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El tiempo en que nos creíamos inmortales

«Siempre que encuentro alguien más o menos de mi edad, de gustos teóricos o éticos semejantes a los míos, alguien, en suma, que entiende la vida como yo (es decir, que no la entiende en absoluto), no tengo que bucear mucho tiempo en lo más íntimo y congenial de sus recuerdos para que aparezca, nimbado de gloria, Guillermo Brown.»

Imagen superior: ilustración de Thomas Henry para uno de los libros de la serie de Guillermo, obra de Richmal Crompton.

Así comenzaba Fernando Savater uno de los capítulos de su libro La infancia recuperada, publicado en 1975. El ensayo habla de los libros de su niñez, los libros de un niño en la España en la década de 1950. Tengo muy presentes mis propias lecturas a fines de esa década. Tarzán fue una de ellas, en los volúmenes que habían sido editados por Gustavo Gili a partir de 1926.

Imagen superior: «El regreso de Tarzán», publicado en 1926, trece años después del lanzamiento del texto original de Edgar Rice Burroughs. Emilio M. Martínez Amador fue el encargado de la traducción.

No puedo olvidar a Emilio Salgari, que fue publicado en España por la Editorial Calleja con unas portadas tan fascinantes como los títulos de las novelas: El capitán TormentaEl León de DamascoEl Corsario NegroLos cazadores de cabezasEl rey de la pradera y tantos otros.

Imagen superior: los dos tomos de «El rey de la pradera», publicados por Saturnino Calleja [ca. 1910], con cubiertas ilustradas por Rafael de Penagos.

Last but not least, me tengo que referir a La isla del tesoro, de Stevenson. Una auténtica historia de piratas del Caribe por la que transita su protagonista, el joven Jim Hawkins, aprendiendo a enfrentarse a Long John Silver en una relación muy compleja. Un relato redondo: ¡quién da más por 200 páginas!.

Imagen superior: ilustración de N.C. Wyeth para la edición de «La isla del tesoro» realizada por el sello Charles Scribner’s Sons en 1911.

Los desiertos, las estepas y las selvas terminaban siendo tan familiares como el inconcebible pueblo inglés de Guillermo Brown. La infancia es el lugar en que se construye la sensibilidad, la forma de ver el mundo; donde se aprenden los símbolos y el lenguaje, y como dice Savater, la ética. Y además, por supuesto, la geografía: el lago de Maracaibo, el Africa ecuatorial, las islas de la Sonda…

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Joaquín Sanz Gavín

Joaquín Sanz Gavín

Contable y licenciado en Derecho.