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Beethoven: revolución en la sinfonía

Forma clásica por excelencia, hija de la sonata y madre de la obertura, la sinfonía fue tratada con extrema formalidad durante el siglo XVIII: Haydn, Mozart, Boccherini y suma y sigue. En sus cuatro movimientos, severamente ordenados, se puede leer una alegoría de la vida humana, seccionada en cuatro edades.

Beethoven, respetuoso de los cánones en su juventud, se evadió de ellos en cuanto advirtió que estaban agotados por la frecuentación de los grandes maestros. Algunos enigmas literarios lo ayudaron en la empresa. La quinta sinfonía suele denominarse «del destino» por la frase de cuatro cortantes acordes con que se inicia y que insisten en el primer movimiento, como si un puño fatal llamara a la puerta del Gran Sordo. La sexta, Pastoral, tiene un programa expreso que nos lleva a pasear por el campo, a escuchar pajarillos en el bosque, a mojarnos bajo la lluvia y a bailar con los labradores. Es una suerte de poema sinfónico, un género que desde el romanticismo tendrá ancha fortuna.

Pero la conmoción beethoveniana llega en 1824, dieciséis años más tarde que la sexta, con la novena, llamada Coral. Los tres movimientos iniciales parecen desarrollarse con normalidad pero el cuarto se abre con una broma orquestal, en que una parte de la masa repite las melodías rectoras ya escuchadas, y otra las rechaza y propone su propio emblema, el himno que enseguida se puebla con los versos de la Oda a la alegría de Schiller. El hecho de introducir voces solistas y coro en una sinfonía trastorna toda la forma y abre el campo a las experiencias que harán, a su tiempo, César Franck, Gustav MahlerAlexander ScriabinDimitri Shostakovich y Richard Strauss, entre otros.

Aquí sí la literatura entra en escena con todo derecho, pues la trae el propio músico. Es como si el compositor cediera la palabra –nunca mejor dicho– al poeta, a la vez que, al obligarlo a cantar, se apoderase de dicha palabra, la palabra simplemente dicha. Hay, en otro sentido, una proclama humanista en los versos (más o menos traducidos): «Todos los hombres llegan a ser hermanos». Esta proclama fraterna, hecha en un tiempo de sangre –revolución francesa, guerra napoleónica, restauración– traza un rápido devenir armonioso al infatigable encuentro de Caín y Abel, que ya eran hermanos, como todos sabemos.

Beethoven, con sus audacias, no sólo concitó una literatura en torno a su música sino que demostró su calidad inagotable. Ninguna palabra es la última al confrontarse con el arte sonoro, que siempre le saca ventaja. El compositor, igualmente, al trastornar el orden clásico de la sinfonía, la modernizó y le señaló nuevos caminos. Clausuró una época de su historia, el clasicismo, pero no aniquiló la herencia, sino que la salvó en una ceremonia de transfiguración.

Se dice que la tercera sinfonía, llamada Heroica, narra la desilusión de un gran admirador de Napoleón. La novena es hoy el himno de la Unión Europea. Acaso haya acertado Beethoven en su parábola, que deja de lado al conquistador y enaltece la pacífica convivencia.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Este artículo fue publicado originalmente en ABC, y aparece publicado en Cualia con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")