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«El elegido» («First Wave», 1998-2001), de Chris Brancato

A mediados de los noventa, American Zoetrope, la productora cinematográfica y televisiva de Francis Ford Coppola, se planteó la posibilidad de lanzar una nueva serie televisiva de acción. Para ello, contrataron al guionista Chris Brancato, que había comenzado su carrera como ayudante de producción para la serie antológica de terror de los ochenta Cuentos desde la oscuridad (Tales from the Darkside, 1983–1988) y escrito en 1998 la secuela de Species, una película de invasiones extraterrestres. Para su nuevo encargo, dijo haber buscado inspiración en dos clásicos televisivos de los sesenta: El fugitivo y La dimensión desconocida .

La pesadilla de Cade Foster comenzó cuando realizaba una presentación de sus productos en una sala de reuniones. A mitad de la misma, ve cómo, desde su maletín, le mira una horrible cabeza decapitada. Luego averigua que su tarjeta de crédito y fondos en el banco han desaparecido misteriosamente. Su jefe recibe un email anónimo desvelando su pasado como criminal: «Treinta y dos robos, tres atracos a bancos, falsificador experto, maestro del disfraz y considerado peligroso aun cuando no utilice armas». A raíz de esto, Foster es despedido inmediatamente.

Deprimido, llega a casa para encontrársela saqueada y a su mujer, Hannah, escondida en la bañera, aterrorizada. Foster se entera de que se ha convertido en el objetivo de unos extraterrestres, los Gua, cuya intención es apoderarse del mundo. Su objetivo son nuestros recursos naturales, y si su exploración preliminar concluye que la especie humana es suficientemente débil, será exterminada.

El ex ladrón encuentra un antiguo libro de profecías escritas en verso por el famoso ocultista Nostradamus en 1564, en las que se predicen la destrucción de la Tierra en tres etapas (de ahí el título, que se puede traducir como Primera Oleada): invasión secreta, actualmente en curso; ataque directo desde el cielo; y, finalmente, el Apocalipsis. Nostradamus sugería la intervención de un «hombre doblemente bendecido», el salvador destinado a detener la invasión.

Por si necesitaba más pruebas, cuando Foster hace el amor con su mujer, ésta se transforma en una criatura parecida a un calamar que trata de asfixiarlo con uno de sus tentáculos. Consigue escapar a duras penas y se entera de que la verdadera Hannah ha sido asesinada y se le busca a él como sospechoso del crimen. Foster se convierte así en un fugitivo de la policía que, además, debe encontrar a los alienígenas que se esconden entre nosotros y detener la invasión.

Al principio, muchos telespectadores y fans de la ciencia-ficción acogieron la nueva serie con escepticismo. Eran ya demasiadas las historias de invasiones extraterrestres que habían desfilado por la televisión como para ilusionarse ante la perspectiva de una más. Sin embargo, el planteamiento de Brancato consiguió ir reuniendo un creciente número de seguidores; y ello fue en parte gracias al protagonista, un individuo que asume su misión a regañadientes, lleno de frustración e ira.

A Brancato no le hacía mucha gracia que se comparara –inevitablemente– a su serie con otra de esquema muy similar: Los invasores (1967-1968). En ésta, el protagonista David Vincent (interpretado por Roy Thinnes), perdía a su novia, veía asesinado a su socio y su carrera profesional como arquitecto era reducida a cenizas por los malvados extraterrestres. Recorriendo el país de punta a punta, trataba de atrapar algún alien y demostrar así su existencia, algo que no era fácil porque, como en First Wave, los extraterrestres resplandecían y se desvanecían al morir. En ambos casos, los héroes titulares eran ayudados por su mejor amigo, que, también en ambos casos, resultaba ser un experto en ordenadores.

Desde luego, parecían demasiadas coincidencias como para ser casual. Pero aunque Los invasores había sido una serie muy popular en su momento para la ABC en su primera temporada (tuvo dos) y la influyente TV Guide proclamó a Vincent como uno de los héroes legendarios de la televisión, Brancato consideraba aquel programa como algo ya olvidado por el telespectador moderno y susceptible de ser revisado y actualizado, si bien esto último nunca lo admitió.

