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«El libro de Hiperbórea», de Clark Ashton Smith

«Releyendo estas narraciones muchos años después, descubro la razón por la que han estado conmigo durante tanto tiempo: poseen, ante todo, una convicción sensual. (…) Clark Ashton Smith raramente se ha desviado de esta primera ley de todo escritor. Cruce el umbral de sus historias, y se zambullirá en el color, el sonido, el sabor, el olor y la textura del lenguaje».

Casi treinta años nos separan desde que Ray Bradbury escribió estas líneas. Desterrado al limbo de los autores que cultivaron la pulp fiction durante el primer tercio del siglo XX, Smith no ha conseguido escapar de ese embalsamamiento que, a cierto nivel académico, aún padece la literatura popular. Y sin embargo, como reivindica Bradbury, nos hallamos ante un poeta y narrador excepcional, cuyo prestigio, más allá de la imaginación delirante y seductora de sus tramas, ha de fundarse en la calidad y el colorido de su prosa.

Junto a H.P. Lovecraft y Robert E. Howard, el misterioso Smith (1893–1961) es el autor de algunas de las propuestas más ejemplares e influyentes de esa narrativa fantástica que prosperó en las páginas de revistas como Weird Tales.

El magnífico volumen que motiva estas líneas reúne el llamado ciclo de Hiperbórea: una serie que, a lo largo de los años, ha conocido diversas fórmulas editoriales, no siempre fieles a lo que deseó su autor. Lin Carter, a quien los seguidores de Howard conocen bien, se ocupó de relanzar estos textos de Smith en su Hyperborea (Ballantine Books, 1971 / Edaf, 1978, trad. de Guadalupe Rubio de Urquía). Aquel libro salió a la venta por las mismas fechas en que una nueva generación se aficionaba al subgénero de la fantasía heroica, con el cimmerio Conan como personaje emblemático.

Esta asociación con Howard puede resultar hoy equívoca, dado que Smith explora un universo poético y legendario emparentado en primer término con Lord Dunsany, y en determinados aspectos temáticos con el propio Lovecraft, de cuyo círculo formó parte. No en vano, ese horror cósmico que viene a caracterizar a los mitos de Cthulhu también está presente en buena parte de sus creaciones, ambientadas en épocas pretéritas, dominadas por poderes sobrenaturales y repletas de maravillas inefables y sobrecogedoras.

La escenografía romántica de estos relatos –un fértil continente prehistórico en el que se alzan ciudades de mármol y granito– acentúa el encanto de una era antiquísima que encuentra en Smith su más inspirado cronista.

Para quienes descubrimos a este escritor en recopilaciones como Zothique (Edaf 1990) o Los mundos perdidos (Edaf, 1991), fue una noticia feliz el lanzamiento de una edición crítica de El libro de Hiperbórea (Cátedra, 2015), al cuidado de Luis Gámez. La traducción de Gámez es excelente, y transmite a la perfección el secreto terror, la ironía, la zozobra y la exuberancia decadente que caracterizan a Smith.

Dejo para el final otra influencia que se advierte en estos relatos. Hiperbórea, al igual que otros continentes perdidos como la Atlántida, Lemuria y Mu, forma parte del imaginario que cultivó la teosofía, ese movimiento gnóstico que promovió Helena Blavatsky a fines del XIX. El ocultismo teosófico, coloreado con viejas leyendas y oportunas mixtificaciones, sirve a Clark Ashton Smith para dar forma a ese mundo interglacial, que fue describiendo en sucesivas entregas entre noviembre de 1929 y abril de 1957.

Sinopsis

La Hiperbórea de Clark Ashton Smith es un continente primigenio, cuya concepción debe tanto a los antiguos griegos como a los escritos de Madame Blavatsky. El ciclo se desarrolla entre el Mioceno y el Pleistoceno y tiene como objetivo, en palabras del autor: «la creación de una atmósfera sobrenatural, extrahumana; los actor es reales son las terribles fuerzas arcanas, las esotéricas malignidades cósmicas». En los presentes relatos, Smith desgrana todas las facetas posibles de la vida desde una perspectiva fantástica y con una evidente comicidad: hechiceros en busca de conocimientos ocultos que solo el sacrificio a un dios monstruoso puede otorgar, prestamistas cuya codicia los empuja a las fauces de una muerte terrible, poetas enamorados de mujeres etéreas cuyo contacto puede ser letal, verdugos y fuerzas del orden impotentes ante el avance de un caos incomprensible o arrogantes nobles que reciben curas de humildad tan terribles como fútiles.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.