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«Mundos mágicos» (1911), de F.W. Mader

La ciencia-ficción va extendiéndose a otros países europeos, entre ellos Alemania. Aquí, Friedrich Mader imaginó una nave esférica, bautizada Sannah, que transportaba una tripulación hasta Marte para, a continuación, realizar el primer viaje –ida y vuelta– a la estrella más cercana, Alfa Centauro, a velocidad superior a la de la luz.

La tecnología de propulsión y la física espacial eran algo que superaba a los científicos de la época, no digamos ya a los escritores, por lo que la manera más sencilla de explicar la hazaña de la astronave era recurrir al viejo –e insatisfactorio– truco de la sustancia antigravitatoria.

En el curso de sus viajes y aventuras, estos astronautas pioneros encontrarán varias criaturas inteligentes, aunque el autor decidió evitar todo belicismo y violencia a costa de los alienígenas y plantear los encuentros como un acontecimiento amistoso.

Claramente influenciado por las novelas de Julio Verne (especialmente Hector Servadac) su carácter de clásico del género se lo debe no tanto a su estilo y argumento (sencillo, con diálogos rancios, historia lineal y sin matices) como por tratarse de la primera novela que planteaba viajes interestelares más allá del Sistema Solar, poniendo de paso el acento en la tecnología aeroespacial.

Imagen superior: DasWortgewand, Pixabay, CC.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".