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«100 balas: Hermano Lono» (2013-2014), de Brian Azzarello y Eduardo Risso

Aunque por filosofía y calidad narrativa Hermano Lono encaja a la perfección dentro del universo de 100 balas, en esta ocasión Brian Azzarello y Eduardo Risso nos relatan una historia que podría ser perfectamente real. Como era de esperar, encontramos aquí ese toque humano y esas disyuntivas tan características de la serie, pero la violencia extrema y las situaciones desquiciadas no se plantean esta vez como una licencia imaginativa, sino como el reflejo de hechos que uno puede encontrar tranquilamente en los periódicos.

La acción transcurre en Durango, y por las fechas que en Azzarello y Risso preparaban Hermano Lono, ese estado mexicano ya era un escenario en llamas.

¿Violencia? Pues sí, y no solo en lo que se refiere a delincuencia común, sino especialmente en el ámbito del crimen organizado.

Los episodios macabros asociados al narcotráfico eran el pan nuestro de cada día en 2012. Por citar un ejemplo al azar, les recuerdo que encontraron siete cabezas humanas, depositadas en plena calle, en el poblado de Santiago Papasquiaro. Y aquel solo fue un caso más entre otros muchos, por desgracia habituales en el triángulo dorado de la droga (Durango, Sinaloa, Chihuaha).

En fin, ya verán que pese a su extrema crudeza, Hermano Lono casi palidece ante la realidad. Los cárteles de la droga se siguen disputando aquel territorio, y desde diciembre de 2006, una ofensiva militar lo convierte en zona de guerra. ¿Con qué consecuencias? Pueden imaginárselo: miles de asesinatos, tumbas clandestinas, tiroteos, desplazamientos masivos de población, torturas, secuestros, trasiego de droga, cientos de células de sicarios, y desde luego, redes de complicidad con las organizaciones criminales.

Este cómic se ambienta durante el periodo en que dominaban el narcotráfico grupos como el Cártel de Sinaloa, el Cártel de Juárez, el Cártel del Golfo ‒activo desde los años 30‒, el Cártel de Jalisco, el Cártel de Tijuana y la Familia Michoacana, de la cual se escindirían los Caballeros Templarios (Desde entonces, por cierto, las cosas no han mejorado. Es más: las disputas entre esos cárteles han dado lugar a nuevas alianzas y organizaciones.)

Un último detalle: por las mismas fechas en las que Brian Azzarello escribía Hermano Lono, la banda de los Zetas, compuesta por exmilitares y puntualmente aliada con el Cártel del Golfo y el de los Beltrán Leyva, empezaba a decaer.

Este marco histórico tan desolador queda muy bien resumido en el guión de Azzarello, en el que, evidentemente, no falta la participación de la agencia antidrogas de Estados Unidos, la DEA.

Hermano Lono es, además de un thriller oscuro y ultraviolento, una tentativa de explicar cómo funciona ese infierno moral. Publicado a lo largo de ocho números, entre agosto de 2013 y abril de 2014, también acredita por enésima vez el altísimo rendimiento del equipo que forma Azzarello junto al dibujante Eduardo Risso y la colorista Patricia Mulvihill.

El protagonista, Lono, reaparece en esta historia, desvelando así qué fue de él tras su violento recorrido por el universo de 100 balas. Aunque sigue siendo un adicto al homicidio, lo suyo parece un camino de redención. Eso explica su vínculo con el orfanato de San Sebastián, dirigido por el Padre Manny, y asimismo su tira y afloja con César, el jefe de policía, y con una desconcertante monja, la hermana June, recién llegada a Durango.

¿Villanos? Esta historia los tiene de todo tipo y condición. Psicópatas, como el pandillero Cráneo. Pragmáticos y con un conocimiento profundo de la mecánica mafiosa, como el todopoderoso Cortez, el dueño del casino. Y ocultos tras un misterio insondable, como las Torres Gemelas, líderes del cártel local. Todos ellos carecen de escrúpulos y son capaces de sonreír mientras un hombre es despellejado o queda a merced de los coyotes, sufriendo una agonía infernalmente lenta.

Hermano Lono presenta al lector una crónica salvaje del universo narco. Sus páginas están cargadas de sufrimiento, maldad y matones con tatuajes, pero a pesar de ello, y gracias a su inteligente guión, podemos distinguir que el mal absoluto siempre tiene una contrapartida.

Sinopsis

El último miliciano en pie.

Hace tres años, ese hombre mutilado y hecho una ruina llamado Lono se topó con la iglesia de padre Pérez en las afueras de Durango, México. Lo que salió del confesionario del padre ya no era uno de los asesinos más temidos del mundo… pero tampoco era ningún santo.

El recién bautizado hermano Lono se quedó para ayudar al padre Pérez a cuidar de la iglesia y de los huérfanos que vivían allí, mientras se pasaba las noches encerrado porque la bestia en su interior amenazaba con liberarse.

Que Lono encontrara a Dios no significa que se fíe de él. Y tiene motivos de sobras para estar paranoico. Las Torres Gemelas, el cártel de la droga más despiadado de Durango, está expandiendo su territorio, y los terrenos sin urbanizar de la iglesia son un premio muy tentador. Mientras, la DEA está buscando la manera de infiltrarse en esa operación. Hay sangre en el ambiente, y la bestia puede olerla.

Las cosas pueden terminar en el clásico duelo mexicano, con todo el mundo apuntando sus armas hacia el hermano Lono. Pero ninguno de ellos es consciente de lo que están a punto de provocar.

El galardonado equipo formado por el guionista Brian Azzarello y el dibujante Eduardo Risso regresa a la saga que los convirtió en superestrellas con 100 balas: Hermano Lono, una historia completamente nueva sobre confianza quebrantada y venganza sangrienta.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.