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¿Un país sin héroes es un país con gentuza?

España es un concepto realmente singular: miradla un momento desde fuera. ¿Qué pensar de un país donde cualquiera de sus ciudadanos puede sentirse exultantemente patriota de cualquier trozo de su territorio excepto del propio país en conjunto, o sea, la suma de esos trozos? Es casi obligatorio demostrar romántica devoción por la PARTE y rotundo desprecio por el TODO. Divertido, ¿no?

El éxito de las películas protagonizadas por el Capitán América me hizo pensar por qué la mentalidad anglosajona, mucho más triunfalista como sociedad, genera fenómenos abiertamente patrióticos y a favor de una mitología de reafirmación como éste, arrasando en todo el mundo, incluso en los países antiamericanos de boquilla como el nuestro.

Y por qué un Capitán España se estrellaría indefectiblemente contra el escarnio, la burla cruel y acusaciones varias de fascismo en las filas de los propios foros públicos españoles…

España es un país sin casi héroes de ficción. Somos demasiado descreídos de la épica (lo nuestro es la picaresca) y, además, no contamos con un modelo de sociedad futuro válido por el que luchar: no tenemos fe en esta sociedad ni en mejorarla.

Odiamos esta sociedad, y no queremos seguir sus reglas, pero tampoco presentamos ninguna alternativa viable. Odiamos por odiar. Por destruir al otro y por tanto, a nosotros mismos.

En los últimos años, solamente hemos generado dos héroes de ficción reconocidos y de gran calado en nuestra sociedad: uno, más generalista, es Águila Roja (2009-2016). En su vida civil, se trata de un profe enrollado y sociata avant la lettre, perorando su buenrollismo y sus valores en pleno siglo XVII; en su vida “oficialmente” heroica, actúa como hombre de acción bajo los ropajes de un ninja-samurai, también avant la lettre: cree en la igualdad, la justicia, causas honestas, etc.; y en ese credo de batalla, que defiende a mandobles, sólo destacaría como medularmente española su apología del vulgo y la gente común: la bondad de lo cotidiano, la inocencia de la ignorancia.

Como todo lo que procede de la cultura popular en España cuando es generada por un medio innoble (en este caso, la TV) es probable que en un par de décadas el personaje haya caído en el olvido, como parece que va a pasar con el excelente y muy idiosincrático Curro Jiménez (1976-1978).

Esperemos que no, porque estamos ante una creación sumamente original y feliz, muy rica en personajes representativos y que ha actualizado mitos de nuestra cultura de un modo ejemplar (véase en especial el nuevo Sancho Panza rebautizado como Sátur y encarnado a la perfección por un Javier Gutiérrez en estado de gracia).

Más reconocido y prestigiado por ser su fuente original literaria y por la solidez de su urdimbre, el Capitán Alatriste de Arturo Pérez Reverte aporta nuestro otro gran símbolo épico, aunque en este caso nos hallemos más bien ante un antihéroe: pues no cree en nada de aquello por lo que lucha y arrastra su patriotismo español como si fuese un pesado ataúd y su lealtad al Rey como un estreñimiento crónico, como lo hacemos todos los españoles en la actualidad.

Más allá de esos dos personajes, hay un vacío épico en nuestra presente cultura casi absoluto. ¿Es malo no tener modelos heroicos vigentes de referencia para la ética del país? ¿O, al contrario, es bueno ironizar, descreer y mofarse de modelos épicos casi siempre unidimensionales?

Contra el reaccionarismo de siglos ejercido por los símbolos procedentes de imperialismos colonialistas (en especial los de la vieja Europa, de ideales ya más caducos que los de la todavía inocente USA), siempre se suscita en nuestros tiempos además una respuesta guasona o cínica que, en cierto modo, lo cuestiona.

