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Por siempre Buster

Peter Bogdanovich es el autor de algunos filmes dignos de la admiración que suscribo junto a muchos más, como La última película (The Last Picture Show, 1971) y Luna de papel (Paper Moon, 1973). Ahora nos ofrece una película en que hace de todo menos dirigir: El gran Buster (The Great Buster: A Celebration, 2018). O, por lo contrario, que siempre es lo mismo pero oculto, porque vuelve a la gran actividad del director en la fundación del cine: el montaje en la mesa de moviola.

La empresa es excepcional y se justifica porque consiste en una suerte de ficción documental sobre uno de los cómicos más serios y canónicos del cine mudo: Buster Keaton. Actúan en ella desde Orson Welles hasta Quentin Tarantino. Desde luego, también Buster, joven, viejo, mudo, hablante, en blanco y negro y en colorines, y siempre Buster. Cabe señalar, entre otros méritos de la película, la recuperación en óptimas copias con velocidades ajustadas, de incontables filmes con el actor. Entre ellos, dos clásicos como El maquinista de la General (The General, 1927) y El héroe del río (Steamboat Bill, Jr., 1928).

Buster pasó al tópico por ser un cómico que nunca se reía, con su cara de palo hecha de rasgos verticales, su cuerpecillo descarnado y su mirada resignada y melancólica hasta volverse de ciertamente voluptuosa. Esta síntesis entre comicidad y seriedad me lleva a otra dupla romántica. En efecto, Buster se defiende de la sentimentalidad con la ironía y del cinismo con el sentimiento. Todo ello, con algunas de las cualidades esenciales del actor mudo: velocidad y flexibilidad, lo propio del mimo.

Además, junto con Harold Lloyd y Charles Chaplin, forja una especie de paradigma del hombre norteamericano, un solitario en medio de luna masa indiferente y cruel, al cual el destino somete a despiadadas pruebas que él supera sin ninguna preparación. Lo que Chaplin suele resolver como melodrama y Lloyd como pesadilla diurna, Buster lo culmina con un final feliz, renta que se obtiene del esfuerzo.

La sociedad es, según queda dicho, despiadada y cruel pero premia a quien la desafía y supera los ejercicios que lo identifican como el competidor ejemplar. No hay lluvia de piedras, terremoto, derrumbe, naufragio, incendio ni pelea que pueda con él y no ya gracias a la fácil musculatura acerada de Superman sino, al revés, con una herramienta corporal de pacotilla. Desde luego, hay en él una fe providencialista: si Dios me ha hecho como soy, también ha hecho el mundo a mi medida, una mesura oculta que yo debo explorar y hallar con mis cómicas hazañas. Hasta puedo ganar una batalla en la guerra civil a fuerza de afortunadas torpezas hasta que mi soledad acaba por la aparición de la mujer amada y sensible a la admiración. El Mindundi deviene héroe nacional.

El arte de Buster es, según cabe colegir, corporal. Es un manantial de gestos, ademanes y posiciones, saltos y golpes que lo aproximan al baile, una danza improvisada a partir de un manojo de facultades extraordinarias. Justamente es lo no ordinario lo que torna al Juan Pelanas en personaje heroico. No sólo por sus números de estrella danzante sino por algunos dúos de amor y erotismo sexual de talla memorable. Cito dos. Un hombre y una mujer navegan en un inmenso crucero en el cual son los únicos pasajeros, se buscan, se orientan y se pierden a través de la nave que se vuelve laberinto y no se encuentra. Otro: un hombre lleva en brazos a una mujer hacia una alcoba, pareciera que ambos alcoholizados. Él se anima y ella se adormece. El juego con la mujer en brazos y el hombre que intenta echarla sobre la cama sin conseguirlo pero abrazándola y recorriéndola con sus esfuerzos, es un encuentro erótico que no necesita de nada explícito. Es una viñeta desopilante y, a la vez, un dúo corporal con algo de paso a dos.

Para amantes del cine, este estupendo montaje de Bogdanovich con Buster Keaton como divo inopinado, vale de confirmado apólogo: nada sabe de cine quien no conoce los clásicos del cine mudo. Allí se aprendió a manejar esa velocidad de la fotografía móvil que baila sobre una música inaudita y que fue y sigue siendo el gran aporte del siglo XX a la familia de las artes humanas.

Sinopsis

La vida y obra de Buster Keaton, el gran artista de la era dorada del cine mudo en Hollywood junto con Charles Chaplin. La influencia de sus películas, como El maquinista de la General, El héroe del río o El moderno Sherlock Holmes, va mucho más allá de la comedia y se extiende por toda la historia del cine hasta la actualidad.

Mejor Película Documental en el Festival de Venecia. Escrita, dirigida y narrada por el dos veces nominado al Oscar Peter Bogdanovich (La última película), uno de los cineastas estadounidenses más destacados de su generación. Cinéfilo empedernido y estudioso de la historia del cine americano clásico, son imprescindibles sus libros-entrevista sobre John Ford, Orson Welles y Fritz Lang.

Intérpretes: Quentin Tarantino, Mel Brooks, Werner Herzog, Dick Cavett, Carl Reiner, Cybill Shepherd, Quentin Tarantino, Dick Van Dyke.

Copyright del imágenes y sinopsis © A Contracorriente Films. Reservados todos los derechos.

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Blas Matamoro

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista. Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de "La Opinión" y "La Razón" (Buenos Aires), "Cuadernos Noventa" (Barcelona) y "Vuelta" (México, bajo la dirección de Octavio Paz). Dirigió la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" entre 1996 y 2007, y entre otros muchos libros, es autor de "La ciudad del tango; tango histórico y sociedad" (1969), "Genio y figura de Victoria Ocampo" (1986), "Por el camino de Proust" (1988), "Puesto fronterizo" (2003), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)
En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por "Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina". (Fotografía publicada por cortesía de "Scherzo")