El actor protagonista de First Wave, Sebastian Spence, era (como lo fue David Vincent en su momento) un cruce entre James Dean y Clint Eastwood, con indudable atractivo pero, al principio, considerado excesivamente joven para el papel. De hecho, antes que a él se consideraron tres actores de más edad y experiencia. Nativo de la provincia canadiense de Terranova, la relación de Spence con el mundo interpretativo le viene de familia, pues su padre es un dramaturgo y su madre una actriz. Su primera película fue la secuela de un galardonado telefilme canadiense sobre abusos infantiles, Los niños de San Vicente (1992), en el que interpretaba a un joven atormentado por los recuerdos de la violencia sufrida en el orfanato. Quizá ese papel o lo que aprendió de él influyera en la decisión final de los productores de First Wave a la hora de escogerle para encarnar un personaje angustiado y abrumado por lo experimentado en su reciente pasado y por la misión que tenía por delante. Hubo quien criticó a Spence por interpretar el papel de Cade Foster con excesiva seriedad. Pero seamos sinceros y pongámonos en su lugar. Si fuéramos unos vendedores con una existencia normal y nuestra vida hubiera sido destrozada por extraterrestres, ¿nos quedarían muchas ganas para bromear?

El compañero de Foster, «Crazy» Eddie Nambulous, era un solitario que vivía en una caravana y publicaba un boletín digital antigubernamental titulado The Paranoid Times. A Eddie le cuesta inicialmente confiar en Cade y prefiere quedarse con su adictivo estilo de vida basado en las Pepsi, las patatas fritas y los tacos mexicanos. El actor Rob LaBelle, con su aspecto desaseado, actitud quejumbrosa y voz siempre afectada por un perpetuo sentimiento de miedo, realizó una ajustada interpretación. A diferencia de Cade, que se enfrentaba a los aliens de frente, Eddie reaccionaba como lo harían la mayoría de los espectadores: aterrorizándose. Fue reuniendo coraje conforme la serie avanzaba aunque no sería hasta la segunda temporada que comenzó a participar directamente en la acción.

Eddie era un individuo completamente quemado por tres fracasos matrimoniales y un sentimiento paranoico de que alguien intentaba manipularle la mente. Se había refugiado en el ciberespacio para cultivar sus fantasías, pero esencialmente era un buen tipo que quería hacer justicia. Es por ello que termina sintiendo un gran respeto por Cade, a quien no sólo considera el único que puede salvar al mundo sino que a un nivel inconsciente entiende que gracias a él su vida vuelve a tener un propósito. Y aunque el temperamento de ambos es muy diferente (Cade es más impulsivo mientras que Eddie prefiere la cautela) y discuten a menudo, ambos siente un gran respeto mutuo.

First Wave puso un gran énfasis en llegar a la franja demográfica de los espectadores comprendida entre los 18 y 34 años. Brancato definió a su propia creación como «ciencia-ficción sexy», y la mayoría de los episodios incluían alguna mujer escasamente vestida. La idea subyacente era que, dado que las personas atractivas tienen más éxito, son más influyentes y más capaces de manipular al prójimo, las adversarias femeninas de Foster habrían de asemejarse a modelos de Playboy. Un cínico puede rechinar los dientes ante tan burda premeditación, pero lo cierto es que TV Guide le dedicó al programa palabras como: «tiene algo para todo el mundo. A los aficionados les encantará First Wave«.

De todas formas, Brancato trató de satisfacer a todos los espectadores e intercambiaba regularmente información, ideas y mensajes con los fans a través de los foros de Internet. Era la manera de ir ajustando la serie a los deseos de los aficionados. Así, cuando las opiniones respecto al personaje del coronel Grace (la mujer de mediana edad encargada de perseguir a Cade) no fueron favorables, los productores la quitaron de en medio abruptamente a mitad de la primera temporada.

Cade Foster pronto averiguaba que había sido uno de los 117 sujetos sometidos a pruebas y tests por parte de los alienígenas con el fin de determinar sus fortalezas mentales y físicas. Todos murieron excepto él. Los extraterrestres le devolvieron a la sociedad con todos los recuerdos referentes a ese suceso borrados. A continuación, sabiendo que Foster sí sería capaz de frustrar sus planes de invasión, procedieron a arruinarle la vida.

La publicidad inicial de la serie presentaba a Foster como una mezcla del Bruce Willis de Luz de luna y el Robert Redford de El golpe . Pero la guerra encubierta contra los aliens acabó pasando factura en la simpatía natural de Foster, un cambio que a Spence, como hemos dicho más arriba, le vino bien a la vista de su experiencia interpretativa previa.

