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«Las alucinantes aventuras de Bill y Ted» (1989), de Stephen Herek

Bill Preston (Alex Winter) y Ted Logan (Keanu Reeves) son dos buenos amigos cuya falta de talento no les impide soñar con convertirse en músicos de heavy metal. Su nulo rendimiento estudiantil les va a merecer una expulsión de la escuela a menos que consigan aprobar un examen de historia.

La noche anterior a la prueba reciben la visita de Rufus, un misterioso individuo que proviene de un futuro utópico en el que la música de Bill y Ted ha sido adoptada como una especie de guía espiritual. La misión de este viajero temporal consiste en dejarles una máquina del tiempo en forma de cabina de teléfono para que puedan retroceder en el tiempo y reunir varios personajes históricos relevantes que les permita superar con éxito el examen.

La película tiene pocas virtudes. Una de ellas es que no engaña. Está claramente dirigida a un público adolescente con pocas luces y un sentido de humor cutre. Comedia enloquecida, sus logros puntuales están ocultos por unos diálogos y un desarrollo incoherente y cargante. Cuando los protagonistas consiguen recolectar a los personajes históricos y transportarlos a la California de finales de los ochenta del siglo XX, aquéllos acaban metidos en extravagantes irreverentes situaciones no carentes de humor absurdo: Juana de Arco dirigiendo una clase de aerobic, Napoleón descubriendo lo que es un helado en un típico establecimiento para adolescentes o Beethoven admitiendo que «Slippery When Wet» de Bon Jovi es una de sus piezas favoritas. Cuando un policía pregunta a Sigmund Freud «¿Por qué está usted tan seguro de que es Freud?», éste le contesta con naturalidad: «¿Y por qué está usted tan seguro de que no lo soy?». La perla final, claro, es cuando los memos protagonistas descubren que su música creará en el futuro una filosofía que contribuirá a unir a la humanidad, los animales y varios cientos de otras formas de vida del Universo.

Alex Winter y Keanu Reeves cumplen perfectamente su papel de atontados adolescentes con problemas familiares y sin el más mínimo interés académico. En particular, la película sirvió como trampolín a Keanu Reeves, que protagonizaría en el futuro otras películas de ciencia-ficción más serias y destacables, si bien no puedo decir que su calidad interpretativa mejore respecto a esta.

Las alucinantes aventuras de Bill y Ted formó parte de la ola de películas que, a mediados de los ochenta y a la sombra del éxito de Regreso al futuro (1985), mezclaban el viaje en el tiempo y las referencias a la cultura popular en una trama en la que las costumbres y gustos adolescentes contemporáneos conquistaban y relajaban las estrictas reglas sociales de tiempos pasados

La película obtuvo tanto éxito que en 1991 se rodó una secuela, El viaje alucinante de Bill y Ted, seguida por dos series de televisión, una de animación (Bill and Ted’s Excellent Adventures, 1990) y otra (con el mismo título, 1992) de acción real particularmente horrible, en la que el dúo de actores original era sustituido por Christopher Kennedy y Evan Richards.

Marvel Comics editó una colección (Bill and Ted’s Excellent Comic Book) e incluso se comercializaron varios videojuegos basados en los personajes. Últimamente se amenazaba con producir una secuela o remake.

Copyright del texto © Manuel Rodríguez Yagüe. Sus artículos aparecieron previamente en Un universo de viñetas y en Un universo de ciencia-ficción, y se publican en Cualia.es con permiso del autor. Manuel también colabora en el podcast Los Retronautas. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".