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Quiénes somos

Érase una vez un reino llamado Internet, en cuyo territorio cambió el modo de aprender y de relacionarse. Conectando casi todo y a casi todos, Internet impactó en muchas áreas de forma positiva. Y sin embargo, aquella mutación no le sentó bien al periodismo. La prensa entró en una dimensión paralela, y poco a poco, dejó de sentirse cómoda en la red que le había brindado su mejor oportunidad.

La disponibilidad ubicua de contenido tuvo un efecto inesperado: cambiaron las reglas de juego. Ahora vamos conociendo las consecuencias. En muchos medios, es preferible caerle bien a Google (y a su algoritmo) que escribir con calidad.

La desconfianza es inevitable. Opinar sin saber se ha convertido en una costumbre planetaria, y buena parte del periodismo se ha contagiado con un virus que desbloquea las bajas pasiones.

El dopaje digital de la prensa ha impulsado la charlatanería. Y no olvidemos el sectarismo y el narcisismo que antes cultivó la televisión. Incluso en nuestro gremio ‒el cultural‒ el tuiteo agresivo y los momentos Instagram definen esta nueva época.

Muchos culpan a los medios, y sin embargo, nada de esto es inevitable. En la era punto com no solo hay espacio para los atrapaclics y para el éxito viral instantáneo.

Frente al periodismo selfiecéntrico, Cualia se presenta como una revista clásica, escrita por profesionales de la vieja escuela. En sus páginas, el lector no encontrará rumorología o fuego cruzado, sino lecturas apacibles, que no pueden resumirse en un tuit.

Somos unos nostálgicos, sí… Pero por otro lado, no ocultamos las obsesiones típicas de la era de Internet. Al igual que les sucede a tantos, también nos dejamos enganchar por una franquicia de películas, por un cómic o por cualquier otro fenómeno pop. Adoramos las realidades alternativas y nos encanta activarlas en el motor de búsqueda.

¿Cuál es nuestra razón de ser?

A una revista digital, como sucede con un ensayo o con una novela, hay que pedirle que dé conversación, convirtiendo a cada usuario en un interlocutor. Si es una revista cultural, además hay que pedirle que muestre el lado más trepidante y revelador del conocimiento. En lo posible, con amenidad, y siempre de forma convincente.

En Cualia nos interesan los mundos del ayer, pero también el mundo de mañana. Partiendo de distintos puntos de vista, aspiramos a contar cosas que nos importan. Cosas que casi nunca dependen de la actualidad ‒y mucho menos del debate político‒ y que además generan cierta reflexión.

No hacemos distinciones entre alta cultura y cultura popular. Aquí caben una ópera y un tebeo, una película de superhéroes y un libro de filosofía. El tono cambia, porque cambia nuestro estado de ánimo, pero cualquier faceta del conocimiento nos interesa.

¿Que por qué evitamos especializarnos? Porque nos gusta el encuentro entre especialistas de áreas muy diversas. Y lo más importante: porque sabemos que muchos lectores tampoco ponen límites a su curiosidad.

Imagen superior: el cuadro que inspiró nuestro logotipo, «Teseo, Ariadna y el minotauro en el laberinto» (Musee du Petit Palais, Avignon).

El mapa sentimental de Cualia

Recordemos la cita de George Orwell: «Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques; todo lo demás son relaciones públicas». Esto es algo que debería tenerse muy presente en el periodismo cultural. Demasiados suplementos, empujados por la crisis, han ido convirtiéndose en catálogos publicitarios, más atentos a lo que importa vender que a lo que importa ver o leer.

En Cualia buscamos soluciones sugerentes a este problema. Y por eso elegimos este nombre.

Los qualia son las cualidades inefables y subjetivas de las experiencias conscientes. Es decir, percepciones o afectos muy personales. Los qualia, precisamente por eso, añaden un toque de individualidad a nuestro proyecto.

Alejándonos en lo posible del márketing y de las modas, lo que buscamos en Cualia es una experiencia íntima, donde haya lugar para lo minoritario. Para lo que ha caído en el olvido. Para lo que uno cree que es distintivo y personal.

La inspiración puede venir de una palabra ‒qualia, en este caso‒, pero una revista debe ir más allá. Ha de ser también una jerarquía y un itinerario. Y lo que nos lleva a trazarlo son las miles de preguntas que se ha hecho el ser humano a lo largo de su historia.

El pulso del arte y la cultura

Hay un momento para echar la vista atrás, recordando las condiciones en que nosotros, la especie Homo sapiens, emprendimos nuestra ruta sobre el planeta.

Hay un momento para explicar lo que fuimos, en el plano artístico y cultural, e imaginar lo que seremos, más pronto que tarde. Tú y yo. Ustedes que nos leen y los que escribimos a este lado de la pantalla.

Hay un momento para explicar la tarea de los escritores y los cineastas, y sumarlo al de tantos otros creadores que nos hacen partícipes de sus obras. Entre todos, definen una sutil conexión que nos mantiene unidos desde hace… ¿cuánto tiempo ya?

Quién sabe si ese interés por la inteligencia y la pasión humanas, en su increíble diversidad, es lo que te trajo hasta aquí. Ahora ya lo sabes: si nosotros hacemos cada día Cualia, es porque tú sientes ese interés.

Quizá acabas de descubrir esta revista, buscando un dato que necesitas para la clase de mañana. O acaso usted ‒a quien le incomoda el tuteo‒ hace mucho que completó sus estudios, y nos sigue fielmente desde que algunos de los colaboradores de esta revista nos asomamos a Internet, allá por 2007.

¿Sabe lo que le digo? Queremos observar con usted ‒contigo‒ cada detalle del mundo que nos rodea. Queremos recorrer la historia y explorar las huellas más nobles que hemos dejado en el planeta: nuestro arte y nuestro legado humanístico.

El diálogo entre las distintas áreas de la cultura. A eso nos dedicamos en Cualia, una revista consagrada a la divulgación. Porque para entender la realidad ‒y sobre todo, para mejorarla‒, es necesario emprender un viaje hacia las fronteras del conocimiento.

Guzmán Urrero

Fundador y editor de Cualia.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.