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Los silencios incómodos de OSS 117

Conversación entre el jefe del Servicio Secreto Francés y el agente OSS 117:

«–(Este ex nazi refugiado en Río) ha decidido chantajear a Francia.

–¿Tenemos que detenerle?

–No. Tenemos que pagarle.

–Vaya, qué cosas.

–Posee un microfilm con una lista de franceses que colaboraron con el régimen nazi».

Pese a que ambas películas se estrenaron en España, no ha sido hasta este verano que tuve conocimiento de la existencia de OSS 117: El Cairo, nido de espías (2006) y su aún mejor secuela OSS 117: Perdido en Río (2009)… Dirigidas con primor por Michel Hazanavicius, ha sido siguiendo el hilo de su nominación a la Palma de Oro de Cannes por su décimo filme, El artista (su actor fetiche sí ganó el Premio al Mejor Actor), que llegué a saber de estas dos obras maestras del cine paródico.

Sí estaba al tanto de la existencia literaria del agente espía francés Hubert Bonisseur aka OSS 117, creado por Jean Bruce cuatro años antes de que Ian Fleming se inventara a 007, pero no he leído ninguna de sus novelas (de niño me quedé en Jerry Cotton…) ni visto ninguna de sus adaptaciones “serias” a la gran pantalla.

OSS 117 es un dechado de machismo, xenofobia y cerrilidad. Esas cualidades que probablemente ya detentaba su encarnación original (no en vano, James Bond también hacía gala, en mayor o menor grado, de todas ellas) son a buen seguro el motivo por el que, con la perspectiva socarrona que proporciona el tiempo, el dúo Hazanavicius & Dujardin haya decidido radicalizar el tono del personaje para que contrastara con nuestra mirada amable de ciudadanos del Siglo XXI. La fórmula funciona, especialmente en la segunda parte, ambientada en los años 60 en pleno bullicio hippie: ahí el garrulo de OSS 117 todavía destaca más.

Cualquier fan de las novelas de Fleming o las pelis de Bond va a disfrutar como un enano viendo estos dos filmes: el secreto está no solamente en que resultan divertidos hasta la histeria (he llorado de risa varias veces durante su visionado, que reiteraré en un futuro próximo), sino porque además ambas están soberbiamente realizadas: su director las ha concebido como ejercicios retro (una situada en los años 50, otra en los 60), con una dirección acorde con el cine espectáculo propio de cada década correspondiente. El resultado es apabullante: si no te ríes con los gags (¿pero cómo no reírse con el asesino asiático que, disfrazado de chófer, recibe a OSS 117 diciéndole: “Bienvenido a Río”; o cuando entre entre su jefe y él se establece un silencio incómodo que ni siquiera el “mejor agente francés del mundo” sabe cómo superar con éxito?), el placer de mirar y reconocer estilemas clásicos, muchas veces pervertidos adrede, es suficiente para colmar cualquier expectativa. A veces se unen las dos vertientes con resultados gloriosos: véase el gag de OSS 117 echándose a la cama con una fan suya, mientras la cámara se retira discretamente para dejar fuera de campo el fragor sexual… sólo para tener que volver apresuradamente hasta la mesita al chocar con un espejo donde se refleja el escarceo carnal de forma nada elegante.

Pero lo que me ha dejado anonadado es la dureza y contundencia de los chistes xenófobos: judíos y musulmanes son los que más reciben (con una desfachatez que hace mirar por encima del hombro a la espera de que nos salte encima algún censor “humanista”), pero los estadounidenses y los propios franceses (véase el gancho a la quijada colaboracionista en la cita inicial de este texto) no se salvan de la andanada, como es de esperar en una comedia inteligente. Ese punto de vista galo es además el que proporciona un aire novedoso a la revisitación de género: esta vez el ombliguismo no es yanqui, sino gabacho. Quizá ése sea precisamente también el motivo de la ausencia de éxito en España de estas dos películas, pero es lo que definitivamente las confiere de frescura y personalidad.

En ambas entregas hay  diálogos memorables a mansalva. Puede que mi favorito sea éste:

“–Agente Koulechov: (Los hippies) quieren cambiar el mundo.

–Agente OSS 117: ¿Cambiar el mundo? ¡Qué idea más rara! El mundo está bien, ¿por qué cambiarlo?

–Agente Koulechov: Por ejemplo, predican hacer el amor, no la guerra.

–Agente OSS 117: Pero una cosa no quita la otra. Yo siempre he hecho ambas cosas y hasta ahora no he tenido ninguna queja.”

Mención aparte merece Jean Dujardin: su talento para representar la ególatra estultez de OSS 117 es fabuloso, pero además agrega esa candidez convencida que es la que consigue que, pese a todo, el descarado fanfarrón nos caiga bien. Poseedor de un notable juego de cejas, Dujardin mata accidentalmente y provoca que sus colores nacionales sean aborrecidos allá donde va… pero aun así, uno desea que salga con fortuna de todos sus líos.

Afortunadamente más cercanas de 07 con el 2 delante (aquella desternillante parodia de Bond centrada en el camarero español Jaime Bonet, fruto de la alianza de talentos de Ignacio F. Iquino, Armand Matias Guiu y Cassen, ahí es nada) que de Austin Powers, estas dos películas maravillarán a todo fan genuino de Bond & C.I.A. que tenga sentido del humor…

No veo el momento de volver a verlas.

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Previamente publicado en Comicsario, un blog para la fenecida editorial Glénat España. Reservados todos los derechos.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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