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La vida secreta de las palabras: «Búfalo»

La taxonomía que es propia de paleontólogos y biólogos nos sirve hoy para explorar el origen y difusión de la palabra búfalo, aplicada en castellano a un amplio grupo de bóvidos que habita en Asia (los búfalos de agua, en todas sus variedades) y en África (el llamado búfalo cafre).

Si bien reciben ocasionalmente tal nombre, hemos de clasificar en un grupo aparte a los miembros de esta familia que pueblan las llanuras y frondas de Norteamérica y Centroeuropa, pues aunque muchos hablantes insisten en llamarlos búfalos, sus nombres correctos son, respectivamente, bisonte americano y bisonte europeo. De este último, por cierto, hay magníficas imágenes en las cuevas de Altamira.

Atento al caso, Antonio de Nebrija, en su Vocabulario español-latino (Salamanca, 1495[?]; ed. facsímil publicada por la Real Academia Española, 1951) ya identifica con claridad la voz latina que origina este vocablo, y que no es otra que bubalus. Varios siglos después, hallamos una definición de la Real Academia Española, publicada en su Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua (Madrid, Imprenta de Francisco del Hierro, 1726).

Dice así: «Especie de buey, animal que de África pasó a Italia, y hoy los hay en Aranjuez. Es de color negro, o bermejo; tiene los pelos muy ralos, la cabeza muy fuerte, y los cuernos al revés de los bueyes, la cola corta; y aunque parece pesado, irritado es velocísimo. Es muy difícil de domar, y para lograrlo, y servirse de él como buey, le ponen en las narices un anillo de hierro, con que le sujetan y gobiernan. Es voz tomada del Toscano».

Resaltando ese linaje de la palabra, este diccionario lleva una cuenta de los rebaños de búfalos que ocupaban por esas fechas los humedales toscanos, y que aún hoy componen su ganadería más característica. Incluye asimismo una cita que, sin variarla un ápice, repite Aniceto de Pagés en el Gran diccionario de la lengua castellana, autorizado con ejemplos de buenos escritores antiguos y modernos (Madrid, Sucesores de Rivanedeyra, 1902). Se debe a Castillo Solórzano:

«Así en víctimas te ofrezcan
Elefantes, toros, osas,
Abadas, búfalos, bueyes
De armazones poderosas».

Hablábamos antes del fiero bisonte —del latín, bison—, y viene al caso mencionar lo que sobre él comenta Sebastián de Covarrubias en el Tesoro de la lengua castellana o española (Madrid, Luis Sánchez, 1611). De acuerdo con la descripción de Pausanias, este bisonte de la selva germana «es un animal feroz, de una crin muy larga, y en todo lo demás es semejante al ciervo, y tiene en medio de la frente un cuerno. Entre las demás bestias salvajes, que se traían a Roma para lidiar con ellas […] no se contentaban los romanos con lidiar estas bestias fieras, sino que también las domaban y hacían que consintiesen el yugo y la carga».

Aparte del error que identifica al buey salvaje con una suerte de unicornio, nada tenemos que añadir a una imagen tan sugestiva. Pagés también describe al bisonte que pasta del otro lado del Atlántico: «Cuadrúpedo rumiante, propio de la América septentrional, del tamaño y figura de un buey, pero con los cuernos más abiertos, el cerviguillo cubierto de pelo muy largo y erizado, y el lomo arqueado o con una jiba en medio».

Henry Yule y Arthur C. Burnell en su Hobson-Jobson. The Anglo-Indian Dictionary (1886; reeditado en 1996 por Wordsworth Editions Ltd. a partir de la versión de 1902) subrayan en el origen de todo este festín etimológico la voz latina bubalus, de la que hacen derivar tres formas del inglés antiguo —bufflebuff bugle—, no sin antes especular acerca de una estación de paso previa a su entrada en la lengua inglesa: la que lleva desde el Indostán hasta la Francia de los normandos.

Imagen superior: Pixabay.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, con el seudónimo «Arturo Montenegro», en el Centro Virtual Cervantes, portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.