En la primera temporada Foster descubrió criaturas acuáticas humanoides criadas en una granja, una portal a otra dimensión, superhombres creados a base de mutaciones en su ADN e incluso una banda de rock cuya música instigaba comportamientos violentos. Pero cualquier prueba de intervención alienígena siempre desaparecía convenientemente para ellos –y para los guionistas de la serie, que así podían alargar el esquema ad infinitum–. Pero al menos Foster pudo aprender más sobre sus adversarios, los Gua, provenientes de una galaxia llamada ABell 2029, a mil millones de años luz de la Tierra. Su auténtico aspecto recordaba a una mezcla de calamar y cocodrilo.

Foster también encontró a Joshua (Roger R.Cross), un alienígena que había adoptado la forma de un hombre negro y que se oponía a los planes de invasión de sus congéneres. Ambos, si no a confiar en el otro, sí aprendieron a respetarse, pero lo más importante es que este descubrimiento hizo que Foster albergara la esperanza de encontrar más aliados entre las filas enemigas.

En el último episodio de la primera temporada, Joshua se opone ante los suyos a un ataque sobre la Tierra defendiendo el valor de la especie humana, mientras que Maya, la impactante líder Gua, presiona para que aquél se lleve a cabo. La historia se deja en suspenso cuando los extraterrestres preparan para votar y, con ello, decidir el destino del planeta.

Rodada en Vancouver, Canadá, por motivos presupuestarios y fiscales, First Wave fue, sobre todo, un drama y un thriller más que un show de efectos especiales y elaborados maquillajes. Ello hacía que el trabajo de los actores tuviera una mayor relevancia en el resultado final. Pero la crítica no se sintió suficientemente impresionada por ellos. Reprocharon sus ramalazos cursis, la falta de atractivo y energía de su protagonista principal y la falta de agilidad con que se desarrollaban unos argumentos que, demasiado a menudo, caían en la reiteración. La opinión general era que, pese a ser entretenida y tener cierto potencial, no se trataba ni mucho menos de una serie que pudiera compararse a, por ejemplo, Expediente X, otro programa relacionado con las conspiraciones y el mundo oculto tras la realidad aparente.

A pesar de su discretos éxito y resultados artísticos, Sci–Fi Channel, la cadena que había comprado la serie, optó por renovarla otra temporada. Uno podría preguntarse por los motivos que llevaron a tal decisión habida cuenta de que la televisión norteamericana suele ser implacable con las cifras de audiencia, especialmente en las primeras temporadas, ya que se asume que éstas nunca suelen mejorar en años subsiguientes. Puede que confiaran en el potencial del show y el nombre de Francis Ford Coppola, que aparecía como productor ejecutivo; o puede que, simplemente, se debiera a motivos contractuales: en una decisión muy poco habitual en ese medio, Sci–Fi Channel había contratado inicialmente la nada despreciable cifra de 66 episodios, por lo que, probablemente, no tuviera más remedio que comprarlos y emitirlos todos.

Mientras tanto, se corrió el rumor de que Spence no estaría disponible para la segunda temporada. Las exigencias físicas del guión –correr, luchar y recibir palizas por parte de aliens más fuertes que su protagonista – habían agravado una vieja dolencia de su espalda hasta tal punto que hubo de someterse a cirugía. A ello se añadió la organización de un casting para un nuevo personaje.

Al final, esto último resultó obedecer solamente, según la productora, a requerimientos de la compañía aseguradora en caso de que el actor no se recuperara lo suficiente como para encarnar a Foster una segunda temporada. Pero los pronósticos más pesimistas no se cumplieron y cuando se retomó First Wave en septiembre de 1999, Spence estaba allí para continuar su caza.

En la segunda temporada se revelaba que Joshua consiguió finalmente impedir la invasión mientras Foster continuaba su periplo por todo el país intentando encontrar al alien que mató a su mujer y reunir pruebas de la existencia de los extraterrestres. Sin embargo, todas los trances por los que se veía obligado a pasar lo iban distanciando más y más de su humanidad original, convirtiéndose en un ser agresivo y amargado. Angustiado por su conocimiento de lo que estaba por venir, su alma se fue oscureciendo y llegó a estar dispuesto a morir con tal de acabar con los extraterrestres. En este segundo año Foster se enfrentaba una mujer alienígena en una isla desierta, unía fuerzas con un periodista para destapar la amenaza, se encontraba idolatrado por un grupo de motoristas que habían estado luchando por su cuenta contra los extraterrestres y descubría todo un equipo de rugby controlado por una belleza alien.

