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Kenelm Digby en España

Marzo de 1623. Un grupo de jinetes se arremolinan en la colina. A sus pies, Madrid, capital de todas las Españas. Detrás, el bosque de pinares. Sereno. Casi oceánico. Sobre Madrid, el cielo aborrascado y dramático de una mañana de marzo.

George Villiers, duque de Buckingham, Lord Almirante de Inglaterra y favorito del rey Jacobo I, se vuelve a su ilustre acompañante: “Señor, esto es Madrid”. Carlos Estuardo, escocés, Príncipe de Gales, enamorado de María Ana Margarita, Infanta de España, ha decidido viajar de incógnito hasta España, a fin de precipitar una boda que, finalmente, no tendrá lugar: la todopoderosa corona española exige, sine qua non, la conversión al catolicismo del futuro jefe de la Iglesia anglicana. No hay nada que hacer…

En el Madrid de 1623 no hay herejes. Tampoco hay papistas en Londres. Pero se hará una excepción con tan ilustres visitantes. Como valedor del príncipe inglés, Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar, conocido como el Maquiavelo español, uno de los más brillantes diplomáticos de la Edad Moderna. Embajador español en Inglaterra durante una década decisiva (1613-1622). Amigo personal del rey Jacobo, padre del heredero enamorado.

Entre los ingleses dedicados a negociar tan improbable boda, John Digby, que trajo consigo a su sobrino Kenelm, uno de los personajes más extraordinarios del siglo XVII. Gran amigo de Descartes, miembro fundador de la Royal Society, introductor de la mecánica de Galileo en Inglaterra, liberal y magnífico, dejó para la posteridad la memoria de sus célebres “polvos de simpatía”, una receta alquímica que le había sido confiada por un misionero carmelita:

“Se trataba de un religioso carmelita recién llegado a Florencia de las Indias de Persia, habiendo estado incluso en la China. Tras haber realizado curas maravillosas con el polvo desde su llegada a la Toscana, el duque (Cosimo II de’ Medici) le manifestó que sería muy feliz si se lo enseñase. El religioso le respondió que era un secreto que había aprendido en Oriente, que creía que sólo él lo conocía en Europa, y que merecía que no se divulgase, lo que no podía hacerse si su Alteza se pusiese a emplearlo, ya que no iba a hacerlo con sus propias manos y que si se utilizaba para ello a su cirujano u otro sirviente, en poco tiempo habría muchas otras personas que lo conocerían tan bien como él. Tras lo cual, su Alteza no quiso insistir más. Pero unos meses más tarde, tuve ocasión de hacer un gran favor a ese religioso, lo que provocó que no desease negarme su secreto…”

Kenelm Digby, enamorado de aquella España que llegó a conocer tan bien. Kenelm Digby, que utilizó como ex libris el célebre verso de Lope de Vega: “Quien no sabe de amor, viva entre fieras”.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.
Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran "El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II" (1998), "Los amantes del arte sagrado" (2000), "Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias" (2002), "Alquimia, el gran secreto" (2002), "Las plantas mágicas" (2002), "Magos y Reyes" (2004), "Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado" (2005), "Los libros malditos" (2005), "Inferno. Historia de una biblioteca maldita" (2007), "Historia de las hierbas mágicas y medicinales" (2008) y "Evas alquímicas" (2017).