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Crítica: «Océanos de fuego (Hidalgo)» (Joe Johnston, 2004)

Como decíamos a propósito del estreno de Piratas del Caribe, la AVENTURA ha vuelto. La aventura clásica y sin complejos, a la antigua usanza, de la de sobremesa del sábado.

Duros viajes, culturas exóticas, personajes carismáticos, peligrosas fieras, malos malísimos y romance. Esto es lo que se encontrará el espectador que acuda a ver Hidalgo liberado del espíritu sarcástico y agriado propio de la última década. Quien pretenda ver un profundo tratado sobre las relaciones entre el mundo occidental y el árabe, o sobre la decadencia del Wild West, será mejor que recurra a David Lean o Sam Peckinpah.

Porque, aunque la película está basada en un personaje real (se podría decir que muy ligeramente inspirada), lo cierto es que la historia de estos Océanos de fuego bien podría estar basada en una de aquellas novelas aventureras de Julio Verne al estilo de Cinco semanas en globo o La vuelta al mundo en 80 días, cuando en el mundo todavía quedaban cosas que descubrir y la globalización cultural se limitaba a la afición internacional por los Colts y las novelas de vaqueros.

La película, no hay que engañarse, está creada a base de tópicos, tanto en los personajes (esos árabes elegantes, brutales en sus tradiciones y con el honor por bandera, o el cowboy galante y audaz) como en las situaciones, mil veces vistas en los tiempos del cine clásico pero bienvenidas hoy por lo entrañable.

También es cierto que esta abundancia de lugares comunes resta algo (solo algo) de tensión a la historia, ya que uno sabe por donde van a ir los tiros antes de que se desenfunden las pistolas.

Pese a todo, los tiempos mandan y en la película hay sitio para aires modernizantes, incluyendo reivindicaciones de colectivos maltratados en el genero aventurero de antaño como los indios americanos, las mujeres o los mismos árabes, que adquieren un protagonismo positivo con el que se liberan de su tradicional papel de salvajes ignorantes, victimas pasivas o asesinos descreídos.

Hidalgo, título original de la película, también es el nombre del caballo protagonista. Y es que se hace una clara analogía entre el cuadrúpedo y su jinete, un cowboy mitad sioux, mitad blanco que alberga en su interior el espíritu libre de su sangre india oculto bajo su imagen caucásica y que, en su viaje, como no podía ser de otro modo, terminará por liberar. Todo este asunto no tiene nada de sutil ni original, pero da color y sentido a la película, incluyendo momentos de espiritualidad india (algo de moda en estas semanas, como comprobarán en Desapariciones y Blueberry) en mitad del desierto africano que llegan a convertirse en un deus ex machina.

Pero, ante todo, la película es un certamen interpretativo de Viggo Mortensen, más que probable estrella del cine de aventuras del nuevo siglo. Se trata del tipo con esa imagen viril y tranquila (no confundir con sosería) que necesitaba el género desde que Harrison Ford se entregó al mundo de las películas de segunda categoría.

Y es que Viggo es, o al menos eso parece en pantalla, todo un hombre, que para los que no sepan que es eso, era un extraño ser que solía aparecer en el cine de antaño, y cuyas motivaciones tenían que ver con cosas relacionadas con misteriosos y olvidados asuntos que recibían extraños nombres como “integridad”, “valor”, “honor” o “amistad”. Como comprobarán, esta es una película bastante retro.

Sinopsis

Frank T. Hopkins (Viggo Mortensen) es un antiguo vaquero mestizo, famoso por ganar carreras de larga distancia a lomos de su caballo mesteño Hidalgo. Pero tras presenciar la masacre de Wounded Knee malvive desencantado en el circo de Buffalo Bill. Todo cambiará cuando el Jeque Riyadh (Omar Sharif) le invite a participar en la carrera de larga distancia más dura del mundo, que transcurre a través de 4.800 kilómetros del desierto de Arabia.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019), "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019), "Psicosis. El libro del 60 aniversario" (2020), "Pasión de los fuertes. El libro del 75 aniversario" (2021), "El doctor Frankenstein. El libro del 90 aniversario" (2021), "El Halcón Maltés. El libro del 80 aniversario" (2021) y "El hombre lobo. El libro del 80 aniversario" (2022). En solitario, ha escrito "El cine de ciencia ficción" (2022).