El episodio Los creyentes cerraba la segunda temporada y en él Foster y Eddie ocupaban una emisora de televisión para alertar a sus 200 millones de espectadores sobre la existencia de los alienígenas. «Estoy haciendo esto porque no tengo más opciones», afirma Foster, pero Eddie no lo tiene tan claro y está aterrorizado. «Lo siento en los huesos, Cade. Hoy es el día que moriremos». Tuvo razón a medias. El final nos mostraba a Foster víctima de un disparo en directo por un francotirador. La cámara retrocede desde el cuerpo de Cade, con sus ojos abiertos mirando hacia lo alto mientras un charco de sangre se va formando tras su cabeza. Vemos al tirador recogiendo su fusil. Es Eddie.

En el episodio inaugural de la tercera temporada, Mabus, Eddie explicaba lo que había sucedido. Quien murió fue en realidad un clon de Foster creado por los aliens para albergar a su líder, Mabus. Pero Cade y Eddie robaron la copia y consiguieron ponerlo frente a las cámaras de televisión para matarlo, fabricando un mártir para su causa y engañando de paso a la policía al hacerles que era el verdadero Foster el asesinado.

A pesar del entusiasmo del reparto, el personal técnico y de producción, First Wave siguió sin conseguir despertar el interés de los espectadores y la crítica. En un intento final –y desesperado– por anular esa apatía, se presentó el tercer año el personaje de Jordan Radcliffe, interpretado por la antigua actriz porno Traci Elizabeth Lords.

Jordan, líder de un grupo de combatientes clandestino, La Nación del Cuervo, y en busca de su propia venganza por el asesinato a manos de los aliens de sus padres y hermano. Fue una incorporación que no gustó a todo el mundo, incluido algunos miembros del reparto. Respondía a una evidente y torpe maniobra de marketing con la cual se pretendía atraer a un tipo diferente de espectador, pero lo que en realidad se debería haber hecho es prestar más atención a los argumentos individuales y la trama general que los unía.

Los soldados de Jordan consideran a Cade un héroe, pero las personalidades de ambos chocan a menudo. Cuando ella mata a sangre fría a un prisionero Gua, Cade protesta y ella salta: «¿Ama a tu enemigo? ¡A la mierda!». Por supuesto, hay tensión sexual entre ellos, pero nunca llega a consumarse. La Nación del Cuervo es exterminada más adelante por los extraterrestres, dejando sólo a Cade, Eddie, Jordan y Joshua para continuar la guerra secreta.

A medida que la serie avanzó, mejoraron la fotografía y la edición, y se presentaron historias más atrevidas, como Terminal City, en la que Cade viaja al año 2009 para encontrarse una versión cínica y derrotada de sí mismo al no haber podido impedir la invasión. Bracato quería plantear una cuarta temporada en la que el enfrentamiento con los Gua sería ya abierto y feroz, pero el programa, una vez emitidos los episodios comprometidos inicialmente, fue cancelado por Sci–Fi Channel.

No obstante, no ocurrió como con tantas series que dejan a sus espectadores perpetuamente huérfanos de un final para el programa que han seguido fielmente. Las noticias de la cancelación llegaron a tiempo para que Brancato y el equipo técnico pudieran rodar un final. Así, en el último episodio, Doblemente bendecido, emitido en febrero de 2001, los cuatro protagonistas conseguían matar a Mabus y destruir las fuerzas alienígenas preparadas para la invasión. Fue un final apresurado, improvisado y poco satisfactorio, pero final al fin y al cabo.

First Wave tuvo el valor de poner a los actores y la historia por delante de la mera espectacularidad. El resultado no fue especialmente notable en buena medida debido a que los distintos guionistas que intervinieron en ella se dedicaron a alterar de forma drástica las bases argumentales construidas tras ellos. Aunque a Brancato no le guste que se lo mencionen, lo cierto es que la serie bebía mucho de la ya mencionada Los Invasores, que en su momento fue mucho más innovadora tanto en sus atrevidas propuestas (para la televisión de la época) como en su estética tendente a lo siniestro. First Wave no supo ser ni tan original ni tan atrevida y por eso hoy es una serie mayormente olvidada a pesar de no haber transcurrido muchos años desde su estreno.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".