico y, veladamente, a los seguidores del músico austríaco, como Alban Berg, Anton Webern o Theodor W. Adorno:

Schönberg fue un compositor –siempre que lo fuese– de una estupidez exagerada. Todo suena igual y, afortunadamente, su tiempo se acabó rápido, además de que el sistema de música dodecafónica, con todos sus apóstoles y cultivadores, tuvo el mismo fin que el sistema comunista: colapsó sobre sí mismo y se hundió. La música dodecafónica no nos ha dejado ni siquiera una obra maestra, ¡ni siquiera una!”.

Sin embargo, sí dirigió –por tanto, estudió– algunas obras de Schönberg, como las Variaciones para orquesta Op. 31, de 1926-28, de la que se conserva una rara grabación en Lucerna, de 1974, con la orquesta del festival.

Tampoco Celibidache tenía en buena estima a los compositores de la posguerra, Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen, seguidores, al fin y al cabo, de las premisas de Schönberg, intensificadas según su pragmática concepción del Serialismo integral.

Mientras que Bruno Walter, el asistente de Mahler los había llamado “tiranuelos”, Celibidache tampoco les ahorraba ningún calificativo despectivo:

“Incluso ahora, en un tiempo en que se corre el riesgo de ser lapidado por los talibanes de la Escuela de Darmstadt y aledaños, por los Schönberg & Co., que se han alejado de todo lo que el hombre puede relacionar. ¿Las notas no tienen más jerarquía? ¿Y quién puede recordar hoy el tema de las Variaciones Op. 31? Yo, querido amigo, le limpiaré los zapatos durante los próximos cincuenta años si usted me encuentra a un compositor de este tipo que se acuerde de estas notas”.

El propio Herbert von Karajan había tachado la obra de “intocable”. Pero su visión artística, influida por el impacto comercial, no impidió grabar al maestro de Salzburgo la obra de Schönberg con la Orquesta Filarmónica de Berlín, que se convirtió en una de las referencias de la época.

Anécdotas como éstas jalonan el instructivo volumen de Rafael Pérez Basagoiti y Enrique Pérez Adrián, Música, maestro: de Mahler a Dudamel, editado por Fórcola en 2022, de obligada referencia para músicos, melómanos y directores en ciernes.

Copyright del artículo © Marta Vela. Reservados todos los derechos.

Marta Vela

Marta Vela es pianista, escritora y docente en la Universidad Internacional de La Rioja. Junto a una actividad muy intensa en diversos ámbitos artísticos –interpretación, dirección musical, gestión cultural, elaboración de contenidos audiovisuales–, sus líneas de investigación versan sobre música y literatura, interpretación y análisis, música vocal post-tridentina y música instrumental de los siglos XVIII, XIX y XX. Sus artículos han sido publicados en diversas revistas especializadas de España, Argentina, Chile, Venezuela, Colombia, México, Costa Rica y Reino Unido, entre las que destaca la "Revista de Occidente". Sus actividades artísticas han aparecido en medios de alcance nacional, Es.Radio, Cadena Cope, TVE 1, Radio Nacional de España, "El País", "El Mundo", "La Razón". En Radio Clásica ha presentado y dirigido espacios como "Temas de música" y "Música con estilo". Dos de sus libros, "Correspondencias entre música y palabra" (Academia del Hispanismo, 2019) y "Las nueve sinfonías de Beethoven" (Fórcola, 2020) le han valido sendas candidaturas, en 2020 y 2021, al Premio Princesa de Girona, en la modalidad de Artes y Letras. Asimismo, es autora de "La jota, aragonesa y cosmopolita" (Pregunta Ediciones, 2022).

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