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“Mi pistola es veloz” (1950), de Mickey Spillane

Aunque hoy en día la novela negra goce de prestigio entre la crítica, hubo un tiempo en el que no estaba tan bien vista. Se consideraba lectura de usar y tirar, y los escabrosos temas de los que trataba tampoco eran del agrado de los guardianes de la moral y el buen gusto.

También hay que reconocer que no todo el mundo era Dashiell Hammett o Raymond Chandler, y para dejarlo claro, en este punto siempre salen a colación las revistas pulp e, invariablemente, Mickey Spillane y su famoso personaje Mike Hammer.

Hammer es, ya casi de una manera oficial, el anti-Philip Marlowe. Sí, en las novelas de ambos personajes tenemos como protagonista a un detective privado sagaz y duro que narra sus aventuras en primera persona. Ambos detectives comparten época, y los casos podrían estar emparentados, pero si bien la prosa de Chandler se centra en los diálogos ingeniosos, la ironía y el cinismo, Spillane es directo, básico, malhablado y pueril.

Por su parte, Marlowe se mueve como pez en el agua en las altas esferas de la sociedad, mientras que Hammer se adentra en las cloacas tanto por negocios como por placer. Si Marlowe usa la retórica y el ingenio, Hammer echa mano de la amenaza y el mamporro.

Entonces, ¿por qué tendría que leer uno novelas de Mike Hammer? En su época podría pasar por héroe, pero ahora queda claro que es un psicótico violento, fascista, machista, déspota y bravucón –sus monólogos alardeando sobre la inmunidad que le da su, al parecer mágica, licencia de detective son bochornosos‒. Vamos, que se queda a un paso de nuestro castizo Torrente. Repito, ¿por qué leer esta basura?

Porque es basura escrita con oficio. Vale que sus tramas son más simples que las aventuras de Scooby Doo, y que la identidad de los culpables es evidente desde que aparecen, pero Spillane era un viejo zorro y sabía como llenar de ritmo endiablado sus narraciones. Además retrataba con mucho arte los bajos fondos y, admitámoslo, los numerosos estallidos de violencia de sus novelas tienen brío y resultan catárticos.

En Mi pistola es veloz, y dentro de las limitaciones de Hammer-Spillane, el detective además muestra cierto corazoncito y decencia, ya que su motivación es averiguar el nombre de una prostituta a la que conoció una noche –ni siquiera hablamos de un conocimiento “carnal”, sino de una amistosa charla-, y de paso vengar su asesinato. En un alarde de tolerancia, Hammer incluso tiene un momento para decirle a otra prostituta –de la cual se enamora, que no tiene por qué avergonzarse de su pasado. Bien es cierto que en otros momentos el muy cafre machaca a gente por error y sin pedir perdón, o pone a parir a gays y lesbianas, pero ya es mucho pedir que no lo haga (al fin y al cabo, hablamos de los años 50).

Aparte de estos placeres, culpables o legítimos, de leer un libro de Mike Hammer como este, también es interesante darse cuenta de que Spillane se adelantó un par de décadas a un fenómeno cinematográfico: la transformación del pistolero del Far West en vengador urbano contemporáneo.

Films tan dispares como Taxi DriverHarry el Fuerte o El Justiciero de la Ciudad nos hablaron de los “vigilantes”, esos tipos que se toman la justicia por su mano a tiro limpio, actuando al margen de la ley. En aquellas películas solía ser perceptible la sombra de Vietnam y sus efectos en una sociedad estadounidense más violenta que de costumbre. Curiosamente, en un pasaje de Mi pistola es veloz, a Mike Hammer le dejan inconsciente de un golpe, lo que le provoca un “flashback” relativo al frente del Pacífico en su delirio. Con este pequeño detalle, y sin indagar más, Spillane parece decirnos “por lo bajini” que su creación más popular es, en realidad, un psicótico afectado de trastorno por estrés postraumático.

Aunque esto es buscarle tres pies al gato, ya que estas novelas se hacían exclusivamente por entretenimiento, y cumplen su objetivo plenamente. Se escribían para Joe o Bob, gente de a pie que mataba el tiempo leyendo estas historietas; taxistas, currantes de camino al tajo o quiosqueros, por lo cual se hablaba en su propio idioma y sin pretensiones de sofisticación.

Ya lo decía el propio Spillane sin un asomo de vergüenza en sus palabras: “Los autores quieren su nombre escrito en la historia; yo quiero mantener la chimenea encendida”.

Sinopsis

Una noche el detective Mike Hammer hace una parada en un bar. Allí encuentra una provocativa pelirroja, solitaria, sin mucha clientela ni suerte en la vida. Ambos entablan una amistosa conversación que acaba con un comentario del detective a la joven: todo le iría mejor si cambiara de trabajo. Sin embargo, ella apenas tiene tiempo de seguir su consejo porque al día siguiente muere atropellada por un coche que se da a la fuga. Aunque la policía cree que se trata de un simple accidente de tráfico, Mike Hammer sospecha que hay algo que no cuadra. El deseo de dar sentido a la muerte de la joven le lleva a sumergirse poco a poco en un mundo sórdido y violento.

El rudo y curtido Mike Hammer, indiscutiblemente uno de los detectives más famosos del género negro, es el protagonista absoluto de Mi pistola es veloz. En esta exitosa novela aparecida por primera vez en 1950, Mickey Spillane plasma como nadie los bajos fondos de Nueva York, dota a la trama de un ritmo vertiginoso y sigue dando vida a un personaje icónico de la cultura americana.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).