Recordemos que el mayor héroe adulto con que cuenta Gran Bretaña hoy día es un defensor ¡casi nihilista! del establishment que, empero, se toma la vida (la suya y la ajena) a bastante cachondeo: todo el mundo quiere ser como el agente 007, pero nadie cree que James Bond crea realmente en lo que defiende (o, para el caso, que sea REALMENTE un héroe)… ni él pone mucha convicción en convertirnos a su causa, más allá de transmitirnos lo divertido que es matar tíos malos, trajinar tías buenas y conducir motores potentes.

En todo caso, si es un héroe, nos las estamos viendo con un héroe “decadente”: y, precisamente por decadente (como los valores de la sociedad que abandera), más exitoso que nunca…

Sí, desde cierta perspectiva es penoso que en España no tengamos ideales ni héroes. Se nos murió Suárez, el padre de nuestra Democracia (el más destacado al menos) y a mucha gente sólo se le ocurrió comentar por Facebook que con el sueldazo de ex Presidente que debió cobrar todos estos años, así cualquiera pierde la memoria… ¿Ser desconfiado, malicioso, pesetero y desagradecido es algo connatural a ser ciudadano español? ¿Así sería un supervillano cañí? ¿O así seríamos todos, la indefensa población civil que se vería obligada a salvar un superhéroe cañí?

Pero mirémoslo por el lado bueno: casi con total seguridad, el Holocausto jamás sería posible en España. Los españoles carecemos de la ingenuidad necesaria, que sí derrochan los alemanes, para tomarse en serio ningún objetivo supremacista o de supuesta “mejora” de nada que nos concierna como nación, mucho menos de algo tan ajeno a nuestro pensamiento como la noción de raza.

Si ni tan sólo creemos en la meritocracia, va a pasar todavía mucho tiempo para que, afortunadamente, nos dé otra vez por la irracionalidad del fascismo.

Así que seguimos sin tener claro si, en el balance final, generar (y atesorar) o no modelos heroicos de ficción sea bueno o sea malo. Obviamente, no resulta necesario que destilen un tinte épico. ¿Podrían los Alcántara, a su manera, personificar un modelo heroico o loable de conducta para el pueblo español?

No lo sé. Pero en cuanto a nuestro talante épico y ético, un matiz final.

Estados Unidos realizó varias películas con el Capitán América, y las llevó a los confines del mundo, acaparando la taquilla en una operación internacional perfecta de imposición de un modelo de ética propio y de otro icono más de su imperialismo cultural.

España realizó en 2011 una película sobre el Capitán Trueno que nadie fue a ver, con la mera finalidad de quedarse con varios millones de euros en subvenciones públicas (1), con seguridad extraídos de los impuestos de todos los ciudadanos (2).

¿Es o no es significativo de algo?

(1) «La Generalitat valenciana reduce en 378.752 euros la ayuda concedida al Capitán Trueno. En la documentación aportada por la productora, que se encuentra en concurso de acreedores, se detecta una «modificación del gasto local cuyo importe era inferior» al aprobado inicialmente» (ABC, 01/02/2013).

(2) «Un mes después de su estreno, el protagonista de la cinta, Peris-Mencheta, cargó duramente contra los productores: ‘Que Pau Vergara pague lo que debe y se aleje para siempre del cine español. Qué desastre. Lo de esta producción no tiene nombre’. (…) A día de hoy, tanto Maltés Producciones como Sorolla Films han entrado en concurso de acreedores y cuentan con numerosas denuncias por impagos a la Seguridad Social e incidencias con la Agencia Estatal Tributaria. (…) el ICAA ha decidido no concederle ninguna subvención. (…) Según reza en el BOE publicado este viernes, la cinta producida por Maltés Producciones y Sorolla Films no ha tenido derecho a ninguna ayuda a la amortización de largometrajes estrenados en el último trimestre de 2011 debido a que su solicitud fue presentada fuera de plazo. Dicha subvención podría haber ayudado a recuperar una mínima parte de los 8,39 millones de euros invertidos». (Juan M. Fedz, El Confidencial, 30/06/2014).

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Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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